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LA OLA, LA IDENTIDAD COLECTIVA, LA CONSCIENCIA Y LAS PAJAS MENTALES

La ola

El profesor Wagner con sus alumnos haciendo el saludo del colectivo.

La ola, una película alemana de 2008, muestra cómo un grupo de estudiantes construyen, a partir de una serie de símbolos, una identidad colectiva, una ideología que hace que se crean superiores al resto. El alumnado, inconsciente, se deja llevar por un sentimiento construido a través de unas normas de cumplimiento estricto, engatusados por un profesor que pretende enseñarles a partir de un experimento social lo relativamente sencillo que es caer en una autocracia. El experimento se les va de las manos, tanto al profesor como al alumnado, introduciendo en la trama una serie de conflictos que desde el punto de vista del espectador parecen absurdos y producen en su mente cuestiones como: pero,  ¿por qué se dejan llevar? ¿Por qué tardan tanto en ser conscientes de su error?

Pues no, los conflictos no son tan absurdos. Es más, me atrevería a decir que cualquier persona que lea este artículo ha sido inconsciente más de una vez en su vida. Nos hemos dejado influir, amedrentar, por una idea colectiva, de grupo y hemos sido copartícipes de las decisiones que se han tomado de manera colectiva –falazmente, ya que siempre ha habido cabecillas y no creo recordar a mi yo de 16 años tomando decisiones para hacer pillerías de manera asamblearia y consensuada-. Algo que parece un grupo puede ser en realidad la directriz de una persona o un grupo de personas que toman decisiones de acuerdo a sus propios intereses, sin limitaciones, siendo éstas bendecidas con el beneplácito del resto del colectivo por la ausencia de consciencia. Entonces podríamos pensar: pero coño, si las personas que toman las decisiones lo hacen de forma correcta, ética, justa esto es bueno, ¿no? Mediante un silogismo lógico podríamos inducir a lo siguiente: si un dictador toma decisiones buenas, ¿también es bueno? Rotundamente, no. El problema de la dictadura o la autocracia no es cómo de buenas o de malas sean las decisiones tomadas, sino el simple hecho de que es meramente una dictadura o una autocracia. Fin. Manque joda.

Entonces, ¿yo soy inconsciente? No llores, amigo, amiga. Puede que sí. El primer camino hacia la consciencia es asumir su ausencia. Sin tapujos. Como decía un buen amigo: “el día que me di cuenta de que era gilipollas lloré durante dos semanas, pero el primer paso que di fue  intentar buscar un remedio”. Ésa es la clave.

Asumiendo la inconsciencia, puede que fruto de un fallo per se de la sociedad contemporánea y su misma idiosincrasia, puede que fruto de un terrible fallo del sistema educativo –que te instruye para ser una pieza más de un coche que renquea y expulsa humo negro, contaminante, nocivo- el pisto de conceptos e ideas mentales que tenemos en la cabeza es considerable. Nuestros conceptos e ideas mentales se transforman simplemente en pajas mentales, que sin reflexión, ni argumentación, ni practicismo nos dan un cierto placer. Nos dan gustico. Pensamos así porque sí, porque es lo que hay. Pensamos en nuestro ombligo, en nuestros cordones que siempre están bien atados, limpios. Lo único que queremos es pasarlo bien. Cuánto daño hizo Epicuro, maldita sea. ¡Eh!, Epicuro métete tu hedonismo sin consciencia por donde amargan los pepinos. Pero bueno, la felicidad individual es un cliché. Es lo que hemos mamado. Aunque eso no justifica que una idea, por ser asumida, sea buena.

Lo peor viene cuando tenemos un concepto, una idea, un pensamiento que no sabemos que ronda por nuestra cabecilla –pero ahí está haciendo ganchillo, esperando su momento- o cuando tampoco sabemos por qué la idea está ahí. El problema también se agrava cuando las ideas son expresadas sin tener un conocimiento más allá del que nos ha ofrecido el simple camino de la vida, sin un proceso de reflexión previo, siendo parte de un colectivo sin crítica, hasta arriba de opio. Si preguntas como las siguientes no hemos sido capaces de formulárnoslas y tratar de responderlas mientras caminábamos a tropezones por la vida buscando yo que sé qué, el resultado más probable es que por nuestra misma inconsciencia mezclemos las churras con las merinas. Preguntas como: ¿en qué sistema social vivimos? ¿Qué aporta? ¿Qué produce? ¿Qué fallos tiene? Incluso otras más elementales a nivel conceptual teórico: ¿qué es el liberalismo? ¿Qué es el feminismo? ¿Qué es el socialismo? ¿Qué es el nacional-socialismo? ¿Qué es el comunismo? ¿Qué es un antisistema? ¿Qué es el anarquismo? ¿Por qué amargan los pepinos por ahí?

De estos fallos o ausencias conceptuales viene lo peor, las respuestas de cajón, que no son más que ideas extendidas y apoyadas sin ninguna base. La primera e incuestionable: esto es así porque sí, ha sido así siempre y no se puede cambiar. Ahora viene la relación de frases típicas: la culpa es de los políticos, que solo miran por su interés y no por el de su pueblo –este argumento podría ser del tipo antisistema, ya que muestra su repulsión contra el sistema establecido-. La culpa es del Estado que nos exprime y no nos deja volar, nos sobreprotege y anula las inversiones –argumento liberal -. Lo que hay que hacer es ayudar al pueblo –argumento socialista, libertador, comunista-. Lo que hay que hacer es ayudar a nuestro pueblo, al resto que les den y se busquen la vida como nosotros –argumento nacional-socialista-. Lo que hay que hacer es que cada cual se busque la vida y apoyarnos los unos con los otros­ –argumento de apoyo mutuo, autogestión, anarquía-. A las mujeres se les han dado muchos derechos y ahora a los hombres se nos desprecia –argumento machista-. Las mujeres cobran menos y están menos valoradas –argumento feminista-. La culpa es de los de fuera, que nos roban el trabajo –argumento nacional-socialista-. Los inmigrantes pobrecillos vienen a buscarse la vida y hacen lo que nosotros no queremos hacer –argumento solidario, al empatizar por su mala situación y los motivos de la fuga de su país-. No a la guerra, las guerras son terribles –argumento pacifista-. Les pongo dos bombas y lo dejo todo como un huerto –argumento belicista-. Que se queden en su país –argumento nacional-socialista-. Cómo no van a venir a huir de su país si no hay nada más que miseria, hay que ayudarlos –argumento solidario, socialista-. A mí nadie me va a decir lo que puedo o no puedo decir, hay libertad de expresión –argumento democrático, socialista, liberal-. Tanta libertad de expresión se está yendo de las manos, hay cosas que no se pueden decir o pensar-argumento antidemocrático, dictatorial-. Terrible, ¿verdad? Pues todos estos argumentos pueden convivir a la vez en nuestra cabeza sin que se produzca ningún tipo de explosión neuronal que produzca una ruptura espacio-temporal, forme un agujero negro y absorba el sistema solar.

Ahora alguien podrá pensar: “y qué, yo puedo pensar lo que quiera porque comparto ideas de unos y de otros”. Sí, poderse se puede. Es incoherente, pero se puede. El camino de la vida está plagado de incoherencias. La cuestión es que nuestra incoherencia, nuestra inconsciencia, nuestra falta de ética y educación cívica es la que hace que seamos fáciles de oprimir. El sistema donde vivimos se beneficia de nuestra inconsciencia. Tardamos demasiado poco en aceptar recortes de derechos y libertades, porque no sabemos qué implica en realidad el concepto de derecho y también porque prima la idea de esto es así, porque es así. El día que nos damos cuenta de esa pérdida, ya no será pérdida porque el derecho habrá dejado de existir y no se puede echar de menos algo que no se tiene –el doblepiensa de Orwell es un claro ejemplo literario de esto.

Por esto, cualquier persona puede llamar a otra antisistema de forma peyorativa y a la vez haber hecho pellas en el colegio, comprar alcohol siendo menor de edad, darse a la fuga de un control de alcoholemia, irse de putas y Bourbon, protestar enérgicamente por una multa de tráfico en la barra de un bar de barrio, cagarse en la policía local y a la vez amar a los Cuerpos de Seguridad del Estado, insultar a homosexuales y a inmigrantes, hacer trapicheos y evadir impuestos, agredir sexualmente a mujeres semanalmente y cosificarlas, decir que todas las mujeres son unas putas y que tu madre es una santa o desear que una única persona sea la que tome las decisiones de todo un pueblo. Pero claro, antisistema es un simple significante que toma forma en la individualidad de cada mente. Cualquiera que ataque tu sistema, por inhumano que pueda ser, es para ti antisistema. Por eso para mí, con todas mis incoherencias, errores y estupideces que he cometido y cometeré, el antisistema es más aquella persona que hace todo lo anterior. Porque mi sistema, el que defiendo, es el de la misma humanidad y cualquier persona que vulnere mi sistema, está atacándolo. Y como es mi paja mental, me da gustico. Seré un inconsciente.

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