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Acaparamiento de tierras: la deslocalización agrícola a gran escala

En diciembre de 2015 escribí este trabajo sobre la tendencia del capital internacional – léase grandes inversores financieros – a comprar grandes superficies de terreno en países pobres con grandes extensiones disponibles. Las consecuencias son muchas y malas para la población local, pero además suponen un paso más en la globalización de la producción de alimentos, energía, y en general productos básicos.

Lo publico ahora con fecha de entonces, que más vale tarde que nunca. Y como de costumbre, para hacer boca, un bonito y estimulante vídeo:

Existe controversia a la hora de definir el término “acaparamiento de tierras” porque depende de múltiples variables: la extensión del terreno, la forma de propiedad – compra, arrendamiento, leasing, etc. – aunque siempre a largo plazo, la regulación y transparencia aplicadas,…

Una posible definición podría ser “La adquisición de derechos sobre grandes extensiones de tierra en países en desarrollo por parte de compañías locales o transnacionales, gobiernos e inversores particulares, con fines especulativos, de explotación de monocultivos para la exportación o la producción de biocombustibles”.

El fenómeno no es nuevo en absoluto, puesto que ha existido tanto en épocas pre-coloniales como coloniales, e incluso se da como forma de desigualdad interna en los países exportadores de productos agrarios. Por ejemplo, en EEUU el 4% de los terratenientes poseen aproximadamente la mitad de la tierra cultivada, el 8% de los guatemaltecos el 80%, o el 1% de los propietarios brasileños son dueños de la mitad de la extensión cultivable[1].

Son varios los factores que lo hacen diferente en la actualidad[2]:

  • El ritmo rápido desde la crisis alimentaria de 2007-2008, incentivado por dinámicas en el sistema alimentario, preocupaciones energéticas, y disponibilidad de flujos de inversión tras la crisis financiera mundial de 2007.
Acaparamiento de tierras: el legado de la crisis de los alimentos de 2008

Acaparamiento de tierras: el legado de la crisis de los alimentos de 2008

  • Consolidación de compras en gran escala, en rangos de decenas a centenares de miles de Ha.
  • Formatos de compra u otro tipo de contratos, pero siempre a largo plazo desde 30 a 99 años.
  • El alcance global: África, América Latina, sur y sudeste de Asia, la antigua Eurasia soviética.

Los actores.

En un mundo globalizado, los actores son también mayoritariamente globales. Además de las compañías transnacionales agrícolas son relevantes otros actores en el mercado global de tierras:

  • Los estados importadores de alimentos[3]. China, India, Japón, Israel, Corea del Sur, Emiratos Árabes, entre otros.
  • Las instituciones financieras globales. También el FMI y la OMC, pero sobre todo el Banco Mundial es un actor directo, contribuyendo con la financiación de proyectos.
  • Los países de la OCDE. Mediante directivas y legislación medioambiental – por ejemplo la Directiva de Energías Renovables de la UE, o la American Clean Energy and Security Act de EEUU – impulsan el cultivo de agro-combustibles.
  • Inversores financieros. Daewoo Logistics, Dexon Capital, Calyx Agro, TIAA-CREF, UBS Agroinvest, [4]… E inversores institucionales de todo tipo, incluyendo hedge funds, fondos de pensiones, o incluso universidades como Harvard o Vanderbilt[5].
  • Instituciones Financieras de Desarrollo[6]. Las IFD se guían, además de por el beneficio, por mandatos concretos relacionados con la pobreza, sociales, medioambientales,…

Los objetivos de inversión.

En lo que se refiere a objetivos inversores de índole económica o financiera:

  • Algunos países, como Arabia Saudí, Corea del Sur e Israel, compran terrenos para asegurar la alimentación de sus poblaciones ante el temor a posibles escaseces.
  • Compañías financieras y fondos de todo tipo buscan la rentabilidad a corto plazo de las tierras virtuales apropiándose de subsidios y avales, para especulación basada en valores futuros, o en la intermediación de préstamos con las IFD.
  • Monocultivos de los denominados productos flexibles: cosechas susceptibles de ser rentabilizadas en diversos mercados. Por ejemplo, el maíz o los aceites de soja y palma pueden ser utilizados como base para biocombustibles, alimentación, o aplicaciones industriales. En el caso de los árboles de crecimiento rápido como el pino o el eucalipto, pueden utilizarse como biocombustibles – pellet – o para generar pasta de papel.
  • El acaparamiento verde de reservas naturales con fines mercantiles en mercados de gases de efecto invernadero.
  • El control de los recursos hídricos con diversas finalidades: control del agua para regadíos extensos, minería, industrias relacionadas con la alimentación, energía hidráulica, etc.

Debido a los conflictos que origina en algunos casos la dinámica de expropiación, además de las razones anteriores, se están divulgando algunos slogans de dudosa verificación, de los que citaré tres:

  • Hay tierras excedentes disponibles, ociosas o degradadas. Es la versión que ha desarrollado el Banco Mundial, dando cifras de 445 millones de Ha[7]. Pero los inversores no persiguen tierras ociosas o degradadas sino superficies de alto rendimiento agrícola, y una densidad inferior a 25 personas por km2 no implica que estén desiertas o no cumplan funciones básicas en el ecosistema.
  • La agricultura necesita inversión extranjera. De nuevo es el Banco Mundial la fuente de esta idea, pero no hay constancia de que la pobreza y el hambre sean consecuencias de la falta de inversiones, sino en general de la ausencia de apoyo a la agricultura desde las políticas públicas.
  • Es necesario para lidiar con la escasez de alimentos y de combustibles para el transporte. El alimentario es un problema de distribución de excedentes y de su precio, que no se resuelven con monocultivos agroindustriales. En cuanto a los biocombustibles, hay que recordar que la huella ecológica de su obtención es extensa, y que en cualquier caso detraer superficies de cultivos alimentarios para abaratar su transporte difícilmente puede considerarse una solución.

Consecuencias.

El acaparamiento de grandes superficies tiene un impacto muy directo sobre las poblaciones que explotaban el terreno. Los agricultores locales se ven desplazados de las tierras en las que han cultivado el alimento para su subsistencia durante generaciones, con frecuencia sin obtener a cambio la seguridad de un empleo o una compensación adecuada debido a la información asimétrica y la carencia de poder negociador que la ausencia de redes sociales previas implica.

El impacto medioambiental mayor es probablemente sobre los ecosistemas allá donde la tierra requiere adecuación para su uso agroindustrial, desplazando los sumideros de carbono naturales – bosques, turberas y pastos[8] – y reduciendo o incluso anulando los posibles beneficios potenciales del uso de biocombustibles.

Pero existe un impacto social más importante cuando se desvían recursos alimentarios tradicionales para su explotación en otros usos de mayor rentabilidad, y a gran escala. Es lo que generó la crisis de 2007-2008 con el alza de precios del maíz para la explotación como biodiesel, y en general con los incrementos de precios de cereales y otros alimentos. La razón es que el porcentaje de rentas dedicado a la alimentación es inversamente proporcional al PIB per cápita, y recordemos que las compras masivas de tierras se producen en países con una renta per cápita relativamente baja, o muy baja.

Actualmente el incremento de precios continúa, habiendo variado por ejemplo el precio del trigo en El Salvador en un 95% entre junio de 2012 y junio 2013, o un 135% el del maíz en Malawi[9].

Precio de alimentos y gasto en alimentación

Precio de alimentos y gasto en alimentación

Conclusión.

El acaparamiento de tierras no es un fenómeno nuevo, aunque sí ha adquirido nuevas características basadas en mercados globales. Tiene básicamente dos objetivos económicos: el beneficio para el capital que se ha retirado de los mercados especulativos afectados por la crisis de confianza del 2007, y la rentabilidad a largo plazo de inversiones relacionadas con la alimentación y los biocombustibles mediante aplicaciones agroindustriales en terrenos de gran superficie y bajo coste.

Pero existe otro objetivo estratégico a más largo plazo que es el control de los recursos que serán importantes cuando los efectos del cambio climático se acentúen: la alimentación y sobre todo, el agua.

Queda también patente que este fenómeno no puede desligarse de las ideologías surgidas del consenso de Washington, que facilitan la mercantilización de recursos vitales para la población, desafiando el concepto de soberanía alimenticia: la facultad de cada pueblo para definir sus propias políticas agrarias y alimentarias de acuerdo con objetivos de desarrollo sostenible. No es de extrañar pues que hayan surgido movimientos globales de resistencia contra la mercantilización de tierras y agua[10].

La imagen del movimiento global hacia el control de recursos no está completa sin introducir las patentes sobre las semillas transgénicas, la propiedad de fertilizantes e insecticidas, la explotación industrial de recursos hídricos, la externalización de la contaminación, y un largo etcétera. El espacio asignado a este trabajo no lo permite, pero sólo entonces sería posible obtener una imagen de la presión sobre las explotaciones agrícolas alimentarias de los países en desarrollo.

La consecuencia de la liberalización y desregulación es la mercantilización a beneficio de capitales globales de todos los recursos, incluso los imprescindibles para la vida en el planeta, e incluido el propio planeta. En este contexto, quizás no debiera sorprendernos escuchar expresiones como guerra ecológica[11], o guerras del agua[12].

También, quizás, debiéramos recordar que economía y ecología comparten la raíz eco: casa. Y quizás sería tiempo de recordar que en su origen etimológico economía significó la administración de la casa común, y sería administrador desleal quien sólo buscase su propio provecho.


Referencias:

Casilda, Ramón (2005). “América latina: del consenso de Washington a la Agenda del Desarrollo de Barcelona”. Documento de trabajo 10/2005 del Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales y Estratégicos.

Disponible en http://www.realinstitutoelcano.org/documentos/177/Casilda%20pdf.pdf

Deninger, Klaus et al (2011). “Rising global interest in farmland”. The World Bank.

Disponible en http://siteresources.worldbank.org/INTARD/Resources/ESW_Sept7_final_final.pdf

Franco, Borras Jr., Fradejas, Buxton, Herre, Kay, Feodoroff (febrero 2013). “El acaparamiento global de tierras. Una guía básica”. Transnational Institute (TNI). Consultado en la versión traducida al castellano y editada por FUHEM Ecosocial.

Disponible en https://www.fuhem.es/ecosocial/articulos.aspx?v=9395

Ocampo, Stallings, Bustillo, Velloso, y Frenkel (mayo 2014). “La crisis latinoamericana de la deuda desde la perspectiva histórica”. Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

Disponible en: http://www10.iadb.org/intal/intalcdi/PE/2014/14359.pdf

Oxfam Intermon (18 abril 2012). “Negocios arriesgados. Préstamos mediante intermediarios y financiación del desarrollo”. Nota informativa.

Disponible en:

http://www.oxfamintermon.org/es/documentos/18/04/12/negocios-arriesgados-prestamos-mediante-intermediarios-financiacion-del-desarrol

Oxfam Intermon (17 de septiembre 2012). “Las semillas del hambre”. Informe de OXFAM 161.

Disponible en: http://www.oxfamintermon.org/es/documentos/17/09/12/semillas-del-hambre

Oxfam Intermon (octubre 2012). “NUESTRA TIERRA, NUESTRAS VIDAS. Tiempo muerto para la compra masiva de tierras”. Nota informativa.

Disponible en: http://www.oxfamintermon.org/es/documentos/04/10/12/nuestra-tierra-nuestras-vidas


[1] Cavero, Teresa (Coordinadora de estudios de Intermon OXFAM,15 junio 2011). “La tierra de África en manos de los fondos de inversión”. Blogs Planeta Futuro, El País. Disponible en http://blogs.elpais.com/3500-millones/2011/06/tierra.html

[2] TNI (2013). Páginas 11-12

[3] Grain (2009). “Los nuevos dueños de la tierra”. Disponible en https://www.grain.org/es/article/entries/195-los-nuevos-duenos-de-la-tierra

[4] Grain (2009). “El nuevo acaparamiento agrario”. Disponible en https://www.grain.org/es/article/entries/1230-se-aduenan-de-la-tierra-el-nuevo-acaparamiento-agrario

[5] García Vega, Miguel Ángel (5 octubre 2014). “Tierras de labor transnacionales”. El País. Disponible en http://economia.elpais.com/economia/2014/10/03/actualidad/1412353243_810220.html

[6] Oxfam (18 abril 2012). “Negocios arriesgados. Préstamos mediante intermediarios y financiación del desarrollo”. Página 3.

[7] Klaus Deninger et al (2011). “Rising global interest in farmland”.  The World Bank. Página 35.

[8] Oxfam (17 de septiembre 2012). “Las semillas del hambre”. Página 2.

[9] Grupo Banco Mundial (julio 2013). “Food Price Watch”. Páginas 4 y 5. Disponible en http://documentos.bancomundial.org/curated/es/2013/07/18806680/food-price-watch

[10] Por ejemplo Grain (https://www.grain.org/es), la Vía Campesina (http://viacampesina.org/es/), y OXFAM Intermon (http://www.oxfamintermon.org/es/que-hacemos/programas-de-desarrollo) entre otras.

[11] Ignacio Ramonet. Ver http://www.rebelion.org/hemeroteca/opinion/ramonet031202.htm

[12] Conflictos locales en la nomenclatura de Naciones Unidas. Ver por ejemplo el Resumen Ejecutivo del informe “Water for a sustainable World” de la ONU, disponible en https://www.unesco-ihe.org/sites/default/files/wwdr_2015.pdf

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2 comentarios en “Acaparamiento de tierras: la deslocalización agrícola a gran escala

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