¿Por qué Europa? (II) El contexto global

En el primer post de esta serie señalaba algunos de los elementos diferenciadores del contexto social en la migración hacia la sociedad del conocimiento, pero es importante también señalar los principales factores que rodean al estado español a la hora de trazar sus líneas políticas.

Obviamente, no pretende ésta ser una relación exhaustiva, y seguramente echaréis a faltar elementos conocidos – de los cuales los ecológicos y medioambientales no son los menores – que no los referiré por entenderlos ya conocidos y asumidos por los lectores de este trabajo.

La economía del conocimiento: este modelo, que fue objeto de análisis y divulgación antes del inicio de la coyuntura crítica en la que nos hallamos sumidos,  se basa en la consideración de algunos tipos de conocimiento (saber-qué, saber-porqué, saber-cómo, saber-quién) como recurso o producto económico.  No entraré en el detalle técnico, pero este modelo ya en la pasada década pronosticaba importantes riesgos en la economía mundial causados por tensiones y fricciones:

  1. El sistema capitalista global se encuentra polarizado entre el centro y la periferia
  2. La globalización del sistema se encuentra en estado de fuerte aceleración, con desigual velocidad, coste de acceso y ámbito de acción para los diferentes mercados
  3. No existe ningún ámbito político global con capacidad para regular y supervisar la economía mundializada
  4. Frente a una economía mundializada, una sociedad globalizada todavía no existe
  5. La actividad de libre mercado no puede resolver las crisis globales, muy al contrario: el mercado genera importantes desigualdades y no muestra ninguna tendencia hacia el equilibrio
  6. Si no se toma ninguna acción en el corto plazo, la situación sólo puede llevar al caos y al desorden internacional

(La lista anterior es un resumen elaborado a partir de un capítulo de los apuntes de la asignatura de Knowledge Economy de la UOC, publicados en 2005.)

En lo que a este trabajo se refiere, el punto a destacar es el tercero, que indica que ningún actor político, de forma aislada, puede regular eficazmente en un entorno global, como hemos visto en varios mercados, principalmente los de trabajo y financiero. Baste ver por ejemplo la dificultad para imponer tasas a las transacciones financieras  (la tasa Tobin, entre otras), la práctica imposibilidad de acabar con los paraísos fiscales, los fracasos en los intentos de frenar las oleadas migratorias, etc.

Los foros internacionales: con especial fuerza desde el fallo del sistema financiero global en 2008 los distintos gobiernos de los estados-nación más poderosos han intentado, sin mucho éxito hasta ahora, retomar el control de la política global. La principal razón teórica se encuentra expuesta en el apartado anterior: por grandes y poderosos que sean los países que se reúnen y firman acuerdos, nunca reunirán la masa crítica política suficiente para contrarrestar la capacidad de maniobra de los operadores globales. Estos operadores – los mal llamados “mercados” – actúan gracias a las tecnologías de la información en tiempo real y alcance global. Los gobiernos son extremadamente lentos y limitados en comparación. Algunos ejemplos notables:

  • Los paraísos fiscales: podemos contar más de una docena, sólo en Europa, siendo el núcleo de su poder la propia City londinense. También Estados Unidos cuenta con paraísos fiscales onshore(en su territorio), y miembros destacados de la Unión Europea podrían recibir dicho calificativo, empezando por Luxemburgo.  ¿Cómo podría el G-20acabar con esta lacra, si gobiernos del peso de Estados Unidos o Gran Bretaña no están interesados?
  • Las conferencias del cambio climático: otro ejemplo en el que los causantes del problema son precisamente aquellos que tienen que resolverlo. Ni Estados Unidos, ni China, las dos mayores potencias económicas actuales y las naciones más contaminantes, firmarán fácilmente un acuerdo que les suponga de hecho una reducción de su crecimiento económico.

Podríamos seguir con foros quizás menos conocidos de seguridad, comercio, pero el resultado siempre será el mismo: en ausencia de la supremacía de un país, como fue el caso de Estados Unidos desde la caída del muro de Berlín en 1989 hasta el inicio de su crisis financiera, el multilateralismodominante requerirá del consenso de una mayoría crítica de naciones para tomar decisiones operativas globales. Y es improbable que esa mayoría crítica se produzca cuando algún estado-nación del centro no esté interesado.

La Unión Europea: Europa es el elemento global que más de cerca atañe a España, puesto que le ha cedido una parte relevante de su soberanía. Ahora bien, de las dos principales instituciones de la Unión con capacidad ejecutiva, la que decide las líneas políticas y económicas de actuación es el Consejo Europeo:

Tampoco estas instituciones políticas están en condiciones de supervisar o controlar las decisiones empresariales globales porque en la práctica, el Consejo europeo es más cercano a un foro que a una institución democrática y ejecutiva, y la comisión tiene escasa relevancia fuera de las propias fronteras de la Unión Europea. Y como hemos visto, en ninguno de los dos casos es posible elegir directamente a la Presidencia, ni ésta tiene libertad para elegir a los miembros de su equipo por lo que su legitimidad democrática es relativa.

Continuará.

Saludos, @VJNacher

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En este contexto internacional, los operadores internacionales – grandes empresas globales, centros financieros de inversión, empresas energéticas, etc – siempre serán más rápidas y llegarán más lejos que cualquier país aislado, o grupo de países que requieran de consenso.

En el próximo post veremos de qué opciones dispone el gobierno del estado español en relación con su ciudadanía y las instituciones supranacionales, para llegar a la conclusión de que sólo pueden llevar a la desigualdad y la restricción de la democracia, como estamos viviendo actualmente.

Mientras tanto, aparentemente, seguimos en dirección al caos.

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