Lo que se calla sobre “la revolución del Fracking”

El pasado 27 de marzo el periódico El País publicó un artículo titulado “La revolución del ‘fracking’” firmado por Pedro Antonio Merino García, director de Estudios y Análisis del Entorno de Repsol.

Algunas veces, hay que fijarse en lo detalles que rodean un artículo para poderlo valorar en su justa medida. Por ejemplo, el hecho de que El País lo publicase en la sección de opinión y no en la de Economía, como parecería más adecuado a simple vista.

Pero lo realmente interesante es lo que el artículo no dice:

  • Menciona que se inyectan en el subsuelo “una mezcla de agua, arena y químicos”. Descartado que los “químicos” sean señores que han estudiado esta ciencia por la crueldad que comportaría, debe referirse a los más de 500 productos químicos, algunos de muy alta toxicidad que se diluyen en el agua. Una forma como otra cualquiera de pasar de puntillas sobre temas importantes.
  • Ya que hablamos de agua, sería interesante que indicase cuantos millones de litros son necesarios para la explotación de cada pozo. Y es bien sabido en comarcas agrícolas como la nuestra lo escaso que es este recurso, y como afectaría su encarecimiento a nuestra economía.
  • Tampoco incluye ninguna referencia a los terremotos que al cabo de varios años de extracción se han producido en algunos lugares, y que estudios posteriores relacionan directamente con la técnica de fracking. Al fin y al cabo, sólo ocurren después de unos 20 años de explotación y para entonces los ingenieros ya no van por allí.
  • En varias ocasiones habla del objetivo de la autarquía energética de Estados Unidos en 2025, pero nada dice de que ocurrirá después porque algo en lo que todos los estudios coinciden es en la corta vida productiva de los pozos de gas de pizarra. Si el fracking sólo es un parche con hipoteca de por vida (literalmente) para los lugareños y no resuelve el problema energético a largo plazo, ¿porqué deberíamos asumir esos riesgos?

No menos importante es el último párrafo, en el que el autor del artículo viene a reconocer que nada de todo esto probablemente afecte al precio del petróleo, ya que la OPEP seguirá siendo determinante al respecto.

Visto lo anterior, me cabe una duda: ¿porqué dice el autor que la oposición social “estigmatiza” al fracking en Europa por “falta de información objetiva”? Si esta es su opinión (recuérdese en qué sección se publicó el artículo), ¿porqué no aprovechó la ocasión para ser completamente objetivo y hablar de pros y contras? Quizás sea porque de haberlo sido, veríamos el fracking como algo que, como frecuentemente ocurre con las industrias petroleras, les beneficia a ellos mientras nos amenaza a nosotros.

Villarrobledo, 1 de abril de 2013

@VJNacher

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