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Ciber-estupidez

28 de septiembre 2014. Oliviero Ponte di Pino, y otros muchos, entre ellos yo, humildemente preguntamos: ¿qué formas adoptará, en este momento, la “ciber-estupidez colectiva“?

Miguel.

Muy apreciado Miguel, de Oliviero Ponte di Pino lo ignoro todo, entre otras cosas porque me niego rotundamente a leer un libro que se titula “El que no lea este libro es un imbécil”. En parte porque me importa un pijo que los demás imbéciles – es decir, el resto del subconjunto de la humanidad que tampoco lo ha leído – sepan que soy uno de los suyos, pero sobre todo porque a mí el márquetin cultural tiende a irritarme los genitivos.

Dicho esto, creo que esto no es óbice para analizar la expresión ciber-estupidez colectiva y llegar a cualquier conclusión que pueda parecer relevante.

En primer lugar la expresión ciber-estupidez no tiene sentido porque la estupidez es y ha sido siempre tan humana como la sabiduría, aunque muchísimo más frecuente. Podemos excusarnos en la última oportunidad de demostrarla públicamente, pero la imbecilidad no es cibernética. Si acaso, yo reinterpretaría la frase como estupidez en el ciber-espacio.

En cuanto a la acotación colectiva, ¿cuándo los necios se han resistido a demostrarlo sin tapujos? Y disponiendo de una caja de resonancia tan poderosa como las redes sociales, raro sería que la estupidez humana no se mostrase en todo su esplendor allá dónde eso sea posible.

Sin embargo, si en lugar de hablar de términos absolutos hablásemos de percepciones – la sensación de perder inteligencia a medida que pasamos más tiempo en Internet – te doy la razón, y de hecho te recomiendo la lectura del artículo de Nicholas Carr  “Is Google making us stupids?”.

Comprendo que sea posible tener esa sensación, pero estoy seguro que algo parecido ocurrió con la invención de la imprenta, de la radio, y de la televisión para qué vamos a hablar. Probablemente la primera persona que se encontró con la posibilidad de dejar varios libros en la mesita al mismo tiempo debió pillarse un notable estrés. Ni te cuento el primero que intentó escuchar varios canales de radio simultáneamente. Y si Newton – por poner un ejemplo de sabio cascarrabias y puñetero – hubiese visto las 15 series completas de los Gran Hermano antes de echarse la siesta, seguramente se hubiese comido tranquilamente la manzana y ahora seguiríamos intentando volar moviendo las orejas. Y ni te cuento si intentas leerte todos los diarios digitales del día, cuando hace poco sólo leías la sección deportiva del periódico en papel antes de usarlo para envolver el bocadillo.

Por concluir, la estupidez es humana, se produzca donde se produzca,  y cualquier herramienta que nos permita multiplicarla será utilizada para desarrollarla hasta alcanzar su máxima potencia. De ahí que me permita para concluir una cita de Einstein que también recoge Oliviero: “Sólo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. Y no estoy tan seguro de la primera“. Siendo la estupidez infinita, es absurdo pretender averiguar qué formas tomará mañana, o pasado, en cualquier medio. Conformémonos con no ser confundidos por y con ella.

Felizmente imbécil, P.Baladring.

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