La Portavoz del Gobierno, los 520.000 parados sancionados, y el pecado de soberbia

 

No conozco personalmente a la señora Soraya Sáenz de Santamaría, que uno es un pringado que indudablemente no merece tal honor,  pero tengo la percepción de que es una de esas personas superdotadas para algo que acaban llegando a la conclusión de que lo son para todo, y cualquier cosa que salga de su boca es la Verdad con Mayúsculas. (Sin mencionar el aroma a azufre que me inspiran sus iniciales SSS, aunque en esto probablemente haya algo de paranoia injustificada.)

 

Pertenece a un cuerpo de élite del funcionariado, el de Abogados del Estado.
Tan integrada está, que se casó en Brasil, por lo civil, con un colega y una vez en el poder se ha ido rodeando de compañeros de profesión. 
Es la jefa de máquinas que está trabajando con habilidad para que la cúpula del partido Popular mantenga su condición de élite extractiva instalada, no sólo en las arterias políticas del Estado, sino que también en las grandes empresas sistémicas. Las famosas puertas giratorias que llevan de la Administración Pública a la gran empresa, y viceversa. Y ya de paso sus cónyuges, sobrinos y sobrinas, y otros parientes en general.

Hablemos ahora de los supuestos malhechores.

Para quienes – para fortuna vuestra – no estéis familiarizados con la burocracia que rodea al cobro de prestaciones, subsidios y rentas (que no es lo mismo), sabed que la condición primera es encontrarse en situación legal de desempleo y acreditar la disponibilidad para buscarlo. Esto se traduce en que los servicios de empleo autonómicos os harán una tarjeta que hay que sellar cada tres meses. Ya sé que es difícil de relacionar que poseer una tarjeta con un garabato trimestral define si estás en paro o no, pero así es.
 
Y en un arranque de imaginación administrativa, resulta que si no lo hacéis, o lo hacéis más de unos días tarde, dejáis legalmente de cumplir con estas condiciones. Por tanto habéis voluntariamente dejado de ser parados, pero habéis seguido recibiendo las dádivas del bondadoso Estado en flagrante fraude. ¡¡Malvados!!
 
Supongamos que cobráis una prestación o un subsidio de desempleo de algún tipo, pero se os olvida sellar la tarjeta el día que corresponde: recibiréis una sanción de un mes de cobro la primera vez, tres meses la segunda, y la extinción del derecho la tercera.  Un despiste que duele, y mucho.
 
Pero si para vuestra desgracia estuvieseis cobrando una Renta Activa de Inserción, o el famoso plan PREPARA (dos chapuzas de programas aprobados por los gobiernos del señor Zapatero), automáticamente se extingue el derecho a cobro, y ya veremos si podréis volverlo a cobrar en el futuro. Probablemente no.
 
Hay otras terribles faltas contra la benevolencia del Estado, como no poder aportar documentación en tiempo, no notificar los cambios de domicilio, olvidarse de avisar de cambios en la renta porque habéis recibido una beca, o alguien de la familia ha conseguido un fabuloso empleo temporal que le proporciona más de 484€ al mes.
 
Bueno, pues según Su Señoría doña Soraya Sáenz de Santamaría (SSSSS, esto me preocupa cada vez más) resulta que de los 520.000 supuestos defraudadores, algo así como 515.000 habían causado alguno de los atentados de lesa majestad descritos. Para rasgarse las vestiduras, sin duda alguna, y agradezcamos la pronta reacción del Gobierno, que nos ha salvado del criminal empeño por agujerear los presupuestos del Estado.
 
Porque no fueron Blesa y Rato con Bankia, no, ¡¡son los malévolos parados empeñados en cobrar esos suculentos 426€ mensuales!!
 
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Interpelada por los partidos de la oposición doña Soraya no sólo no ha rectificado, sino que ha persistido en su afirmación: ¡ella solita ha salvado al Estado de las garras de los temibles parados defraudadores!
 
Si reconocemos la humanidad de la Vicepresidenta del Gobierno – yo tengo dudas respecto de alguien que se reincorpora al trabajo ocho días después de dar a luz – me atrevo a acusarla del más serio de los pecados capitales: la soberbia.

Claro que no es de extrañar. Con cuarenta y dos años ha aprobado unas durísimas oposiciones, y se ha encaramado a lo más alto del poder político. Es Ministra de la Presidencia, Vicepresidenta y Portavoz del Gobierno de España, y todo ello sin haber pisado nunca una empresa privada, ni haber arriesgado jamás su capital, ni haber demostrado competencia alguna fuera del Partido Popular. No es fácil.
Resumiendo, que esta mujer está convencida de que mea colonia y caga mármol.
 
Y miente. Miente además mal. Como los demás miembros del Gobierno a sus órdenes.
 
Y nos ofende, pero al fin y al cabo sólo somos seres inferiores con la obligación de seguir votando a quién la puso en el poder. Y lo haremos.
Y aquí es donde yo peco, de ira. Pero no importa, porque como empecé diciendo, yo sólo soy un pringado y ella es Abogada del Estado.

 

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