Nos jodió Unamuno con su “¡Que inventen ellos!”

Miguel de Unamuno

Miguel de Unamuno

Cuando se recorta la inversión (inversión, no confundir con gasto) en investigación, cuando nuestros talentos tienen que migrar, cuando en definitiva decimos aquello tan unamuniano de “que inventen ellos” estamos condenando a nuestros descendientes al pago eterno por el conocimiento ajeno.

 Pero empecemos por el principio: ¿Qué es eso del conocimiento? Según la RAE conocer es “averiguar por el ejercicio de las facultades intelectuales la naturaleza, cualidades y relaciones de las cosas.” El conocimiento como bien económico y social se crea mediante el proceso humano que transforma una creencia en certeza verificable.
De aquí ya podemos deducir que no es estático (hay que investigar), se requieren investigadores con formación y talento (lo crean las personas mediante su trabajo), requiere tiempo(es un proceso), no es una creencia (no confundamos “creo que…” con “sé que…”, las creencias tienen un elevado riesgo en economía), el resultado final debe ser verificable empíricamente (si no se puede replicar y aplicar, podrá ser una teoría o una hipótesis, pero no es conocimiento).

En este entorno, el conocimiento es un bien y es el motor que impulsa el cambio de modelo económico y social desde 1992.
Veamos cómo funciona a nivel empresarial: supongamos una empresa innovadora que descubre un producto revolucionario (killer application) al que llaman Innovador Baladre Sónico (iBS). El producto triunfa internacionalmente y la empresa se instala en otros países. El dinero con el que los consumidores pagan el iBS se genera en el país de compra, pero una parte importante se transfiere al país donde fue diseñado el producto. De los beneficios, la empresa local resta los derechos de autor (regalías o royalties) que paga a la casa matriz del iBS y deduce fiscalmente como costes, y abona los correspondientes impuestos por la diferencia (que procurará que sea lo más pequeña posible).  Por tanto:
  • Para el país que no inventó: gastan (gastan, no confundir con una inversión) dinero en pagar un bien a una empresa que satisfará sus impuestos en otro lugar. Hay una trasferencia monetaria directa a otro país y una escasa redistribución fiscal de la riqueza local. En el mejor de los casos, se habrán generado algunos puestos de trabajo, generalmente poco cualificados (que no siendo poco, podría ser mucho más).
  •  Para el país que inventó: recibe dinero procedente de otras naciones, que una vez amortizada la investigación se convierten en beneficios netos que pagan impuestos y se distribuyen fiscalmente a sus ciudadanos en forma de servicios del estado. Todo ello sin contar los puestos de trabajos cualificados que se crean (diseño, dirección empresarial, marketing, gestión, etc.), más los no cualificados si además se produce localmente.

 Si cada vez que compráis un bien comprobáis, no donde se ha fabricado que al fin de cuentas es competencia por precio, sino donde se ha diseñado el producto y todo el proceso de producción y distribución globales, entenderéis el flujo de dinero que amablemente estamos enviando al extranjero. Porque han inventado ellos.

Quedan muchas cosas pendientes de comentar (sociedad del conocimiento, impacto del marketing 2.0, la relación coste/beneficio de la investigación, el valor económico del talento,…) pero por hoy me limitaré a indicar donde se sitúa España en cuanto a inversión en investigación como porcentaje del PIB:
  • El año de máxima inversión en España fue el 2010 con el 1,39% del PIB. Disminuyó en el 2011 hasta el 1,33% y ha sido de nuevo recortado en 2012. De los países de nuestro entorno directo sólo Italia invierte algo menos.
  • En 2011 incluso países rescatados como Portugal (1,50%) e Irlanda (1,72%) apostaron más por la investigación tras el rescate. Portugal se ha esforzado desde el 1,17% en 2007 e Irlanda ha incrementado su inversión en i+D+I desde el 1,25% del 2006.
  •  La media de inversión de los países de la Europa de 27 fue en 2011 el 2,03% del PIB de cada país, lo que nos deja aún más lejos de países europeos como Suecia, Finlandia, Dinamarca e Islandia que invierten por encima del 3%. Es un nivel similar al de otras naciones punteras en tecnología como Japón (3,36%) o Corea del Norte (4%).

Resumiendo, los gobiernos conservadores tradicionalmente han tomado la decisión de convertir a España en un país competitivo abaratando el coste de su mano de obra, renunciando a incentivar la mejora de su competitividad mediante calidad e innovación. Esto significa que cuando salgamos del túnel seremos, en el mejor de los casos, un país mediocre que ha expulsado a las personas que pudieron liderar el cambio (Ah, ¡esa tendencia a estar siempre más cerca de África que de Europa!).

Que inventen ellos, que nosotros ya les pagaremos por eso, y por otras cosas.
Saludos.
Notas:
Como siempre, cuando no se menciona la fuente de un dato, esta es EUROSTAT.
Para quienes deseen entender mejor lo que representa en economía la apuesta por las creencias, recomiendo visionar el documental “La doctrina del Shock”.
Muy recomendable también este vídeo de la Plataforma de Investigadores de la UCM

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