¿Quiénes votaron en Alemania al partido nacional-socialista en 1933? Y mucho más importante, ¿siguen ahí?

Unos meses atrás escribí este corto análisis de la llegada al poder del partido nacional-socialista en el contexto de la Historia Económica europea del siglo XX. Estos días, al leer sobre el festejo de incendios de los centros para refugiados sirios me ha venido a la mente aquella época.

No sabría decir hasta qué punto ha cambiado la cultura de la profunda Alemania pequeño-burguesa desde los años 30, pero viendo su presente me temo que no lo suficiente.

Entre 1922 y 1923 Alemania padeció un episodio de hiperinflación que tuvo su origen en los tratados de paz de 1919.

La capacidad de movilización de recursos de los aliados y la restauración de la destrucción ocasionada durante la I Guerra Mundial debían ser financiadas. No fue suficiente aumentar los impuestos y el dinero en circulación, se recurrió al endeudamiento exterior para compensar el incremento del déficit comercial. Los países endeudados reclamaron reparaciones de guerra a los perdedores para poder satisfacer las exigencias de unos Estados Unidos de América (EEUU) cerrados en sí mismos.

En 1919 un joven John Maynard Keynes (1883–1946) “que no necesitaba estímulos en materia de amor propio” según afirma Galbraith, asistió a la Conferencia de París como miembro del Tesoro británico. Dimitió al poco tiempo y tras regresar a Gran Bretaña, publicó “The Economic Consequences of the Peace”, donde describe el ambiente de la conferencia como “vengativo, torpe y profundamente reñido con la realidad”.

En 1922 Alemania dejó de pagar y Francia invadió la región industrial del Rhur, contribuyendo al colapso del sistema financiero alemán y al déficit de su balanza de pagos, con la consiguiente depreciación de su moneda y el encarecimiento de las importaciones. La inflación se propagó al conjunto de la economía, incluyendo las finanzas públicas y forzando sucesivos déficits presupuestarios, hasta acabar en hiperinflación entre 1922 y 1923. Una barra de pan pasó a costar millones de marcos.

La imposibilidad de Alemania para satisfacer las indemnizaciones afectaron a los países acreedores europeos, ya en dificultades por la presión de EEUU para recuperar sus préstamos. La situación mejoró con el alargamiento de los plazos y las transferencias de capital desde EEUU que comportan los planes Dawes (1924) y Young (1929), aunque vuelve a empeorar cuando se inicia la Gran Depresión en EEUU, reduciendo las aportaciones de capital hasta la desinversión.

El resultado fue que los acreedores recuperaron una parte relativamente modesta de las reparaciones, la recuperación de la economía europea e internacional se retrasó considerablemente, y en los países derrotados la economía se hundió. Las críticas de Keynes se habían revelado realistas.

Después del plan Dawes (1924) la economía alemana se había vuelto dependiente del capital norteamericano, pero a partir de 1928 los flujos de capital se desaceleraron hasta detenerse. Las autoridades alemanas aplicaron políticas deflacionistas: disminución del gasto público, incremento de presión fiscal, precios y salarios a la baja. Todo ello escenificaba las dificultades de Alemania para pagar las reparaciones de guerra.

Entre 1929 y 1932 el desempleo creció hasta alcanzar el 30%. A finales de enero de 1933 el presidente Hindenburg, con el apoyo de las clases altas alemanas, nombró canciller a Adolf Hitler, quien  desencadenó una oleada de ataques de todo tipo contra comunistas y socialistas hasta anular su capacidad de organización en las siguientes elecciones.

Sin embargo, todas las fuentes consultadas coinciden en que no existe una relación directa entre desempleo y voto al NSDAP, si acaso una débil correlación al desagregar los resultados electorales por clases y regiones (Geary, 1998). Los desempleados en zonas donde se asienta la industria en grandes ciudades votaban mayoritariamente comunista (KPD) y social-demócrata (SPD), sólo 13% del colectivo votó NSDAP. Falter (1986) afirma que la relación fue indirecta: votaban al NSDAP tenderos, artesanos y trabajadores en zonas rurales y ciudades de tamaño medio o pequeño. Un electorado conservador, asustado por el desempleo y por el paralelo crecimiento del Partido Comunista Alemán (KPD) que pasó de 77 escaños en septiembre de 1930 a 100 en noviembre de 1932. El miedo al cambio llevó al peor cambio posible.


Una visión más completa del ascenso electoral del nazismo requeriría un enfoque transversal, incluyendo la política y la psicología social para analizar cómo llegó a calar el discurso nazi de sustitución del patrón oro por el trabajo. Sin embargo no parece que fuese el elevado número de trabajadores desempleados el factor determinante, sino el miedo de las clases de la baja burguesía y del mundo rural a las consecuencias políticas del desempleo.

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