Cataluña y España: ¿son ellos, somos nosotros, o son los de siempre?

Tomando la definición de Jordi Pujol, que dijo que “es catalán quien vive y trabaja en Cataluña y quiere serlo”, yo he sido catalán durante un tercio largo de mi vida. Como por nacimiento y cultura soy manchego, creo ser competente para emitir mi opinión sobre el conflicto del engarce de Cataluña con una cierta ecuanimidad. Mi hipótesis, que intentaré demostrar en este artículo, es que no se trata realmente de que la mayoría de la ciudadanía catalana no quiera ser española, sino que les han llevado al convencimiento de que no merece la pena seguir esperando reconocimiento por parte de un Estado inmovilista y anticuado. Veremos si soy capaz.

——————- Cuestiones previas ——————–

Para empezar con buen pie me gustaría aclarar algunos conceptos sobre los que se acostumbra a tener una visión más intuitiva que racional:

Cataluña es una nación. Me acojo para ello a la tercera definición de nación de la RAE:

  1. f.Conjunto de los habitantes de un país regido por el mismo gobierno.
  2. f. Territorio de ese país.
  3. f. Conjunto de personas de un mismo origen y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común.

 

Pero en política las definiciones no son tan importantes como las identidades, y los habitantes de Cataluña, en su mayoría, se reconocen como una nación, dijera lo que dijese la RAE. Así intentaron plasmarlo en el actual Estatuto de Autonomía, tan bien cepillado por el ínclito Alfonso Guerra. Al final, sólo se dejó en el preámbulo esta definición de muy escaso valor: “El Parlamento de Cataluña, recogiendo el sentimiento y la voluntad de la ciudadanía de Cataluña, ha definido de forma ampliamente mayoritaria a Cataluña como nación. La Constitución Española, en su artículo segundo, reconoce la realidad nacional de Cataluña como nacionalidad”. Las Cortes podían haber sido más generosas, y Guerra mucho más discreto.

El nacionalismo español existe, y es excluyente. Lo he sentido en mis carnes cuando circulaba por España con un coche matriculado en Barcelona, o cuando en algunas poblaciones el mero indicio de un acento mediterráneo inducía a las gentes a ofenderme sin esperar siquiera a haberme conocido.

Pero hay una prueba mucho más objetiva: abrid la Constitucióny haced una búsqueda por la palabra “Nación”. Comprobaréis que sólo aparece dos veces, seguida en ambos casos del adjetivo “española”. El resto son “nacionalidades históricas”, que es palabra que alguien se sacó del magín para salir del apuro, sin atreverse a reconocer que en España conviven varias identidades nacionales. Por ello la RAE tuvo que enmendar su diccionario para aceptar el concepto de nacionalidad vertido en la Constitución. Queda claro a mi entender que el término “Nación española” ha excluido a cualquier otra nación, forzando el retorcimiento de otros significados.

Tampoco deja muchas dudas el artículo segundo sobre la existencia del nacionalismo español: “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles…”. A ello se acoge el gobierno en su papel de Don Tancredo para no mover ficha.

La constitución fue diseñada para crear un sistema de distribución de competencias asimétrico, diferenciando a las comunidades históricas. Esa es la razón por la que se incluyeron dos vías de acceso a la autonomía: los artículos 151y 143. Posteriormente vino la aplicación de la malhadada doctrina del “café para todos”, que generó el sonrojo de ver a unos y a otros corriendo, éste para encontrar un himno, aquél una bandera. Eso sí, mientras Rajoy intentaba impedir que se debatiese en Las Cortes el Estatuto de Cataluña y hablaba de reforma encubierta de la Constitución, se aprobaba sin demasiado ruido un Estatuto de la Comunidad Valenciana sospechosamente parecido. No parece pues que el problema fuera el contenido del Estatuto, sino más bien que le convenía al Partido Popular montar el lío a costa de los sospechosos habituales.

El voto catalán no ha sido tradicionalmente independentista. Obviamente lo hay, y es tan respetable como cualquier otra opción política mientras no se pretenda imponer al resto por la fuerza, pero han sido habitualmente una opción minoritaria. La prueba es que la suma de los votos a partidos políticos tradicionalmente independentistas – ERC y algunas coaliciones menores – rara vez ha superado el 15%, cualquiera que fuese el ámbito electoral. Tema aparte es el voto a CiU, que ha descubierto el independentismo muy recientemente, probablemente porque les pareció que esa era una buena forma de tapar la corrupción en sus filas, y de paso echar una cortina de humo sobre su marcada incompetencia para gestionar la crisis económica. Pero tradicionalmente, CiU no ha sido independentista, y basta consultar las hemerotecas para confirmarlo.

——————- El Estatuto de 2006 ——————–

Durante el debate del Estatuto de Cataluña de 2006, Carod-Rovira, lingüista de formación, con un toque de retranca y en perfecto gallego, le agradeció a Mariano Rajoy lo mucho que el PP y el propio Rajoy habían hecho por su partido: Esquerra Republicana de Catalunya (ERC).

Es comprensible, ERC era un partido minoritario a principios de los años 80, pero cada vez que el Partido Popular gobierna con mayoría absoluta, multiplica su base electoral. También ayudan los errores no forzados y los muchos bocazas, tanto de PP como del PSOE, pero sobre todo es la táctica seguida por el Partido Popular desde que lo preside Mariano Rajoy la que ha empujado el deseo de independencia hasta el nivel actual. También lo dijo Josep LLuis Carod-Rovira el 2 de noviembre de 2005 en el congreso: “Sean conscientes de que si ahora nos cierran esta puerta, ¿qué otra puerta dejarán abierta?”

¿Por qué sigo hablando sólo de ERC, y no de CiU? Por muchos motivos, entre otros que es el único partido  que habla claramente de la independencia de Cataluña, a diferencia de CiU que lleva décadas amagando sin dar, jugando al nacionalismo – o soberanismo, fuera ello lo que fuese – en Cataluña y al soporte de la gobernabilidad en Madrid, y afirmando una y otra vez que no quería la independencia… hasta que la situación les ha obligado a elegir entre asumir su mucha responsabilidad en la situación actual de Cataluña, o buscar un enemigo exterior al que echarle todas las culpas.

Esta es la evolución del voto a ERC – y por tanto conscientemente independentista – desde la Transición, en relación con los distintos gobiernos españoles. Creo que este gráfico deja pocas dudas de que el PP en mayoría absoluta es el mejor aliado del independentismo, muy por encima del esfuerzo nacionalista de CiU.

Algunos hechos que avalan mi hipótesis, y que son difíciles de aceptar viniendo de – por entonces – un futuro Presidente del Gobierno Español, a menos que formaran parte de una estrategia consciente:

Ya hemos citado que el Partido Popular, por boca de Mariano Rajoy, y ante algo tan normal en democracia como el debate de una ley orgánica – que no otra cosa es un Estatuto de Autonomía – había acusado a Zapatero de venderse por seguir en el poder, de estar reformando la Constitución por la puerta trasera, el 3 de diciembre de ese año pronuncia un discurso propio del nacionalismo español más rancio, y de forma continuada mantiene un doble rasero con otras comunidades donde gobiernan. Seguramente por táctica, porque asume que el ataque a Cataluña le genera amplios réditos en el resto de España, y eso sí es responsabilidad de la ciudadanía en su conjunto. Porque no debe ser casualidad que se hayan producido tantos boicots a productos catalanes en las décadas recientes, cuando por similares hechos no sucedan con tal virulencia contra otras comunidades, o no sucedan en absoluto.

Pero lo que más ha empujado a la gente hacia el deseo de salir de España pegando un portazo es el comportamiento del PP tras la aprobación del Estatuto de 2006: no fue suficiente que se intentase impedir la tramitación parlamentaria, la humillación del “cepillado” de un acuerdo del Parlament tomado por práctica unanimidad, ni las ofensas durante la tramitación. El PP presentó un recurso de inconstitucionalidad contra una ley aprobada en las Cortes españolas y catalanas, y revalidada en Referéndum por el pueblo catalán. Difícilmente cabe mayor ejemplo de falta de respeto a un pueblo, ni de imposición de la ideología propia por cualquier medio.

——————- Y concluyo ——————–

No tengo dudas: el problema del engarce catalán en España no se resolverá mientras gobernantes mediocres sigan necesitando de un enemigo exterior. Tanto en Barcelona como en Madrid.

También quiero dejar claro que si yo siguiese residiendo en Cataluña estaría totalmente a favor de que se produjese un referéndum que me permitiese expresar mi opinión en democracia. Aunque no tenga claro cuál sería mi voto, porque sea Cataluña un Estado independiente o no, los políticos que se quedan dentro son los mismos, lo que no augura grandes esperanzas de llegar a buen puerto. Sospecho que anunciarían Ítaca tan pronto vislumbrasen Perejil.

No menos importante es que ciudadanos y ciudadanas habitantes del resto de España tenemos mucho por hacer. Aceptar que otras personas puedan ser bilingües porque su lengua materna no es el castellano, ser coherentes y si renegamos del separatismo no fomentarlo con actitudes de rechazo a quienes hablan distinto, y sobre todo siendo críticos con quienes bienviven de la cizaña sembrada.

Además, sería una lástima que Cataluña se independizase poco antes de que se inicie la Segunda Transición Democrática, tan pronto hayamos echado entre todos, con nuestros votos, al Partido Popular del Gobierno, y sea posible negociar alternativas políticas sin refajo.

Sin perjuicio de todo lo anterior, si el PP vuelve a ganar el año próximo por mayoría absoluta: por favor, compañeros catalanes, ¡¡hacedme sitio!!

Vicente Juan / Vicenç Joan

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5 comentarios en “Cataluña y España: ¿son ellos, somos nosotros, o son los de siempre?

  1. Lo del idioma es un tema curioso, porque tenemos a comunidades separadas por un idioma de raíz común – pongamos que hablo de Valencia y Cataluña – y a otras unidas en la apropiación de una lengua – pongamos que hablo de la Mancha, véanse los diccionarios manchego-español, que por algo están. Sin embargo sólo quienes se sienten nación están dispuestos a defender ese idioma común con tanto esfuerzo, de ahí que encuentre ese “generalmente” como un tanto opcional en la definición.En cuanto al PP, yo tampoco creo que vuelva a ganar en las generales, y menos por mayoría absoluta, pero antes van las autonómicas y Doña Dolores es mucha Doña Dolores. No las tengo todas conmigo.Y buena observación, ya no se menciona a EQUO en la cabecera, ahora tengo a un gato que juega a ser león. Espero que se entienda.

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  2. Recuerdo un tuit de un madrileño que reprochaba el afán independentista de un catalán diciendo algo así como “estáis locos tíos, es como si Madrid se quisiera independizar para gozar a solas de Esperanza Aguirre”. Muchas gracias por la valoración positiva Diego, la verdad es que no las tenía todas conmigo porque ya hace cinco años que vivo tierra adentro – ¡cómo pasan los lustros! – y temí haberme desconectado en demasía.Cuídate mucho colega.

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  3. Me ha gustado, sí señor. Un artículo sobre la relación entre Cataluña y el resto de España sin estridencias ni fanatismos. Cosas veredes.Según esa acepción de la RAE, y dado que lo del idioma no es imperativo («generalmente»), Murcia también podría ser una nación. U Orihuela, y así quedaría contento el iluminado de Artur Balaguer.Que Ciu es un partido de derechas, católico, y que no es ni ha sido nunca independentista, no haría falta recordarlo. Pero haces bien, visto que el personal ha entregado su memoria (e incluso su criterio) a los medios de comunicación.El gráfico es contundente. Así que vamos camino de aupar entre todos a ERC a las cotas que consiguió con la mayoría absolutista, digooo absoluta, de Aznar en las elecciones generales del año 2000. Ya nos vale, y ya les vale, sobre todo, a los de Marianico.Sobre lo del boicot a los productos catalanes, hoy mismo acabo de comprobar que en Google España, por primera vez en años Israel supera a Cataluña al buscar «boicot».Coincido en el diagnóstico: el problema no se resolverá mientras gobernantes mediocres se aprovechen del enemigo exterior. Terminemos con los gobernantes mediocres, pues.¿Estás planteando que el PP podría volver a gobernar tras las próximas elecciones, aunque sea sin mayoría absoluta? ¡Argh! No nos contemos cuentos de miedo, que luego nos meamos en la cama.Un placer leerle. Iba a hacer la broma con mi nombre, pero creo que Salvador en catalán no cambia. Por lo menos, Salvador Puig Antich era así, «Salvador», ¿no?P. D. Has cambiado la cabecera, ¿verdad?

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  4. Como siempre, das en el clavo con precisión quirúrgica. Este gobierno de delincuentes que usa a Cataluña como enemigo necesario, estaba a punto de hacerme independentista incluso a mí.Menos mal que el clan Pujol nos ha recordado a todos que la burguesía catalana es tan corrupta, caciquil y de cortijo como los señoritos más casposos del sur.

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