8 de 10 – Construyendo electores: la Sociedad Red

Entretanto se han desarrollado y extendido las comunicaciones basadas en las conocidas  Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), que según muchos gurús están cambiando el mundo. Sería más exacto afirmar que están cambiando algunos aspectos de nuestras actitudes mientras sirven de contrapoder del contrapoder de los grandes medios. Sin embargo estas tecnologías no son universales. No llegan a una parte significativa de la sociedad que simplemente no sabe de su existencia, y tampoco son la panacea porque están deshaciendo como azucarillos piedras angulares de nuestra sociedad y sustituyéndolas por baratijas.

No obstante, desde el nivel político el 15M no sólo instauró una nueva forma de ver la política, sino que también revolucionó la gestión de la comunicación por medio de Internet, creando un canal de acción participativa que no existía. Ahí residen los pros de la tecnología.

Pero también ha actuado sobre los individuos en una forma que ha debilitado nuestra capacidad para comprender un entorno que se ha tornado incierto, degenerando conceptos como la socialización, la amistad, la relación con los extraños, sin hablar de ecología planetaria –  minerales de sangre y reciclaje sin ir más lejos. Son los contras.

La derivada de todos estos vectores de cambio es la aplicación sobre nuestra cultura de innovaciones tan repentinas que las adoptamos como vienen sin que hayamos tenido tiempo de reflexionar sobre los anteriores: lo que Castells (1998) denomina “la perplejidad informada”. El resultado es una avalancha de cambios acelerados que extrema la desigualdad, no sólo socioeconómica, sino sobre todo cultural. Es la marginación digital, la brecha del conocimiento que multiplica el abanico de desigualdades y causas de exclusión. Y sin embargo, pone en nuestras manos un potencial revolucionario que apenas si hemos empezado a explotar. Un nuevo mundo repleto de paradojas y contradicciones.

Antes de entrar en materia os dejo con un trailer de la película Her. Lo sorprendente de esta historia no es la historia en sí misma – chico-conoce-sistema-operativo, chico-se-enamora-de-sistema-operativo,… ¿a quién no le ha pasado?sino el mismo hecho de que la historia llegue a resultar creíble.

Por la Red hacia la Liquidez.

Creo que hay que empezar por definir hacia qué paradigma social estamos mutando. Se ha hablado de sociedad postindustrial[1], de la información[2], digital[3], de la complejidad[4],… Sin despreciar las definiciones anteriores, para este trabajo en concreto soy partidario de hablar de Sociedad Red, definida por Manuel Castells (2004) como “aquella cuya estructura social está compuesta de redes potenciadas por tecnologías de la información y de la comunicación (TIC) basadas en la microelectrónica… Entiendo por estructura social aquellos acuerdos organizativos humanos en relación con la producción, el consumo, la reproducción, la experiencia y el poder, expresados mediante una comunicación significativa codificada por la cultura…. Somos individuos sociales en una red de interconexiones sin centro”.

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Los investigadores afirman que estamos superando el cambio social, y es muy probable que estemos viviendo un cambio de civilización. Pero ¿en qué se traduce actualmente ese alud de cambios en la estructura social? Sería muy largo detallarlo, pero citaré algunas de las cosas que ya no son como antaño[5], es decir, como hace diez años[6], y es muy poco probable que vuelvan a serlo:

El mercado laboral ha cambiado por completo, y de rebote la estructura de clases: las clases medias se han proletarizado, la clase alta vuela ya tan alto que se ha perdido de vista, los proletarios se han precarizado. Pero lo más importante probablemente sea que los ascensores sociales[7] prácticamente han desaparecido, condenando las nuevas generaciones a instalarse en el precariado y/o renunciar a sus derechos. Mientras tanto, los nativos tecnológicos focalizados en nuevos oficios basados en TIC han descubierto nuevas formas de trabajo, y los sindicatos andan a la deriva en plena tempestad conformándose con una caída en porcentajes de afiliación del ya mísero 24% de 2009 al actual 15%[8].

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Nos concentramos cada vez más en nosotros mismos, y en quienes refuerzan nuestra visión de la realidad mientras nos alejamos de aquellas oportunidades de interacción que podrían aportar nuevas perspectivas. Es la soledad interconectada, en la que interaccionamos continuamente con amigos ficticios y seguidores de conveniencia sin ver lo que ocurre a nuestro alrededor. Hemos perdido la capacidad de la charla casual con desconocidos porque estamos ensimismados en lo que podemos dominar: nuestra realidad virtual, construida a nuestra imagen y semejanza para mayor beneficio de las operadoras del ramo. Un ejemplo que ya usé en el pasado, pero que me sigue sacando de quicio cada vez que lo veo:

Derivado de lo anterior, existe una tercera vía de socialización digital que complementa la primaria y secundaria descritas en otro post de esta serie, amenazando con sustituirlas en parte. Su bondad estriba en que es continua, no finaliza al dejar el trabajo o las aulas, y es elegida por nosotros. Su riesgo, precisamente, en que es continua y nos priva de otras interacciones, no finaliza al regresar a casa convirtiéndose con frecuencia en adictiva[9], y no aporta nada nuevo porque es elegida cuidadosamente para protegernos en nuestra esfera de confort.

Aparecen nuevas formas de relación social en la cibercultura (Levy, 2007), con tres principios comunes  todas ellas: la interconexión basada en la sensación de espacio englobante que sustituye a los canales clásicos, aparecen comunidades virtuales construidos a partir de intereses y afinidades compartidos con independencia de las localizaciones geográficas y culturales, se genera un principio de inteligencia colectiva que plantea muchos problemas para llegar a ser solución.

No puedo dejar de mencionar la construcción de identidades situacionales sustentadas por el simulacro de anonimato de Internet. Para entendernos, los troles creados por personas que nos sorprenderían en la vida real, máscaras para obtener un poder efímero sobre sus interactuantes. Es también la posibilidad de utilizar diferentes identidades según un contexto en el que el rostro de los interlocutores no es visible en la mayoría de los encuentros.

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En la introducción a Tiempos líquidos Zygmunt Bauman describe “un escenario nuevo y sin precedentes para las elecciones individuales, y que presentan una serie de retos antes nunca vistos” en las que la sociedad moderna sólida deja paso a una sociedad líquida, “es decir, a una condición en la que las formas sociales (las estructuras que limitan las elecciones individuales, las instituciones que salvaguardan la continuidad de los hábitos, los modelos de comportamiento aceptables) ya no pueden (ni se espera que puedan) mantener su forma por más tiempo, porque se descomponen y se derriten antes de que se cuente con el tiempo necesario para asumirlas y, una vez asumidas, ocupar el lugar que se les ha asignado.

En este escenario líquido, política y poder se han separado, mientras las estructuras sociales de protección se debilitan y son sustituidas por redes fluidas, amorfas. La planificación y el pensamiento a largo plazo se colapsan en favor de nuevas habilidades de supervivencia en situación de incertidumbre, basadas en la facilidad para abandonar lo obsoleto y adoptar estrategias de utilización de los recursos con que se cuenta. Es decir, adaptadas al ahora y aquí: el paraíso de los sesgos heurísticos.

En esta modernidad flexible y cambiante que Castells (1997) caracteriza de “desorden metasocial del nuevo orden social, la sociedad red”, la responsabilidad de las elecciones recae sobre el individuo, que debe tomar decisiones en circunstancias volátiles y pagar el precio de sus errores sin contar con estructuras eficientes que frenen su caída, ni, por el contrario, limiten su vuelo cuando acierta.

El optimista imaginario que habitualmente pulula por estas páginas pensará que soy un cenizo por ver en negativo estas facetas que he mencionado, no es cierto. La construcción de identidades adaptadas al contexto permite la realización de interacciones que no serían posibles en un mundo físico[10], el abandono de las interacciones casuales incrementa nuestro confort social, y los cambios en el mercado facilitan nuevas formas de trabajo en las que no podíamos ni siquiera pensar quince años atrás. Es cambio, y mientras está cambiando, nuestro universo permanece en la zona gris, la zona de incertidumbre.

Al analizar la relación entre ordenador y comunicación, Castells (1997) señala que “no sustituye a los demás medios de comunicación ni crea nuevas redes: refuerza los modelos sociales ya existentes.” La tecnología no impide que el ser humano se desarrolle, es la ciudadanía quien acepta las directrices marcadas por los agentes globales a mayor gloria del consumismo sin consciencia[12], o en otro plano se rebela contra la ideología dominante e inicia una revolución global coordinada creando formas de movimientos sociales nunca vistos antes.

la tecnología no determina la sociedad, porque son los actores interesados en que el cambio se produzca los agentes de su dirección[11].

In and Out.

El optimista desatado que pulula por mi mente dirá que el futuro es esplendoroso, porque hasta la abuela usa Internet. Seamos serios, usa WhatsApp, y que esta aplicación se apoye en Internet es irrelevante porque ellas inventaron los grupos mucho tiempo antes de que toda esa tecnología fuese siquiera una idea en la cabeza de algún técnico gañán con escasa vida social:

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Los grupos de chat – bacineo en el argot técnico – predecesores de WhatsApp.

En realidad, el porcentaje de penetración de Internet sobre la población mundial era del 22,5% en 2008, y del 49,2% en junio de 2016[13]. Es mucho el crecimiento, pero todavía significa que la mitad de la población mundial no utiliza Internet. Citando a Cebrián (1998): “…las oportunidades de trabajo, educación, ocio y bienestar para quienes forman parte del sistema aumentarán de manera casi exponencial, mientras que los que se queden al margen verán como aumenta su marginación y alienación con respecto a la sociedad en la que, inútilmente, pretenden integrarse”.

De hecho, cuando se habla de la brecha digital en España es frecuente pensar en quienes no tienen acceso a Internet, y sin embargo son una minoría: el 77,8% de las viviendas tienen conexión de banda ancha, y el 96,7% teléfono móvil. Claro que el acceso a Internet por banda ancha es bastante irregular, oscilando entre el 85,7% de Madrid y el 70% de Extremadura. Pero no es esa la principal causa de marginación digital, sino la falta de habilidades para buscar información en Internet, discriminar la mucha desinformación que satura el medio, y obtener provecho de la información adecuada. Es la segunda brecha, la alfabetización digital que tiene una sólida base en la brecha digital de género.

Claro que algún escéptico ludita podría decirme que todavía quedan actividades que no están basadas en las conocidas TIC, donde estas brechas no tengan sentido. ¿De verdad? Cuando vais a comprar, aunque paguéis en metálico, ¿no hay una caja registradora conectada a un software de contabilidad? ¿Y no tenéis un Documento de Identidad con un chip? ¿Creéis que porque vuestro teléfono móvil no esté conectado a Internet Hacienda no os tiene en sus bases de datos y la operadora no sabe de vuestras vidas? Sabed además que la tendencia de las Administraciones Públicas es hacia el autoservicio telemático, y Hacienda ha dejado de aceptar declaraciones escritas con bolígrafo. Preparaos porque incluso el trabajo precario ha adoptado la tecnología móvil, y el acceso a Internet por telefonía móvil superó en 2014 a los ordenadores.

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Ciencia, arruinándolo todo desde 1543

Sin embargo, y aun dejando aparte los luditas[14], marginados tecnológicos voluntarios, sigue quedando mucha gente sometida a los cambios sociales, sin oportunidad alguna de sacar partido de ella por sí mismos. Es una nueva forma de dependencia digital, aquellos que dependen de terceros para realizar las transacciones más habituales.

 

Por ejemplo, en la encuesta del INE de 2015, más de cinco millones de personas declararon que no habían podido realizar trámites por Internet con las Administraciones Públicas, teniendo necesidad de hacerlo. De estas personas, el 44,2% delegó en terceros[15], lo que significa un riesgo para el interesado y un beneficio para las gestorías, y el 23,8% abandonaron el intento ante su falta de habilidades. Pensad por ejemplo en aquellos excluidos digitales que no disponen de capacidad para consultar su borrador de la Renta: tendrán que elegir entre pagar en torno a 40€ a una gestoría por descargar el borrador, tengan o no devolución pendiente, o quedarse sin devolución.

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Son varios los factores que marcan la propensión a caer en el lado oscuro de la desigualdad digital, pero los más importantes son indirectos y tienen poco que ver en sí mismos con la tecnología: la motivación de la conexión (ociosa o productiva), la finalidad del acceso a Internet (jugar o aprender), realizar la formación en centros privados o públicos[16], las diferencias socioeconómicas y de género, el nivel de conocimiento. Dicho de otra forma, Internet sirve de poco si eres ama de casa y tu tiempo de ocio es el que sobra tras cuidar a los niños y mantener el hogar. A ese respecto de poco te ayudará leerte los programas políticos online si no tienes ni idea de economía y la lectura te resulta una pesada carga, o la búsqueda de empleo por Internet si sólo pudiste acabar la enseñanza primaria.

De todo lo dicho, lo realmente fundamental es recordar que aproximadamente una quinta parte de la población española ni siquiera utiliza Internet, pero como siempre con una amplia desigualdad en su distribución: menos del 16% de Madrid, Cataluña, el país Vasco, Navarra o Baleares, pero más del 25% en Castilla-la Mancha, Extremadura, Galicia o Andalucía.

Es importante en este contexto entender que los cambios sociales empujados por nuevas tecnologías no siempre son previsibles, pero siempre está claro quién gana qué, y quién pierde qué, porque en cada herramienta tecnológica hay inscrita una predisposición a construir el mundo en una determinada forma, una cierta tendencia ideológica.

Por tanto los beneficios de la sociedad red son inexistentes para estas personas. No os esforcéis en enviarles mensajes por Redes Sociales o hablarles de las noticias publicadas en periódicos digitales, porque son ciegos y sordos a esa realidad, y sin embargo, aunque no lo sepan ni puedan entenderlo, siguen siendo parte de la Sociedad Red. Castells lo describía así (1997): “es una revolución que se está desarrollando en oleadas concéntricas, iniciadas en los niveles más elevados de educación y riqueza, probablemente incapaz de alcanzar a grandes segmentos de las masas incultas”.

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Tecnoélite rural.

Leung (2007) va más allá al pronosticar que  serán las minorías étnicas que utilizan las TIC quienes acaban convirtiéndose en tecnoélites, que exigen hablar en nombre de sus comunidades en la Red.

 

Bauman (2005) incluso afirma que “la mayoría está excluida del festín planetario. No hay un bazar multicultural para ellos”. Es la otra forma de desigualdad que refuerza la socioeconómica y ahonda en la brecha, es la desigualdad digital que todos los usuarios en la Red contribuimos a incrementar añadiendo conocimiento para aquellos que ya lo tienen, sin esforzarnos por quienes nunca podrán alcanzarlo ahí donde lo hemos puesto.

El impulso del 15M[17]: un (muy) breve apunte.

Mucho se ha preguntado dónde ha ido a parar el 15M, y algunos responden apuntando a la aparente estrella más rutilante: el partido político Podemos. Pero Podemos es hoy un partido institucional, que ya poco o nada que ver con los valores de aquel movimiento sin líderes, donde las decisiones se tomaban en asamblea por consenso. En cambio han florecido otros muchos actores sociales que no habrían sido posibles sin el 15M, pero que buena parte del público ignora, en ambos sentidos de la palabra.

Los medios de comunicación, al igual que las demás instituciones del estado, se habían acomodado en la tensión entre tres elementos: su credibilidad, los intereses gubernativos, y sus objetivos empresariales. De este estado de confort tendiendo hacia la estabilidad han venido a sacarlo actores digitales. Los nuevos medios online en Internet actúan como contrapoder de los medios clásicos poniendo en la agenda temas incómodos, u otorgando visibilidad a quienes no interesan a los poderes públicos y fácticos. La segunda línea de equilibrio han sido las organizaciones de investigación, desde CIVIO hasta consorcios libres de periodistas que ejercen en su tiempo disponible aquello que antes se incluía en la nómina de los periódicos: publicar verdades incómodas. Hay que hablar también de los expertos en línea emitiendo conocimiento crítico, como Economistas Frente a la Crisis o Politikon. Las identidades de resistencia han encontrado un fuerte apoyo en herramientas que facilitan una cooperación líquida: avaaz.org, change.org, wemove.eu,… Por último, los prosumidores[18] de información emiten sus opiniones y ayudan a la formación de visiones alternativas. Si hoy existe en España un contrapoder que trata de equilibrar la balanza de la información, está en Internet y nació con el 15M.

EL BIFI ha realizado un estudio (http://15m.bifi.es) sobre la propagación en las redes sociales del fenómeno 15M. El estudio realizado en colaboración con Cierzo Development ha tenido como objetivo investigar, por una parte, las propiedades estadísticas de la información difundida y por otra, cómo son los patrones de conexión entre aquellos que propagan y reciben dicha información. Fijaos en el grado de comunicación en momentos importantes del 15M, como la madrugada del 17M cuando la policía intenta desalojar la Puerta del Sol en Madrid.

La comunicación en la Sociedad Red: desmontando mitos.

Uno de los fenómenos que caracteriza a la sociedad red es la pluralidad de canales. Junto con los mega-comunicadores (grandes consorcios de medios globales) aparecen meso- comunicadores (comunicación local y descentralizada) y prosumidores (consumidores de información que la elaboran y la reemiten). Es decir, se superponen simultáneamente los mensajes de la globalización con la reivindicación de lo autóctono y de lo transversal. Así se reduce la fricción del espacio-tiempo, pero también facilita las interacciones en la glocalidad (Hampton, 2003), definida como la adopción de tecnologías globales para su uso local.

Aparecen los conceptos en la Red de cosmopolitismo (identificación con el mundo, antinacional y global al mismo tiempo) e indigenismo (arraigo e historia local que puede darse en cualquier subconjunto de cualquier población) señalados por Friedman (2007). Son tendencias cuya simultaneidad sería inconcebible sin tener en cuenta las TIC.

En este entorno de superposición de tendencias navegan los tecno-optimistas, tecno-escépticos, tecno-críticos, y algún tecno-cosa que me estoy olvidando. Mencionaré algunas de las principales teorías críticas, y vosotros elegís si preferís seguir padeciendo la brillante tecnofilia:

Hablando del modelo socio-cultural multimedia, Castells (1997) señala las siguientes características:

  • Se segmentan las audiencias por diferenciación social y cultural.
  • Hay una estratificación social creciente entre los usuarios, creando dos poblaciones muy distintas: los interactuantes y los interactuados. Es decir, quienes son capaces de seleccionar y utilizar circuitos de comunicación multidireccionales, y quienes sólo recibirán un número limitado de opciones preempaquetadas.
  • Se integran los mensajes en un modelo cognitivo común, y así cuesta diferenciar el código de un videojuego o un programa educativo, o las noticias de un espectáculo audio-visual. Los mensajes se vuelven cada vez menos distinguibles de una película de acción.
  • Captura dentro de sus dominios la mayor parte de las expresiones culturales en toda su diversidad, limando o eliminando la diferencia entre medios audiovisuales o impresos, cultura popular y erudita, entretenimiento e información, educación y persuasión.

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Una investigadora más crítica, Almiron (2002) reflexionó sobre la globalización y sus mitos llegando a las siguientes conclusiones:

  • La globalización, ni es reciente ni es económica. En primer lugar porque la economía ya estaba prácticamente globalizada a finales del siglo XIX[19], y en segundo lugar porque además del aspecto económico hay que señalar las facetas tecnológicas, políticas, comunicativas y culturales, como mínimo.
  • Antes de la globalización tecnológica, hay una tecnología que globaliza. Lo que hace posible este modelo de globalización son ciertamente las TIC, pero la tecnología no es la creadora de entidades y organismos supranacionales, tan sólo optimiza su funcionamiento.
  • Ésta es más una sociedad de la comunicación (la conectividad) que de la información (el contenido).
  • La globalización no es sólo americanización. Pensar en la globalización como una continuación del imperialismo cultural y económico norteamericano no es un error, pero es una simplificación exagerada. En realidad deberíamos hablar de occidentalización.
  • Los ciudadanos no son más libres con Internet, o al menos no lo son con la misma amplitud que la libertad alcanzada por las empresas. Dicho de otra forma: capitales y mercancías no tienen prácticamente fronteras, las personas sí.
  • Conexión a Internet y alfabetización no son sinónimos. Alfabetizar digitalmente a la población no se conseguirá de la noche a la mañana, se necesitan años para que las revoluciones se integren en la vida de las personas[20]: cuanto mayor la revolución, mayor el período de asimilación que se requiere.

Por su parte Wolton (2006) advirtió cinco contradicciones importantes:

  • La economía: ¿Quién paga en la sociedad de la información? Se crea la sensación de que todo en Internet es gratuito, pero en paralelo con la libertad de información se crea una concentración industrial sin igual en la historia, y muy poca gente parece preocuparse por eso.
  • La segmentación: la comunicación tiene una doble función de apertura al mundo y de lazo social. Cierto que los nuevos medios contribuyen a la apertura, pero refuerzan el individualismo y la segmentación de espacios.
  • Los intermediarios: hay un proceso de emancipación y crecimiento de las personas, pero se comprueba que tiene límites inversamente relacionados con la necesidad de intermediarios en las relaciones humanas y sociales. Se plantea la cuestión de la solidaridad y del espesor de las relaciones.
  • La trazabilidad: ¿existe la capacidad de controlar los movimientos de los internautas en la red? Hay un choque entre la libertad del usuario y la realidad de un control político.
  • Demasiada información mata la información: la hiperinformación puede dar lugar al infraconocimiento, lo que es conocido como el efecto polvareda.

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Finalizo con Postman que emite cinco advertencias en su web:

  • Todo cambio tecnológico implica compromiso: cualquier ventaja que aporte la tecnología, siempre comporta algún precio. Puede ser el ecológico, la desigualdad, la fractura social,… Hay donde elegir.
  • Ventajas e inconvenientes nunca son distribuidos equitativamente. Siempre habrá ganadores y perdedores.
  • Toda tecnología tiene dentro una idea-fuerza o más. No siempre son evidentes, pero acostumbran a tener consecuencias prácticas: marcará cómo debemos usar nuestro cuerpo o nuestra mente, cómo debemos relacionarnos socialmente, cómo codificar nuestro mundo, qué emociones y tendencias intelectuales serán afectadas.
  • El cambio tecnológico no es aditivo, es ecológico. Es decir, una nueva tecnología no se suma a las existentes sin más, se relaciona con ellas, las modifica o las reemplaza.
  • Hay tendencia a mitificar las nuevas tecnologías. A menudo se olvida que son invenciones humanas construidas en un contexto histórico y cultural en particular, pero sobre todo de acuerdo con determinados intereses.

El poder en la Sociedad Red.

En este entorno repleto de contradicciones, paradojas y mitos, también se aloja una lucha por mantener o alcanzar el poder. Almiron (2002) lo entiende así. “sobre esta inmensa infraestructura tecnológica se sustenta, en realidad, todo el proceso globalizador neoliberal… Al final lo que estamos engendrando entre todos juntos es una red mundial de información y comunicación sin precedentes, pero de ninguna manera una nueva realidad social. La realidad sigue siendo la misma de siempre y en eso reside el fraude de esta ideología: es una ideología que enmascara la desigualdad latente y crece bajo el manto del progreso y la libertad.

Es un tipo de sociedad que podríamos calificar de Tecnópolis, donde las consecuencias indeseadas de algunos avances técnicos se combaten con más tecnología. Así “los beneficios y perjuicios de una nueva tecnología no se distribuyen equitativamente. Por así decirlo hay ganadores y perdedores. Resulta asombroso y conmovedor que, en muchas ocasiones, los perdedores, por ignorancia, incluso hayan animado a los ganadores, y algunos todavía lo hagan” (Postman, 1994). Y en algunos casos los perdedores sufren terribles dramas, como la guerra casi permanente en Congo desde 1998 por minerales como el coltán, necesarios para satisfacer nuestra necesidad de telefonía móvil, o la dedicación y hundimiento de poblaciones enteras bajo las basuras occidentales[21].

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Pero ¿quién controla Internet? Cebrián (1998) asume que las necesidades de la globalización “impulsarán las alianzas, adquisiciones y fusiones entre las compañías. A escala planetaria, cada vez un menor número de personas decidirá sobre un mayor número de cosas”. No es necesario recordar que los Estados-Nación, superados ampliamente por la capacidad de las empresas transnacionales, nunca actuarán contra las grandes corporaciones transnacionales sino en connivencia con estas. Han sido políticas públicas las que han aplicado el ultra-liberalismo de las últimas décadas (Almiron, 2002): los países más ricos han aumentado su proteccionismo a la gran empresa porque, como dice Chomsky, “el capitalismo de mercado debe estar libre de riesgo para sus dueños. Libre comercio sí, pero los riesgos para los pobres.”

Los nuevos dueños de la sociedad de la información son (Almiron, 2002) los propietarios de las infraestructuras que conectan al mundo, los fabricantes de dispositivos y componentes electrónicos que nos conectan, los desarrolladores de aplicaciones con las que nos comunicamos con la tecnología, los generadores de los contenidos que se consumen en la Red, pero por debajo (o por encima según se mire) las entidades financieras que ayudan a construir la sociedad de la información y los organismos e instituciones que ayudan a mantener y perpetuar el sistema de capitalismo liberal oligopolizante actual.

Quizás merezca la pena recordar que a pesar de todos los cambios, en el fondo, quizás, todo sigue igual en este aspecto.

Concluyendo.

Puede parecer que he hablado poco de política social en este artículo, y sin embargo es todo lo contrario. No hay un condicionamiento previo por parte de las tecnologías, sólo tendencias, pero han convertido simples ciudadanos en actores sociales con herramientas nuevas que potencian sus capacidades: han aparecido contrapoderes frente a la globalización que permiten enfocar problemas que de otro modo hubiesen permanecido bajo la superficie, darle voz a nuevos actores, controlar al poder, el asociacionismo líquido de lucha por objetivos compartidos,…

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Sin embargo los agentes sociales adaptados a la Sociedad Red siguen cometiendo un error de base al olvidar dos puntos importantes:

  • Persuadir a quienes sustentan opiniones contrarias es una tarea improbable porque tendemos a escuchar prioritariamente a quienes refuerzan nuestras creencias[22]. Los cambios persuasivos sólo ocurren en conversaciones presenciales, cara a cara, o desde comunicadores reputados a los que otorgamos confianza.
  • Aproximadamente la mitad de la población mundial no accede a Internet. En España es una cuarta parte del electorado la que queda totalmente fuera (no oye), una cantidad mucho mayor no es capaz de decodificar los contenidos (no entiende), y una mayoría no tiene contacto directo con las minorías emisoras (no escucha), aunque naveguen habitualmente por la red.

Esta es la principal razón por la que los partidos tradicionales obtienen buenos resultados en provincias poco pobladas, porque han construido una red comunicativa personal con comunicadores en quienes confía el electorado. Una red en muchos casos paralela a la clientelar, que no se disolverá por más que cambiemos nuestro estado en Facebook y nos den “Me gusta” los sospechosos habituales.

Tampoco cabe esperar que contactemos con aquellas personas en situaciones de debilidad: colectivos excluidos, mujeres en situación de riesgo, inmigrantes que no dominan el idioma local, personas con una formación intelectual baja o inexistente, etc. Cualquier acción de este tipo deberá realizarse siempre desde la proximidad, creando situaciones compartidas de comunicación[23].

Citando a Postman (1994) de nuevo, si bien las tecnologías despiertan una cierta tecnofilia entre la población (un entusiasmo sin el cual no se entendería Tecnópolis, ni la sumisión de la mayoría de formas culturales a la soberanía de la técnica y la tecnología). Es una tecnocracia totalitaria que “carece de centro moral, colocando en su lugar la eficacia, el interés y el avance económico. Promete el cielo en la tierra gracias a las ventajas del progreso tecnológico. Descarta todos los símbolos y narraciones tradicionales que sugieren estabilidad y disciplina, y habla, en su lugar, de una vida de técnicas, peripecias mecánicas y del éxtasis del consumo…”.

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Si los árboles diesen WiFi esta sería una bonita alegoría de los dos lados de la globalización tecnológica. Desgraciadamente los árboles sólo dan oxígeno…

Y mientras seguimos abalanzándonos para consumir las novedades tecnológicas, la sociedad va cambiando en su dimensión socio-económica. Porque el potencial que otorgan esas mismas tecnologías a los agentes de la globalización del liberalismo económico no desaparecerán a corto plazo, sino que al contrario crearán fuertes vectores hacia una sociedad tecnócrata de escaso respeto hacia la humanidad.

Uno de esos vectores de cambio es el debilitamiento de las ideologías, hasta el punto que se están volviendo inservibles más allá del seguidismo incondicional. De éstas irá la próxima entrega.


Bibliografía

Bauman, Z. (2016). Tiempos líquidos: Vivir una época de incertidumbre. Grupo Planeta.

Castaño Collado, C. (2008). La segunda brecha digital y las mujeres. Recuperado el 2016, de MR – Mujeres en red: http://www.mujeresenred.net/IMG/article_PDF/article_a1567.pdf

Castaño-Muñoz, J. (enero de 2010). Revista de Universidad y Sociedad del Conocimiento. Recuperado el 2016, de http://journals.uoc.edu/index.php/rusc/: http://rusc.uoc.edu/index.php/rusc/article/viewFile/v7n1_castano/v7n1_castano_esp

Castells, Manuel (Ed.). (2006). LA SOCIEDAD RED: UNA VISIÓN GLOBAL. Madrid: Alianza Editorial, S.A.

Ortiz del Amo, Marian; Welp, Yanina. (2013). SOCIEDAD RED: ESTADO, ECONOMÍA Y SOCIEDAD EN LA ERA DE LA INFORMACIÓN. Barcelona: Editorial UOC.

Rodrigo Alsina, Miquel; Estrada Alsina, Anna. (s.f.). Las teorías de la comunicación en la sociedad de la información. UOC.


[1] Mattelart (2007) apunta a una mutación quíntuple  en la sociedad postindustrial descrita por Bell (1985): económica (paso de una economía de producción a otra de servicios), estructura del empleo (preeminencia de clases profesional y técnica), centralidad (el conocimiento teórico como fuente de innovación y políticas públicas), necesidad de jalonar el futuro anticipándolo, auge de una nueva tecnología orientada a la toma de decisiones.

[2] “…estructura económica y de vida cotidiana que integra todo tipo de información como principal fuente de creación y riqueza, … y finalmente de estrategia para la toma de decisiones”. Saperas (1998).

[3] Hace referencia al progreso tecnológico, pero también “presupone un cambio radical en la totalidad de los ámbitos sociales…”. Saperas (1998).

[4] Proviene de Niklas Luhmann, y considera que “…el sistema social evoluciona impulsado por una dinámica de cambio estructural que tiende a aumentar la complejidad del mundo social y de los sistemas particulares que lo estructuran”. Saperas (1998).

[5] Para más información sugiero releer en este mismo blog El lenguaje en las plataformas de mensajería instantánea.

[6] Sé que en ocasiones suena difícil visualizar la rapidez del flujo tecnológico, pero recuerdo que Facebook salió de EEUU en 2007, Twitter se creó en 2006, y la plataforma WhatsApp – hoy propiedad de Facebook – fue fundada en 2009 y ya supera los mil millones de usuarios.

[7] En el sentido en que lo mencionan Stiglitz, Estefanía y otros: aquellos mecanismos sociales que garantizaban una oportunidad de cambio de clase social. Por ejemplo los estudios superiores.

[8] Es difícil encontrar datos actualizados de 2016, pero para quienes deseen saber más sobre las diferencias en las tasas de afiliación sindical recomiendo leer los trabajos:

[9] En una encuesta realizada en 2015 a más de 800 jóvenes, casi un tercio reconoció que estaba mucho o bastante preocupado por su dependencia de las redes.  Los síntomas acostumbran a ser falta de sueño, aislamiento social, depresión, ansiedad,… Ver http://familiadigital.net/files/resources/jovenes-en-la-red-selfie1.pdf

[10] Soy de los que no aceptan los conceptos de mundo real vs mundo virtual. Cuando estamos en un chat, en Facebook, en una conversación por Whatsapp,… el mundo es tan real como cuando se nos acaba la batería. Creo que cabe hablar de realidad física y de la realidad virtual, pero siempre de realidades, sean estas de primer o segundo orden.

[11] Ortíz y Welp, página 13.

[12] Ojo, he escrito intencionadamente consciencia (conocimiento reflexivo de las cosas) y no conciencia (sentido moral o ético propios de una persona) porque la conciencia es propia de humanos y no de sistemas.

[13] Datos de Internet World Stats: http://www.internetworldstats.com/stats.htm

[14] Se suele hablar de revueltas luditas, o ludismo, cuando se producen resistencias a la adopción de nuevas tecnologías. Ver por ejemplo https://es.wikipedia.org/wiki/Ludismo

[15] Claro que la variación es amplia, desde tan sólo el 13,4% del País Vasco, hasta el 70% de la Región Murciana.

[16] Los centros públicos disponen de más recursos tecnológicos, pero no acostumbran a implantar sus usos académicos, proporcionando peores habilidades en su uso. Una razón muy similar a la causante de la brecha digital de género que actúa en ambos sectores.

[17] Para más información, ver ¿Fue el 15M un nuevo movimiento social?

[18] Consumidores y productores de información muchas veces individuales: blogueros, perfiles de referencia en redes sociales, etc. El término fue acuñado por Alvin Toffler en los años 80.

[19] En realidad el concepto de globalización ya se podría aplicar al comercio en tiempos de Marco Polo (siglos XIII y XIV), lo que ha variado sobremanera es la velocidad de transacción: de meses a fracciones de segundo.

[20] Añado de mi cosecha que para alfabetizar digitalmente, de entrada los poderes públicos deberían emplearse en ello, y por ahora los españoles van de fracaso en fracaso (salvo muy honrosas excepciones)

[21] Es posible acusar a las tecnologías de la comunicación de muchas cosas, excepto de ser ecológicamente eficientes. Para más información recomiendo leer a Greenpeace:  http://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/04/140403_tecnologia_nube_greenpeace_rg

[22] Podéis leer una limitada, pero accesible, aproximación al problema de la comunicación persuasiva en este blog: Comunicando para convencer y Otra perspectiva sobre poder y cambio.

[23] Ya que estamos en esto permitidme recordar una obviedad, pero es un error que he visto demasiadas veces: de poco sirve convocar al público a reuniones presenciales desde las redes sociales. Quienes serían un público potencial no se van a enterar, bien porque no usan Internet, bien porque no os siguen.

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6 comentarios en “8 de 10 – Construyendo electores: la Sociedad Red

  1. La principal razón por la que los partidos tradicionales obtienen buenos resultados en provincias poco pobladas es porque la gente de esas zonas es más conservadora e ignorante.
    Esa red comunicativa personal que mencionas son los grandes medios de comunicación, principalmente, la televisión: la inmensa mayoría de la gente sigue votando a los que salen por la tele. En las provincias menos pobladas, y en las más pobladas, también.

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    • Hola Gonzalo.
      Creo que la raíz del problema – y de eso hablaré en mis conclusiones – es la estrechez del proceso de socialización en determinados ámbitos: en el medio rural, desde luego, pero también en comunidades de migrantes, religiones excluyentes, etc.
      El resultado es que el individuo acaba recibiendo siempre el mismo mensaje durante la socialización al carecer de relaciones casuales – los enlaces débiles de Granovetter – y posteriormente discrimina la información que recibe por cualquier medio para que refuerce y no contradiga sus creencias. Muchas personas se informan sólo a través de un determinado canal de televisión, que es el que veían en casa sus padres, por ejemplo, y rechazarían cualquier información que contradiga su visión del mundo.
      Todo eso sin tener en cuenta la priorización del mundo rural por la vía del sistema electoral, lo que también facilita las cosas a la comunicación cercana de alcaldes, caciques, y en general todo aquél que transmita un mensaje simple y coherente con las expectativas del sujeto.
      A menos que se introduzcan elementos más amplios durante la educación – y por motivos obvios lo que se hace es todo lo contrario – esto va para largo, me temo.
      Saludos.

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    • Efectivamente, al principio de su odisea Podemos proyectó una imagen 15M con indudable éxito, pero nunca incluyó su filosofía en la estructura organizativa.
      Por eso, cuando hablo de toma de decisiones por consenso me refiero exclusivamente al 15M y no a Podemos, que fue diseñado para la rápida incorporación a las instituciones mediante las tácticas populistas teorizadas por Laclau (ver artículo 9 sobre las ideologías), lo que de hecho no fue reconocido públicamente por Pablo Iglesias hasta este mismo mes.

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