El teléfono móvil de los manchegos desempleados

Como empleado del SEPE en una pequeña oficina de Castilla-la Mancha (CLM) estoy en permanente contacto con el colectivo de desempleados de la región. En el terreno de la comunicación, muchas de estas personas, con bajo nivel de estudios, se encuentran tensionadas por dos procesos: el cada vez más necesario mantenimiento de redes de contactos para acceder a oportunidades de empleo, y el desarrollo administrativo de la sociedad de la información que reduce sus oficinas presenciales. El primero posibilita el aumento de ingresos, mientras que el acceso a las Administraciones Públicas (AAPP) permite aliviar los gastos mediante el acceso a beneficios sociales.

Son razones fáciles de entender las que llevan a este colectivo a invertir sus magros ingresos en telefonía móvil y transmisión de datos, aunque no parece que algunas figuras políticas lo hayan comprendido y ostenten su ignorancia acusando a quienes tienen teléfono móvil de gastar ostentosamente. No es así, y en este escrito pretendo explicarlo.

La geografía.

En la Mancha las delegaciones locales de las AAPP sirven a comunidades dispersas, situadas en ocasiones a 50 km de algunas de las ciudades que atienden. Las AAPP priorizan el desarrollo de la normativa correspondiente a la Sociedad de la Información con el fin de abaratar sus costes.

También el empleo está disperso en esta región con escaso transporte público de cercanía, en el que un peón puede trabajar para dos o más empleadores en ciudades distintas durante una misma campaña agrícola.

Por ejemplo, distribución de las delegaciones de la AEAT en la Mancha.

Por ejemplo, distribución de las delegaciones de la AEAT en la Mancha.

El acceso a las herramientas de comunicación.

En 2014 la telefonía móvil superó en España a los ordenadores como vía de acceso a Internet.

Fuente INE: Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de Información y Comunicación en los Hogares. Año 2015. http://www.ine.es/prensa/np933.pdf

Fuente INE: Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de Información y Comunicación en los Hogares. Año 2015. http://www.ine.es/prensa/np933.pdf

Si analizamos por variables socioeconómicas este desplazamiento, el uso de móviles es inversamente proporcional al nivel de ingreso de los hogares, minimizándose la presencia de ordenadores para ingresos inferiores a 900€ mensuales. En los hogares con desempleados la telefonía de línea fija es considerada un coste superfluo frente a la móvil, que potencia el mantenimiento de redes de contacto.

Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de Información y Comunicación en los Hogares. Año 2015. http://www.ine.es/prensa/np933.pdf

Parece por tanto posible afirmar que la tecnología móvil ha penetrado en este colectivo (Boni, 2008): ha superado a los ordenadores (irreversibilidad), y marginado certificados digitales y teléfonos fijos (clausura).

Para qué un teléfono móvil.

En marzo de 2016 el 92,6% de los contratos firmados fueron temporales, y un 10% de todos los activos tuvo una duración inferior a un mes según las estadísticas del SEPE. Estos porcentajes indican la volatilidad laboral en provincias con tasas de desempleo entre el 29,4% de Ciudad Real y el 24,7% de Albacete.

La red personal es fundamentalmente local y basada en la confianza – el número de teléfono debe figurar en la agenda del proveedor de empleo – aunque el trabajo pueda realizarse en cualquier lugar. Podríamos hablar del indigenismo global (Friedman, 2007) de las comunidades de desempleados (Levy, 2007) interconectadas, compartiendo intereses y proyectos laborales.

Pero para extender la capacidad adquisitiva hay que reducir gastos mediante entidades de caridad o asistencia social, y para ello se precisa la obtención de certificados e informes. Aquí entra en juego el acceso a Internet vía móvil para descargar los documentos en formato PDF y mostrarlos donde convenga.

Las barreras de entrada.

En 2015 el 29,7% de los castellano-manchegos que no fueron capaces de realizar trámites necesarios por Internet reconocieron su falta de habilidades, y el 31,1% por no disponer de certificados digitales. El promedio estatal fue del 23,8% y 14,4% respectivamente.

Las AAPP están enfrentando la carencia de certificaciones digitales mediante programas como Cl@ve, aunque manteniendo la barrera de marginalidad: cuanto menores sean el nivel de estudios y de ingresos, mayor será la necesidad económica, pero más improbable resultan los requisitos de teléfono móvil personal y dirección de correo electrónico. Añadimos la burocracia electrónica a las otras (Wolton, 2000) mientras el problema de la falta de habilidades sigue sin ser afrontado.

Si unimos a lo anterior la dura competencia por cada contrato de trabajo que dificulta la asociación, podemos decir que los desempleados pueden acabar en la soledad interactiva de Wolton (2000).

Concluyendo.

En la región manchega, de economía primaria y fuertemente impactada por el desplazamiento de las clases trabajadoras hacia el precariado (Standing, 2011), el teléfono móvil se ha convertido en, parafraseando a McLuhan, extensiones del desempleado.

Sin embargo, conexión a Internet no es sinónimo de alfabetización (Almiron, 2002) y en las oleadas concéntricas (Castells, 1997) quedan fuera las personas situadas al otro lado de las brechas digitales, tanto a la hora de encontrar un empleo como de conseguir beneficios sociales.

El discurso mayoritario de los medios de masas ha debilitado también a las instituciones de apoyo de clase – sindicatos y familia principalmente – al estigmatizar a unos y agotar los recursos de las otras, sin que se hayan producido algunas previsiones optimistas de las teorías clásicas: no se han formado redes de desempleados socializando el poder de informar y de pensar (Sierra Caballero, 1999), y el precariado sigue sin tener memoria de clase (Standing 2011), ni siquiera como forma de identidad de resistencia de la que, presuntamente, pudiera surgir algún día una identidad proyecto (Castells, 1998).


Otras fuentes.

Castells, Manuel (Ed.). (2006). LA SOCIEDAD RED: UNA VISIÓN GLOBAL. Madrid: Alianza Editorial, S.A.

Castells, Manuel. (2003). LA ERA DE LA INFORMACIÓN: EL PODER DE LA IDENTIDAD. Torrejón de Ardoz (Madrid): Alianza Editorial, S.A.

INE. (octubre de 2014 y 2015). Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de Información y Comunicación en los Hogares. Obtenido de INE: http://www.ine.es/prensa/np864.pdf (2014) y http://www.ine.es/prensa/np933.pdf (2015)

Standing, G. (11 de febrero de 2015). El precariado. (ATTAC.TV, Entrevistador) http://www.attac.tv/2015/02/19333.

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