El trabajo en la Sociedad de la Información

Precariado Este artículo puede sorprender por su formalismo a quienes hayáis visitado este blog en el pasado. Su origen es diferente: es un trabajo presentado para una evaluación en mis estudios en la UOC, de ahí su formalismo.

Quienes no están familiarizados con este tema no acostumbran a relacionar los cambios tecnológicos con el desempleo o la desigualdad, y sin embargo existe . Para ponernos en antecedentes, dejadme que inserte una cita extraída del Informe Bangemann, publicado en el capítulo “A common creation, or a still fragmented Europe?”:

“The first countries to enter the information society will reap the greatest rewards. They will set the agenda for all who must follow. By contrast, countries which temporise, or favour half-hearted solutions, could, in less than a decade, face disastrous declines in investment and a squeeze on jobs.”

(Las primeras naciones en entrar en la sociedad de la información obtendrán las mayores recompensas. Compondrán la agenda para todos aquellos que les sigan. En cambio, los países que contemporicen, o favorezcan las soluciones tibias, podrían, en menos de una década, enfrentar caídas en la inversión y una reducción de trabajos.)

El informe fue publicado en 1993, así que podríamos decir que en el caso español no fallaron por tanto.

Quien siga y lea queda advertido: en este artículo no hay chistes, ingenios, ni final feliz. No puede haberlos.

El contexto.

La tecnología no determina, los agentes son los actores interesados en que éste se produzca (Ortiz y Welp, 2013). Pero la capacidad de agencia depende en gran medida de que existan grupos con identidad propia, que se reconocen y deciden ejercer esta capacidad. Sin embargo, la masa de los mal llamados empleos atípicos tensiona la estructura social.

Como explica Stiglitz (2012) las condiciones del empleo tenderán a igualarse globalmente, pero el equilibrio se alcanzará más cerca de la parte baja de la tabla:

Hay una carrera hacia los mínimos de mayor calado, que intenta asegurarse de que la normativa sobre las empresas sea laxa y de que los impuestos sean bajos.

Desaparecen los ascensores sociales (Joaquín Estefanía, 2015), principalmente la educación, que permitían una cierta permeabilidad entre las clases sociales tradicionales de proletariado y burguesía. El nivel de estudios ya no es un indicador válido para predecir el nivel de ingresos futuros.

Tener empleo tampoco es garantía de inclusión. Entre 2009 y 2013 menos del 10% de los contratos firmados han sido indefinidos.

También se ha producido un cambio cuantitativo. Entre 1980 y 2000 la fuerza laboral global se ha duplicado con la irrupción en el mercado de 1.500 millones de personas, procedentes en gran medida del bloque ex-soviético, Asia e India, incluida la incorporación al mercado laboral de las mujeres que han multiplicado por 2,4 su presencia hasta 72,7 millones.

Grupos de la fuerza laboral.

Se consolida una nueva estructura social del empleo, en la que podemos identificar grupos adaptados al trabajo en la Sociedad Red. Son personas técnicamente formadas, con habilidades que les permiten integrarse en equipos distribuidos multiculturales. Un ejemplo son las empresas-red como Auttomatic, responsable de WordPress entre otros muchos productos, pero también se podrían incluir quienes se han formado mediante programas como Erasmus, o becas de prácticas en otros países y continentes. No les preocupa especialmente la dependencia a un contrato, y asumen su capacidad negociadora individual frente a la empresa.

Una segunda categoría sería el salariado (Standing, 2011). Personas que disponen de ingresos sostenidos en el tiempo, se integran en la empresa y suscriben con ella un contrato psicológico basado en perspectivas de futuro. Disfrutan de unos derechos civiles reconocidos, se sienten parte del sistema político que corresponda a su identidad nacional, y participan en procesos de negociación colectiva porque también disponen de una identidad profesional. Este grupo aún guarda algunas semejanzas con la estructura laboral de la era industrial, sin embargo las fuertes presiones competitivas les empujan a ceder derechos a cambio de evitar deslocalizaciones. Tenemos los ejemplos de multinacionales como SEAT o Nissan rebajando su convenio a cambio de producir nuevos modelos de coches.

Utilizando la definición de Guy Standing (2011), la tercera clase es la de quienes no

Trabajo precario: precariado

Forges y los precarios

saben qué poner en la casilla “profesión” de los formularios burocráticos: el precariado. Pueden alcanzar un alto nivel de formación, pero hoy son, por ejemplo, becarios, el fin de semana sirven banquetes de boda, y en temporada trabajan como eventuales agrícolas (eso que llaman empleos atípicos). No tienen garantizados sus derechos sociales, ven a los sindicatos de clase como algo ajeno, no se permiten planificar a medio plazo, y como apuntaba Monedero (2013) carecen de memoria social. Resulta significativo que más del 57% de quienes tienen un contrato a tiempo parcial reconocen que desearían trabajar más horas.

Quedarían por último los excluidos, aquellos que ni siquiera pueden competir por un empleo precario de corta duración. Mayoritariamente personas de baja formación, muy jóvenes o demasiado mayores, que llevan años buscando empleo sin conseguirlo, cuya capacidad de trabajo ha alcanzado la obsolescencia, o carecen por completo de experiencia.

Características generales del empleo en la Sociedad de la Información.

En el contexto señalado en el primer apartado por Stiglitz las empresas transnacionales han encontrado en la globalización nuevas herramientas para maximizar sus beneficios: la conversión de costes fijos en variables flexibilizando sus medios de producción y minimizando la inversión en bienes materiales (terrenos, edificios, maquinaria, …).

Empresa trébolDomina la empresa trébol, en la que tan sólo el tallo y el núcleo profesional son costes fijos, lo que implica para la mano de obra una flexibilización que en poco o nada la beneficia:

  • Flexibilidad numérica: la empresa puede contratar en función de su volumen de trabajo aumentando o reduciendo su bolsa de empleo temporal.
  • Flexibilidad salarial: la empresa tenderá a priorizar su margen comercial, presionando los salarios hacia abajo en función de los beneficios esperados.
  • Flexibilidad funcional: Se espera del personal cualificado una especialización horizontal (multitarea) que permita reducir el número de empleados fijos.
  • Subcontratación de servicios y mano de obra: asignando el riesgo de la inversión a empresas subcontratadas se reduce la necesidad de inversión inmovilizada, a cambio de un asumido descenso de la calidad al introducir un segundo margen comercial en la estructura de costes.

Esta flexibilización maximiza beneficios, pero también tiende a generar conflictos con las empresas subcontratistas y con los empleados que subsisten bajo contratos precarios. En España podríamos señalar como ejemplo la evolución de Telefónica, privatizada en 1997, y que vive cíclicamente serios conflictos.

También el coste de la formación se desplaza hacia las empresas subcontratadas, los trabajadores eventuales, o incluso el propio cliente en las áreas en que se espera autoservicio, asumiendo la empresa únicamente el coste de formación – no necesariamente íntegro – del personal fijo.

El empleo técnico en la Sociedad de la Información.

En los EUA se calcula que en la segunda mitad de la década de los 90 la industria de la información justifica entre 0,55 y 0,75% de cada punto porcentual de aumento de la productividad. Pero la distribución es muy desigual territorialmente porque la búsqueda de economías de escala tiende a agrupar las grandes empresas en las comunidades fiscalmente más laxas.

Los empleos de más alta cualificación tienden a situarse donde las empresas localizan sus centros estratégicos. Por ejemplo, en buscadores especializados de empleos con cualificación técnica en España, las ofertas se centran en Madrid (55%), en menor medida en Barcelona (25%) y el resto se distribuye por las capitales de provincia.

Respecto del crecimiento del sector de empleo más ligado a las TIC, el técnico, se acelera durante períodos concretos – como señalan Ortiz y Welp (2013) en las etapas de digitalización, o puntuales como el efecto 2.000 – pero tiende a estabilizarse en los países que ya se consideran integrados en la sociedad de la información.

                La negociación colectiva y los sindicatos:

Mientras se produce un movimiento de globalización del movimiento sindical desde 2002, a nivel de estados-nación no siempre se produce el cambio necesario para acercar los sindicatos a las nuevas clases laborales.

Afiliación a sindicatosEn paralelo existe una tendencia impulsada por las empresas transnacionales a individualizar la negociación entre empleado y empleador, de forma que cada trabajador acaba siendo su propio representante y tendrá la capacidad negociadora que le otorguen su productividad y su coste de reemplazamiento. Este proceso es favorecido por la débil identidad grupal del empleado, así como por la cada vez mayor rotación en los puestos de trabajo.

El resultado es una pérdida constante de peso del movimiento sindical, incluso en países donde el trabajo estaba ya relativamente desregulado, como son los EUA.

No he encontrado estadísticas de afiliación en España posteriores a 2010, cuando la tasa había descendido al 18,9%, pero es probable que los cambios en los mecanismos de negociación colectiva introducidos por el gobierno neoliberal en la Reforma Laboral de 2012 hayan continuado empujando la tasa de afiliación.

Conclusión.

Las capacidades introducidas por las Tecnologías de la Información y la Comunicación han favorecido a las empresas, que ya no necesitan ceder derechos a los trabajadores como ocurría en la época fordista: como fuerzas opuestas a las que aparecieron en las empresas industriales clásicas, la aparición de clases laborales con una identidad débil ha disminuido la cohesión de los trabajadores, y en consecuencia la capacidad negociadora de los sindicatos.

Desde un punto de vista de la organización productiva, la flexibilidad en el empleo permite a las empresas maximizar sus beneficios convirtiendo costes fijos en variables, al mejor precio disponible mediante la deslocalización.

Si bien en estas circunstancias personas con un alto grado de formación técnica han encontrado su nicho y se sienten cómodas en las Empresas Red, son actualmente una minoría. En cualquier caso, estas oportunidades requieren organizaciones en red que no podrían existir sin Internet.

Actualmente conviven organizaciones derivadas de las industriales que aplican metodologías de calidad mediante normalización y reingeniería de procesos, con las empresas en Red y las organizaciones tipo trébol, más adaptadas a la Sociedad de la Información. Pero si asumimos las tesis de la finalización del crecimiento ilimitado por el agotamiento de recursos energéticos, probablemente se acelere el cambio en la dirección de la relocalización de la producción con globalización del conocimiento.

En un momento de crisis como el actual – definido como aquél en el que lo nuevo no acaba de nacer, ni lo viejo de morir –es imposible predecir qué escenario prevalecerá a medio plazo, pero en todo caso cabe afirmar que la organización laboral que aplicaran Taylor y Ford ha desaparecido por su falta de adaptación a los beneficios competitivos tecnológicos, dejando por el camino a grandes bolsas de trabajadores que no pueden adaptarse a los cambios. El precariado ha venido para quedarse.

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2 comentarios en “El trabajo en la Sociedad de la Información

  1. Estabas optimista cuando publicaste (¿9 de mayo? ¿22?) esto, ¿eh?

    «El nivel de estudios ya no es un indicador válido para predecir el nivel de ingresos futuros.
    Tener empleo tampoco es garantía de inclusión».
    Qué bajón.

    No hay que ser agorero. Seguramente la tecnología sea una bendición. En el siglo XIX también hubo algunos cenizos que advirtieron de que la Revolución Industrial, lejos de liberar al trabajador, dejarle tiempo libre para realizarse como persona, mejorar su vida, en suma, serviría para esclavizarle más. Y se equivoc… Porque se equivocaron, ¿no? Ay…

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    • Uf, ya creía que nadie iba a leer esto… Menos mal que siempre puedo contar con tu adicción por la lectura.

      Te respondo en dos partes:

      Es un trabajo formal, así que es tan objetivo como un trabajo de ciencias sociales puede serlo. Ni optimista, ni pesimista, es lo que hay.

      Lo que no he dicho en ningún sitio es que no se pueda cambiar (aunque lo he insinuado – eso sí, encriptado para que no me bajara nota – en el final del penúltimo párrafo), por lo que aquí va la segunda aclaración:

      Hay una frase clave: “La tecnología no determina, los agentes son los actores interesados en que éste se produzca”. Esto es, en nuestra mano está cambiarlo, la pregunta es si somos competentes para ello, porque para lo contrario sí hay gente dispuesta y capaz.

      Saludos y gracias por comentar, Vicente.

      NB: Antes de que pierda el tiempo con más publicaciones deprimentes, ¿qué opinas, oh líder de opinión? ¿Sigo publicando cosas serias, o mejor me abstengo?

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