Simón Bolívar, presunto revolucionario

Simón Bolívar es uno de esos personajes que están de moda gracias al desproporcionado foco con el que los medios, excitados por aquellos que no quieren que se hable de otras cosas, nos han deslumbrado. En estos años todos hemos oído hablar de la Revolución Bolivariana, pero pocos sabemos algo de la figura de este hombre, muerto en 1830 y explotado hasta la saciedad por unos y otros.

Algunos quisieron ver en él al revolucionario, otros al creador de la patria, unos pocos mal informados al precursor del Che Guevara, … ¿Quién fue realmente?

No he pretendido reescribir su biografía, sino situarlo en el momento culminante de su carrera, cuando realiza el discurso que muestra su ideal político: el discurso de Angostura.

Si queréis saber más de él, pasad y conocedlo.

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Introducción

Es 15 de febrero de 1819. Estamos en Venezuela, en la ciudad de Angostura[1]. Veintiséis diputados electos se hayan reunidos escuchando a un hombre descrito por el coronel inglés Hippisley el año anterior como “de mezquina apariencia, a quien le darían cincuenta años de edad y no cuenta más que treinta y ocho…[2].

José Antonio Páez, que combatió a su lado, será mucho más descriptivo diez años más tarde: “Bajo de cuerpo; un metro con sesenta y siete centímetros. Hombros angostos, piernas y brazos delgados. Rostro feo, largo y moreno. Cejas espesas y ojos negros, románticos en la meditación y vivaces en la acción… El labio inferior protuberante y desdeñoso. Larga la nariz que cuelga de una frente alta y angosta, casi sin formar ángulo. El General es todo menudo y nervioso. Tiene la voz delgada pero vibrante. Y se mueve de un lado a otro, con la cabeza siempre alzada y alertas las grandes orejas…” (El Impulso.com, 2012).

¿Quién es este hombre del que Páez acaba diciendo que “es decididamente feo y detesta los españoles”?

Simón Bolívar, apuntes biográficos 1783-1819.

Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios nació en Caracas el 24 de julio de 1783 en una rica familia criolla. Quedó huérfano muy joven, de modo que se crió a cargo de familiares. De su primera educación, nos dice el soldado Luis Perú de Lacroix: “Nació el general Bolívar con un genio fecundo y ardiente, con una inteligencia inmensa y proporcionada al órgano cerebral que le dio la naturaleza. Una primera educación no brillante, pero esmerada y de caballero…” (Mantilla Pineda, 1983, pág. 150).

A los quince años es nombrado subteniente de Milicias, mientras se sigue formando con los mejores maestros, entre los que destaca el que sería su mentor y amigo Simón Rodríguez. Puesto que estas actividades no conseguían aquietar al joven Bolívar, en 1799 sus tíos deciden enviarlo a estudiar a España.

Allí conoce a la aristócrata María Teresa Rodríguez del Toro, con quien casa en 1802. Viajan a Caracas, donde María Teresa fallece pocos meses después de fiebre amarilla. Este episodio marcó profundamente a Simón Bolívar, que años más tarde reflexionaría: “La muerte de mi mujer me puso muy temprano en el camino de la política, y me hizo seguir después el carro de Marte en lugar de seguir el arado de Ceres…” (Mantilla Pineda, 1983, pág. 151).

El joven viudo vuelve a Europa. Recorre Madrid, viaja a París, donde asiste a la coronación de Napoleón Bonaparte, sigue a Viena a reencontrarse con su mentor Simón Rodríguez. Finalmente pronuncia el 15 de agosto de 1805 el conocido juramento del Monte Sacro en Roma:

Bolívar - Juramento del Monte Sacro

Juramento del Monte Sacro

 

 

¡Juro delante de usted, juro por el Dios de mis padres, juro por ellos; juro por mi honor y juro por la Patria, que no daré descanso a mi brazo ni reposo a mi alma, hasta que no haya roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español!” (Simón Bolívar: Ideario político, 2004, pág. 17)

 

Comparte tertulias y debates, conoce a von Humboldt, conversa con los grandes pensadores del momento. Acaba convencido de que la única forma de poner fin a las injusticias con su clase y su tierra es luchar por la independencia.Ávido lector[3], de extraordinaria memoria según Luis Perú de Lacroix, durante este viaje se sumerge en los pensadores europeos: Maquiavelo, Espinoza, Locke, Montesquieu, Rousseau[4], Voltaire, Bentham, Vattel… (Mantilla Pineda, 1983, págs. 152-156).

Regresa a Caracas en 1807. Se ocupa de sus obligaciones de hacendado mientras participa en actividades conspirativas. En 1810 se incorpora a una embajada a Gran Bretaña, ya con el rango de coronel. A su regreso, inicia sus actividades militares y políticas. En 1813 será honrado con el título de “El Libertador” por el cabildo de Mérida.

Entretanto, juró no volver a casarse, y lo cumplió, pero tampoco fue precisamente célibe. Se rumorea que perdió Puerto Cabello en 1812 por encontrarse en la mancebía en un momento inadecuado, y parece comprobado que retrasó la expedición a Los Cayos en 1816 esperando a su amante, para gran desesperación del almirante Luis Brión (Goedder)[5].

Cuando llega a Angostura en 1819, es un militar de 35 años y el inspirador político de dos repúblicas efímeras. Es un autodidacta ilustrado, con una amplia cultura y experiencia, que ha enfrentado rencillas entre los caudillos regionales, conflictos con las tropas pardas[6], ha conocido la traición, atentados contra su vida[7]

El contexto

El contexto político hubiera justificado, por sí solo, la conocida expresión de Antonio Cánovas del Castillo: “son españoles los que no pueden ser otra cosa[8].

La Guerra de Independencia española (1808-1814) supuso la gran oportunidad para las fuerzas independentistas americanas. Posteriormente, la restauración absolutista de Fernando VII en 1814 redoblaría las ansias de autogobierno en la América hispana.

Una de las razones, y no la menor, fue que el imperio español era de tipo estamental, unido por una monarquía y no una metrópoli, más señorial que colonial; totalmente diferente del inglés, basado en el mercantilismo. Una monarquía absolutista sólo podía provocar rechazo en unas élites educadas bajo la Ilustración (Historia Universal Larousse, 2005).

Por otra parte, tras la caída del Imperio de Napoleón Bonaparte en 1815, Gran Bretaña ya no tiene un enemigo común con España y puede permitirse apoyar militar, diplomática y financieramente. Incluso reclutar tropas inglesas e irlandesas (Bethell, Leslie ed., 1991, pág. 218).

Mientras tanto, en 1818 O’Higgins había declarado la independencia de Chile. Desde el Congreso de Tucumán (1816) las Provincias Unidas del Río de la Plata se habían declarado independientes y discutían si constituirse en monarquía o república. La Banda Oriental (actuales Uruguay y Paraguay) guerreaba contra Brasil para evitar su anexión.

En el virreinato del Perú se habían producido levantamientos como el de Cuzco (1814), pero se trataba más de reacciones de descontento que de auténticas sublevaciones independentistas. Habría que esperar a la expedición de San Martín en 1819 para que se acelerase el proceso (Historia Universal Larousse, 2005).

Angostura, importante puerto fluvial, había sido tomada por Bolívar en 1817. Desde allí, contactó con José Antonio Páez y sus llaneros[9] y los incorporó a su mando con la promesa de distribuir las posesiones tomadas al enemigo. Bolívar también liberó los esclavos que tomaron las armas, y ascendió a los pardos[10] para sumarlos a su causa. Junto con mercenarios europeos disponía de un ejército fogueado capaz de enfrentarse al general realista Murillo en los llanos (Bethell, Leslie ed., 1991, págs. 108-109).

Mapa de la Gran Colombia - 1806 a 1814

Carta de Colombia que representa el teatro de la Guerra de Independencia 1806-1811-1814
(El color amarillo indica el territorio ocupado por los patriotas)
Imagen: Agostino Codazzi – Atlas geográfico e histórico de la República de Colombia, 1890., Dominio Público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=6281476

Sin embargo, la independencia no traería mayor igualdad. Las élites nuevas y viejas luchaban por mantener el poder, la expansión interior topaba con la resistencia indígena, el comercio exportador se vio afectado por la inestabilidad política, el sistema económico colonial no fue reemplazado por la industrialización, y en general se mantuvo la dependencia de la exportación de materias primas, ahora controlada por la oligarquía criolla. Un escenario que el historiador económico Díaz Alejandro llama la lotería de los recursos naturales[11], empeorado por los estragos bélicos (Ramón Muñoz & Badia Miró, págs. 44-45).

El discurso de Angostura

En 1819 Simón Bolívar es, sin duda, un hombre ilustrado y buen conocedor de su tiempo, pero también un político experimentado. El discurso que pronuncia ante el Congreso que, como él mismo recalca, se convoca a petición suya, es un parlamento que podría haber pronunciado ante el Senado Romano aquel Cayo Julio César que aún no veía la necesidad de ser monarca. Al igual que su modelo de 20 siglos atrás, puede renunciar a su potestas, pero mantiene por decisión propia su imperium para salvaguardar su auctoritas[12].

Un discurso que, como pretendo demostrar, bajo el tono de aparente humildad refleja el orgullo de ser el Libertador. Lo analizaré en la misma secuencia en que es pronunciado, porque es así como tuvo que ser interpretado por los diputados oyentes. Me basaré en sus frases que traslucen ideas fuerza, y otras que podrían pasar desapercibidas, pero reflejan su personal punto de vista. Empecemos pues por el principio.

No soy yo…

Bolívar se presenta en numerosas ocasiones como ciudadano. En el lenguaje de la época ilustrada esta palabra le identifica con alguien que forma parte de la élite: distinguido, culto, con propiedades y riquezas. Ése que más adelante definirá como un simple ciudadano no es, en absoluto, un ciudadano común. Es él quien ha decidido que se reúna el consejo, es él quien ha convocado ni más ni menos que a la Soberanía Nacional, y es él quien afirma renunciar a los títulos otorgados de Libertador y Pacificador para alcanzar “el sublime título de buen ciudadano”. Sin duda un hábil truco retórico, recordando su rol en la lucha por la independencia mientras finge humildad y distanciamiento.

Reconoce haber ejercido una dictadura dentro de la República[13], cargo al que en ese momento renuncia porque como advertirá “nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder.” Según afirma lo ejerció muy a su pesar debido a unos motivos que hubiesen sido perfectamente reconocibles en la Roma clásica: una necesidad forzosa, y la voluntad imperiosa del pueblo[14].

Ahora, a los legisladores “toca resolver el problema”.

…son ellos

Afirma que no ha sido la República que él mismo ha presidido “una tempestad política, ni una guerra sangrienta”. Sin duda olvida su Decreto de Guerra a Muerte[15], en el que anuncia que todo español que no se una a sus ejércitos será ajusticiado. Por ello concluye reconociéndose “un vil juguete del huracán revolucionario. Entonces, ¿dónde están los responsables?

Según declara, son las Leyes de Indias, los antiguos mandatarios, la religión, la ferocidad de sus enemigos y el carácter nacional. Es decir, desde luego el dominio español y el anticuado sistema de administración, pero también los opositores internos quedan recogidos en esa mención al carácter nacional”. Se presenta como “un simple instrumento” de todas las fuerzas desatadas por quienes no combaten con él, lo que enlaza con su decisión de servir “en la carrera de las armas mientras haya enemigos[16] en Venezuela”.

Nuestro pueblo no está preparado para la democracia…

Corresponde ahora definir la clase a la que corresponde la soberanía: “americanos por nacimiento, europeos por derechos”, “una especie media entre los aborígenes[17] y los españoles”. Es decir, son más que los indios, a los que disputan los títulos de posesión, pero en el sistema colonial, mucho menos que los españoles. Ni siquiera se les permite participar en la administración pública, lo que según Bolívar los sitúa en “un grado inferior al de la servidumbreal no poder ni siquiera aplicar una tiranía activa y propia[18].

De ahí se justifica que, al igual que Montesquieu[19], Bolívar no crea al pueblo capaz de gobernarse. Los hombres nacen todos “en una perfecta igualdad política”, pero “no todos los hombres nacen igualmente aptos para la obtención de todos los rangos”. Definitivamente, la Segunda República no funcionó porque “no estábamos preparados para tanto bien”.

Aun lamentándolo apasionadamente, a su entender no hay gobierno democrático que haya “reunido a un tiempo poder, prosperidad y permanencia[20]. Y si el pueblo es incapaz de gobernarse a sí mismo, hay que considerar inaplicable la federalización. Más adelante será mucho más directo, sugiriendo adoptar “el centralismo y la reunión de todos los Estados de Venezuela en una República sola e indivisible”.

Similar perspectiva dialéctica al hablar del Triunvirato que le fue impuesto y que reemplazó por un Directorio Supremo presidido por él mismo en 1814.  Pese a los cinco años transcurridos, Bolívar habla en tiempo presente, como si la Constitución de 1811 aún estuviese en vigor. Una ficción legitimadora que mantiene a lo largo del discurso.

…  así que mejor ir a lo seguro …

Cita ahora multitud de ejemplos clásicos para demostrar que las democracias son gobiernos admirables y deseables, pero débiles. Ni siquiera las grandes revoluciones europeas, la francesa y la inglesa, han llegado a todos: no al menos a los “apáticos españoles”, que han vuelto por dónde solían.

Es partidario de un gobierno sólido, central, autoritario, aunque enfocado a la felicidad del pueblo: un despotismo ilustrado en forma de república, siguiendo el modelo constitucional británico. Así lo recomienda explícitamente: “Yo os recomiendo esta Constitución [británica] como la más digna de servir de modelo

… asegurando de paso la supremacía de clase

Defiende una segunda cámara hereditaria y vitalicia, siguiendo los modelos del Senado romano[21] y de la Cámara de los Lores británica. No dice que los senadores romanos eran simplemente representantes de las familias ricas, ni que la Cámara de los Lores no deja de ser el remanente de un proceso histórico, una forma de acomodar la aristocracia hereditaria en el sistema parlamentario. Y es necesario porque “todo no se debe dejar al acaso y a la ventura de unas elecciones”.

Inicialmente los senadores serían elegidos por el Congreso, de dónde se deduce que pertenecerían mayoritariamente a la clase dirigente criolla. Y los futuros “saldrían del seno de una educación ilustrada”. Teniendo en cuenta el difícil acceso a la educación de clases inferiores, también se garantiza la primacía criolla del futuro.

Y ya de paso, asegura una posición de alto rango dentro del sistema reclamando para sí el mérito de la propia existencia de la república: “los libertadores de Venezuela son acreedores a ocupar siempre un alto rango en la República que les debe su existencia… Y si el pueblo de Venezuela no aplaude la elevación de sus bienhechores, es indigno de ser libre y no lo será jamás.

Separación de poderes

Si en un reino el mayor poder corresponde al legislativo para compensar el peso de la monarquía, en una República debe otorgarse al Ejecutivo “una suma mayor de autoridad que la que posee un Príncipe Constitucional”, porque el Magistrado sólo “es un individuo aislado en medio de una sociedad”. Cita a Montesquieu para recordar que el legislativo no puede inmiscuirse en el ámbito de poder activo. Advierte que, deliberadamente, “aquí el Congreso ha ligado las manos y hasta la cabeza a los Magistrados”.

Insiste en el modelo británico con un ejecutivo encabezado por un presidente, donde el Gabinete de Gobierno asume las responsabilidades de la gestión. De manera que, aunque “no sea el Presidente un hombre de grandes talentos, ni de grandes virtudes, … el Presidente desempeñará sus deberes de un modo satisfactorio, pues en tales casos el Ministro, haciendo todo por sí mismo, lleva la carga del Estado.”

Por último, cabe reforzar la independencia de jueces y tribunales, establecer Jurados, legislar Códigos civiles y penales que no procedan de tradiciones – “funestas reliquias” – ni derechos de conquista, sino basados en el derecho natural[22].

Todo ello fundido en un todo: “Unidad, unidad, unidad, debe ser nuestra divisa”.

Virtud y moral republicanas

No menos importante es para Simón Bolívar la virtud[23], en el sentido que le da Maquiavelo de perfección en su utilidad política[24] (Abad, 2008), a la que añade dimensión moral. Propone un cuarto poder a la República – “una cuarta potestad[25]” – que actúe sobre “la infancia y el corazón de los hombres[26]” hasta crear “una moral republicana” mediante el control de la educación[27].

Este tribunal moral se focalizará en la educación, y no adoptará penas o castigos. Sin embargo, sus actas serán utilizadas por “el pueblo para sus elecciones, los magistrados para sus resoluciones y los jueces para sus juicios.” Lo presenta como un medio para identificar públicamente a quien no puede ser castigado por la ley, o simplemente “viola el respeto público”. Sin duda una institución presentada como un instrumento para fomentar el virtuosismo – esta vez en un sentido más amplio que el de Maquiavelo – y laudable en ese sentido, pero también un instrumento de control de la esfera privada con fines políticos.

Cubrid mis compromisos

Durante las campañas militares, con el fin de cubrir las necesidades de su ejército, Bolívar ha contraído una serie de obligaciones en forma de decretos de guerra. No le mueven tanto las causas morales como las instrumentales: necesita convalidar aquellos decretos que le han permitido unir a sus tropas esclavos y llaneros. En particular, implora la confirmación de la libertad otorgada a aquellos esclavos que se han unido a su causa, alegando que la esclavitud “atroz e impía” atenta contra las leyes y la naturaleza. También solicita el refrendo del decreto que prometía distribuir entre las tropas los bienes conquistados al enemigo.

Igualmente solicita del Congreso la asunción de las obligaciones contraídas con prestamistas extranjeros, que considera deudas sagradas hasta el punto de afirmar que es preferible que “perezcamos primero que quebrantar un empeño”.

Mapa de la Gran Colombia de Bolívar.

Mapa de la Gran Colombia. Imagen de Historical Maps by Agustín Codazzi, from David Rumsey Website (Wikimedia Commons) https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/5/52/Gran_Colombia_map.jpg

Por último, presenta su gran sueño: un enlace de países “tan anhelado por todos los Colombianos”, la Gran Colombia[28] como unión de Nueva Granada – renombrada Cundinamarca – y Venezuela.

Bolívar finaliza su discurso traspasando la responsabilidad al Congreso: “Señor, empezad vuestras funciones: yo he terminado las mías”.

Algunas consecuencias

El Congreso aceptaría la unión de la Gran Colombia, ratificada en el Congreso de Cúcuta en 1821, a la que se sumarían poco más tarde Quito y Panamá. La reconoció públicamente la administración norteamericana en 1822, además del reconocimiento de facto de Buenos Aires, Chile, México y Perú. La unión colombiana duraría algo más diez años.

La esclavitud fue extinguida de iure, pero no de facto. En cualquier caso, se redujo en más de un tercio durante los años de lucha debido a los reclutamientos militares, la abolición de la trata negrera, y la introducción del principio de vientre libre[29] (Bethell, Leslie ed., 1991, pág. 123).

No sería finalmente aceptada la propuesta de un Senado hereditario, y pospuesto sine die el cuarto Poder moral (Cortázar & Cuervo, 1988, Actas 79 y 125).

Concluyendo

El autor del discurso es, sin duda, un hombre culto y viajado, al tanto de las ideas de la Ilustración francesa, buen conocedor de los sistemas políticos europeos y norteamericano. Un hombre curtido tanto en milicia como en política, autodidacta[30] en ambos terrenos. Es un hombre con una visión y una misión, que tan sólo cede esporádicamente su primacía ante la lujuria[31].

Más allá de sus escarceos libidinosos, ha renunciado a tener una vida privada y ni siquiera reconoce a sus hijos[32], ni consta que los conozca siquiera. Tampoco se preocupa por el futuro de sus concubinas: Josefina Machado falleció de tuberculosis y fue enterrada en algún lugar desconocido, y Manuela Sáenz murió exiliada en el puerto peruano de Paita (Goedder).

No pretendo con el párrafo anterior juzgar la moral de Bolívar, que no deja de ser la de su clase y tiempo. Sus sombras son políticas. Es en el tono del discurso, en el que asume con arrogancia la autoría personal de los triunfos[33]. Para quienes le conocen queda patente su megalomanía (Goedder). Se siente superior a quienes le rodean, por ello tarde o temprano acaba convirtiendo aliados en adversarios.

Tampoco es un demócrata, ni un humanista en el sentido otorgado por la Ilustración. Es un hombre conservador, de clase, que aplica la virtú de Maquiavelo a sus objetivos, y hace todo lo necesario para lograr sumar a otros – llaneros, esclavos, pardos – a su causa, pero no tiene inconveniente en maniobrar para eliminarlos cuando le enfrentan.

Es, en definitiva, uno de esos hombres que cambian el devenir de la Historia gracias a su inteligencia, capacidad de trabajo, talento para el combate, y seguridad en sí mismos. Que no pueden ser desviados de su objetivo más que por la muerte. Hombres con frecuencia arrogantes y amorales, como no puede ser de otra forma.

Un hombre, en definitiva, que consiguió conquistar con las armas la gloria que buscó desde que asistió a la coronación de Napoleón:

“Vi en París, en el último mes del año 1804, la coronación de Napoleón . . . La corona que se puso a Napoleón sobre la cabeza la miré como una cosa miserable y de moda gótica; lo que me pareció grande fue la aclamación universal y el interés que inspiraba su persona. Esto, lo confieso, me hizo pensar en la esclavitud de mi país y en la gloria que conquistaría el que le libertase; pero ¡cuán lejos me hallaba de imaginar que tal fortuna me aguardaba!

(Mantilla Pineda, 1983, pág. 151)

Pero si algo no fue, en ningún caso, es un revolucionario.


Bibliografía

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Bethell, Leslie ed. (1991). Historia de América Latina: 5. La Independencia. Barcelona: Editorial Crítica. Recuperado el 12 de noviembre de 2017, de https://archive.org/details/ColeccionHistoriaDeAmericaLatina-bethellTomosDel1Al8YDiccionarioDe

Fernández, T. (s.f.). Biografías y Vidas: la enciclopedia biográfica en línea. Recuperado el 04 de noviembre de 2017, de https://www.biografiasyvidas.com/

Goedder, C. (s.f.). Simón Bolívar, sus mujeres e hijos. Recuperado el 14 de noviembre de 2017, de CEDICE: http://cedice.org.ve/simon-bolivar-sus-mujeres-e-hijos-carlos-goedder/

Grau i Mateu, J. (2008). La restauración y las revoluciones burguesas (1815-1848). UOC.

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Mantilla Pineda, B. (1983). FUENTES DEL PENSAMIENTO POLITICO Y .JURIDICO DE SIMÓN BOLÍVAR. Revista Facultad de Derecho y Ciencias Políticas, 147-162. Recuperado el 12 de noviembre de 2017, de https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5317910

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Urdaneta, R. (26 de julio de 2017). Los 20 atentados mortales contra Simón Bolívar. Recuperado el 14 de noviembre de 2017, de Panorama cultural: http://www.panoramacultural.com.co/index.php?option=com_content&view=article&id=1697:los-20-atentados-mortales-contra-simon-bolivar&catid=46&Itemid=173


Notas y comentarios 

[1] Llamada actualmente Ciudad Bolívar.

[2] Y aún, el coronel se queda corto: Bolívar cuenta por entonces con treinta y cinco años de edad.

[3] Hay constancia de que, por lo menos, leía en versión original en español, francés, italiano, inglés y portugués. (Mantilla Pineda, 1983, pág. 151)

[4] Especialmente del libro IV del Contrato Social de Jean-Jacques Rousseau, de donde tomará su visión del gobierno de la Roma clásica.

[5] También aparecen referencias a, al menos, tres intentos de suicidio. Sin embargo, no he podido contrastarlo y por tanto no se incluye este dato en el texto, que podría ser significativo para entender la personalidad del Libertador.

[6] Los pardos eran negros y mulatos libres, que adquirieron el derecho a formar parte de las milicias por decreto borbónico. También podían comprar la blancura legal por la Ley del 10 de febrero de 1795. En este punto me refiero sobre todo a su conflicto de liderazgo con el general pardo Manuel Piar (Bethell, Leslie ed., 1991, págs. 24,109)

[7] Ramón Urdaneta apunta al menos una decena de atentados o riesgos contra su vida por duelos hasta ese momento. (Urdaneta, 2017)

[8] Según se cuenta Cánovas lo dijo de forma privada ante la dificultad que suponía definir la españolidad durante las discusiones por la constitución de 1876.

[9] Páez procedía de una familia pobre de origen canario que trabajó como llanero. Estos jinetes de la zona de Los Llanos cuidaban ganado en las haciendas, una cultura paralela a los gauchos de la Pampa.

[10] Bolívar pretendía evitar que su lucha se percibiese como el encumbramiento de una reducida élite criolla. Salvando las distancias, un planteamiento similar al de la burguesía europea tras los fracasos de la década de 1830, cuando adquirió consciencia de la necesidad del apoyo popular para triunfar.

[11] Díaz Alejandro (citado en la página 45 de la fuente mencionada) se refería a la arbitrariedad en la disponibilidad de un producto o bien natural que precisamente en ese momento es demandado por el comercio internacional. Este factor a su vez producía una fuerte desigualdad entre países y regiones, que no se puede compensar mediante la generación de riqueza de las industrias transformadoras.

[12] Siempre he entendido el famoso episodio del cruce del Rubicón de las legiones de César como consecuencia del conflicto entre el poder civil – potestas – que ambicionaba César, pero sabía que le sería negado por sus enemigos en el Senado, el imperium otorgado sobre sus tropas, al que debía renunciar para acudir a Roma, y su prestigio público y reconocimiento social – su auctoritas – que no podía perdonar que fuese, siquiera, puesto en entredicho. Finalmente decide no renunciar a nada y avanzar con hombres y armas sobre Roma: un sacrilegio para la República Romana.

[13] Se entiende en la Segunda República, basada en la Constitución de 1811. Sin embargo, llevaba ya unos cinco años inoperante, y fue una dictadura militar en todos los sentidos desde que Bolívar rompiese el triunvirato formado por Brión, Mariño y el propio Bolívar, y maniobrase – o consintiese – la ejecución de Piar a finales de 1817 (Bushnell, 2002, pág. 75).

[14] Bolívar interpreta el concepto de dictadura con sus características durante la República de Roma: un encargo finalista del Senado, acotado en objetivos y tiempo, durante el cual el dictador poseía inmunidad absoluta.

[15] Publicado el 15 de junio de 1813, acaba con la conocida sentencia: “Españoles y Canarios, contad con la muerte, aun siendo indiferentes, si no obrais activamente en obsequio de la libertad de Venezuela. Americanos, contad con la vida, aun cuando seais culpables.” (Simón Bolívar: Ideario político, 2004, págs. 37-41)

[16] Probablemente esté pensando aquí en la oposición interna también, cuando en vez de hablar de españoles, fuerzas coloniales, o alguna expresión similar que apunte a un enemigo exclusivamente extranjero, lo deja en un genérico “enemigos”.

[17] Un tema reiterado en la Ilustración: los intelectuales no eran partidarios de la esclavitud per se, pero situaban por debajo de ellos a quienes presentaban diferencias genéticas notables, sean los nativos americanos en este caso, o los negros en los escritos de Montesquieu: “No se concibe que Dios, un ser tan sapientísimo, haya puesto un alma buena, es aún más inconcebible en un cuerpo semejante” (Montesquieu, 1748).

[18] Se establece aquí un cierto paralelismo con la guerra de Liberación norteamericana, iniciada contra la metrópoli porque no se permitía a los colonos participar en su propia gobernación y control del comercio.

[19]Así como la mayor parte de los ciudadanos tienen suficiencia para elegir y no la tienen para ser elegidos, los mismo el pueblo posee bastante capacidad para hacerse dar cuenta de la gestión de los otros y no para ser gerente.” (Montesquieu, 1748)

[20] No deja de ser curioso que después se diga del modelo norteamericano que “subsista tan prósperamente y no se trastorne al aspecto del primer embarazo o peligro.” Al menos un modelo sí había, aunque lo atribuye a la excepcionalidad de aquél pueblo.

[21] Bolívar obvia que el Senado romano no era estrictamente hereditario, sino una cámara de hombres ricos a los que se exigía una elevada renta, que en general se heredaba. Sin embargo, el sistema permitía, aunque a regañadientes y mal mirados, la entrada de algún homo novus como Cicerón.

[22] De nuevo aparece la influencia de los filósofos franceses de la Ilustración, y en especial Rousseau con su aportación del derecho natural.

[23] Aparece quince veces esta palabra en el texto.

[24] La cita completa de José Abad es: “En resumen, y simplificando drásticamente, Maquiavelo rompió con la tradición moral al llevarse el concepto de «virtù» a la órbita de la «técnica» y la «utilidad»; concretamente, de la «utilidad política». Para Maquiavelo, la virtù es un conjunto de cualidades que le permiten al caudillo vencer los obstáculos del presente y (pues la previsión más que la prudencia es un rasgo del virtuoso) hacer frente a cuantos tropiezos pueda depararle el futuro.”

[25] Puesto que Bolívar es un hombre culto, buen conocedor de los clásicos, entiendo que utiliza la palabra potestad como derivada de potestas, y por tanto inserta un cuarto poder de facto pendiente de ser instituido de iure.

[26] Una vez más habría que insistir en la marginación política de la mujer. No fue hasta una Ley de 1945, y la Constitución de 1947, que la mujer no obtendría el derecho de voto en Venezuela. Colombia fue uno de los últimos países americanos en incorporarla, en 1954, siendo el último Guatemala en 1965 (diversas fuentes).

[27] Bolívar va un paso más lejos que los revolucionarios franceses, que no incluyeron la educación entre los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789.

[28] El término Gran Colombia es utilizado para diferenciarlo de la actual República de Colombia, pero en el momento del discurso, en 1819, a la unión de Nueva Granada y Venezuela se la denominaba simplemente Colombia, y a sus habitantes Colombianos.

[29] Principio jurídico que otorgaba automáticamente la libertad a los hijos nacidos de una esclava. En Venezuela sería aprobado en el Congreso de Cúcuta de 1821 para los hijos de esclava al cumplir 18 años.

[30] El hecho de que fuese autodidacta ha sido señalado por algunos autores, que achacan a la falta de formación militar su mal empleo de la economía de fuerzas, lo que le llevó a en ocasiones a librar campañas excesivamente sangrientas, y a enfurecer innecesariamente tanto a militares propios como al enemigo.

[31] Es otro parecido razonable con Cayo julio César, conocido depredador sexual. Sin embargo, César era más racional al utilizar sus amantes, con frecuencia esposas de sus amigos y enemigos, para su provecho político. Ver, por ejemplo, el artículo Las mujeres de Julio César, de Cornelia a Cleopatra.

[32] Carlos Goedder bromea con el recuento de hijos ilegítimos del Libertador, afirmando que cobra un sentido adicional el título de “Padre de la Patria”. Ramón Urdaneta cuenta hasta 20 hijos, aunque sólo están documentados dos.

[33] Delega esta tarea, que no considera urgente, en los Secretarios de Estado.

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