¿Por qué Europa? (III) Las opciones del gobierno

Una vez revisado los cambios en los contextos sociales e internacionales, analizo en este post las opciones de las que dispone el gobierno, entendido en sentido amplio: el consejo de ministros y su presidente, pero también los partidos políticos de los que se nutren. Pero el primer paso, es sin duda, observar la extracción social de las personas que lo componen para anticipar sus posibles reacciones y tendencias, sus lealtades e intereses, su identificación social. Vamos con ello.

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Las élites gobernantes. Si analizamos los componentes de los sucesivos gobiernos, salvo muy raras excepciones, coinciden en algunos puntos en común:

  • Proceden de familias ilustradas – y ocasionalmente ilustres – de clase media-alta, con familias en las que han destacado algunos de sus miembros por sus logros en el mundo empresarial o político.
  • Tienen formación superior muy cualificada, y proceden de alguno de estos dos caminos:
    • Desde profesiones ligadas a la Administración Pública (abogados del estado, registradores de la propiedad), que no llegan a ejercer porque se ligan rápidamente a la política como medio de vida, siempre dentro de un partido, y generalmente a la sombra de algún mentor, para posteriormente mover a alguna empresa sistémica de sectores estratégicos.
    • Como alternativa al punto anterior, inician sus carreras en alguna empresa sistémica donde alcanzan rápidamente puestos de responsabilidad, para eventualmente ejercer cargos técnicos políticos en los ministerios de su ramo y regresar a cargos directivos de mayor rango en las grandes empresas.
  • No conozco de ningún caso en que procedan de familias humildes, hayan vivido de un sueldo mínimo, conocido personalmente estrecheces, o arriesgado y perdido capital propio en nuevas empresas.

Tomando la nomenclatura de Acemoglu y Robinson, son élites extractivas que deben sus lealtades a su clase social, y consideran los capitales públicos como un recurso a su disposición, y tanto las instituciones públicas como las grandes empresas sistémicas son su entorno natural. En este sentido no cabe hablar de puertas giratorias, porque en ningún caso perciben la dirección de grandes empresas como algo diferente del gobierno de las instituciones públicas, y del propio país. Simplemente cambian de puesto de trabajo dentro de su hábitat profesional.

Sus familiares y amigos son personas de este mismo entorno social, jerarquías técnicas que no se preocupan de crear y redistribuir la riqueza común, sino que se sienten designados para su gestión y la utilizan para su propio bienestar, el de su clase, y el mantenimiento del estatus quo de aquellos que perciben como superiores en la escala social: los poseedores de grandes patrimonios. No existe identificación social alguna con clases sociales populares – obreros y pequeños comerciantes – porque no han convivido con ellas más que ocasionalmente.

Siempre siguiendo la teoría publicada por los autores ya mencionados en su libro “Porqué fracasan los países” – que recomiendo – sólo cuando los estados disponen de instituciones fuertes, independientes  e inclusivas es posible limitar la capacidad extractiva de las élites sociales. No es de extrañar pues que el gobierno español esté debilitando a las instituciones con el fin de perpetuarse como élite extractiva.

El trilema político. Voy a insertar aquí este artículo que publiqué unos meses atrás en mi blog sobre la aplicación del trilema de Rodrik a la política en un entorno globalizado. Por simplificar: entre democracia, soberanía del estado-nación (pongamos que hablo de España) y más Unión Europea, sólo existen tres posibles combinaciones de pares entre las que debe elegir el Gobierno español:

  • Democracia y soberanía nacional: simplemente no cabe esperar que la UE, los mercados internacionales, y sobre todo los acreedores de la deuda española, permitan sin lucha que los españoles decidamos sobre nuestra deuda, y para ello tienen a nuestros gobiernos (recordad a Zapatero en septiembre de 2011) cogidos por los órganos financieros.
  • Democracia y más Unión Europea: implica el debilitamiento del Estado-Nación, y por tanto de su Gobierno. No esperemos que ningún partido político con mayoría suficiente lo acepte.
  • Unión Europea y Estado-Nación: requiere de un necesario recorte de la democracia real para que el Gobierno pueda satisfacer las necesidades de mercados y acreedores internacionales, a cambio de su fortalecimiento y apoyo internacional a los dirigentes locales. Ha ocurrido en Grecia, y está ocurriendo en España.

Teniendo en cuenta el nivel ético de nuestro Presidente del Gobierno, no cabe esperar otra elección que la tercera. Ahora bien, ¿estamos dispuestos a ceder soberanía nacional a la Unión Europea a cambio de debilitar la capacidad del Estado español, profundizando en la democracia? Creo que es nuestra única opción, pero aún es pronto para hablar de ello.

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De acuerdo con lo expuesto, no cabe extrañarse si el actual gobierno español hace todo lo que está a su alcance para:

  1. Satisfacer a los actuales poderes supranacionales: mercados, élites financieras, y Unión Europea mercantilista, entre otros, para que se les permita seguir en el poder. Recordemos la agilidad del entonces presidente Rodríguez Zapatero y del entonces responsable de la oposición Mariano Rajoy a la hora de cambiar la Constitución para establecer que España antes pagaría a sus acreedores internacionales que ayudaría a sus propios ciudadanos.
  2. Mantener el actual status quo europeo, en el que son los estados-nación quienes emiten las políticas globales, enfocadas a la financiarización de la economía y a la satisfacción de sus propias políticas nacionales.
  3. Debilitar a las instituciones que podrían poner en riesgo sus capacidades extractivas de riqueza. Ya anularon las entidades supervisoras, demonizaron a sindicatos y colectivos sociales funcionariales (educación, sanidad, administración pública,…), desprestigiaron a los partidos políticos, y en paralelo tomaron el control de entidades reconocidas como el Banco de España o la propia Hacienda.
  4. Anular, o cuando esto no sea posible restringir las vías democráticas de la ciudadanía. Este fin se consigue controlando en la medida de lo posible a la cúpula del poder judicial, y cuando no convenga evitando la intromisión de los jueces al reconducir las sanciones represoras al ámbito administrativo.

No creo necesario entrar en detalles sobre los puntos anteriores, basta con leer cualquier periódico de información general para encontrar ejemplos de, al menos, algunas de estas líneas de acción.

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En el próximo y último artículo de esta serie, analizaré las opciones de las que dispone la ciudadanía para defenderse de las élites extractivas. Eso será más tarde.

Continuará.

              Saludos, @VJNacher

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