El mítico Club de la Estupidez Humana: desde la más tierna infancia

En el capítulo inicial, busqué una definición apropiada para el colectivo de la estupidez humana, estudiado desde el punto de vista sociológico. Lo recuerdo:

La estupidez humana, como característica específica de nuestra civilización en grado y forma, es un fenómeno dóxico y ahistórico, que favorece el continuismo social y previene el cambio. Utiliza para este fin mecanismos que requieren de esfuerzos nulos, o casi, en la toma de decisiones de los individuos, mientras ocultan la adscripción al grupo, tanto a sus propios miembros, como al resto de la sociedad.

Recalqué que se trataba de una característica transversal a toda la sociedad, y sobre todo que no se debe confundir al Club de la Estupidez Humana con sus miembros. Ahora bien, reclutarlos no es fácil. El Club debe comportarse como una iglesia, a la que se pertenece por nacimiento y de forma involuntaria, y no como una secta que requiera voluntariedad en el acceso. La razón es su ahistoricidad: ¿cómo podría reclutar voluntarios adultos una secta que niega su propia existencia? Sencillo, desde pequeñitos, de forma natural, sin llamar la atención.

Para conseguirlo debe infiltrar sus contenidos y continentes de socialización en las instituciones, en todas ellas. Parafraseando a Castells[1] (2003, pág. 223) “Para que se ejerza esta autoridad, el Club de la Estupidez Humana debe dominar toda la organización de la sociedad”.

Sólo así será posible contar con una mayoría de miembros que asuman el mandato del Club con el ciego, pero racional, entusiasmo del sargento Arensivia (Juan Echanove) en la película de la que he tomado la foto de portada. Y por supuesto el Club, representado aquí por el General Huete (José Sazatornil), así lo premiará. Eso sí, por debajo del tablero y a oscuras.

Sigue leyendo

Anuncios

El siglo XIX: y llegó la modernidad

Imagen relacionada

Niños mineros. Fuente: https://timeline.com/photos-what-working-life-looked-like-for-kids-on-the-first-labor-day-bbdf53b10a25

Es un siglo con mala reputación. Tildar a alguien o algo de decimonónico es peyorativo. Como si fuese un siglo perdido, en el que la humanidad se hubiese dedicado a esperar tranquilamente el siglo XX para ser civilizada.

No fue así, es el tiempo del progreso por prueba y error a gran escala. Es la época en la que Europa intentó digerir las revoluciones cimentadas por la Ilustración. Se consolidaron nuevas instituciones tras destruir las antiguas. Algunos centros de poder se transformaron para resistir, y aquí siguen en formas menos dañinas, como las monarquías. Se tomaron rumbos sin destino confesable como el colonialismo, pero el mundo se ensanchó. Algunas ideas humanistas y científicas se llevaron a la degeneración absoluta, como la teoría de la evolución llevó al darwinismo social, pero el hombre común trepó hasta la cumbre. La construcción de los estados-nación condujo al imperialismo y el etnocentrismo nacionalista, pero emergieron nuevas naciones. La revolución industrial rompió la barrera malthusiana y la población humana se puso a crecer en forma exponencial, pero en condiciones de dudosa humanidad.

Innumerables sucesos, incluidas sangrientas reformas y no menos sangrientas contrarreformas, lo recorrieron. Acabó como suelen acabar estas cosas entre humanos, con una guerra total y global, tan absurda como inevitable.

En fin, que de esos polvos centenarios venimos.

Sigue leyendo

La Ilustración, cuando los europeos de más al norte quisieron ser racionales

(Los españoles aún estamos en ello)

El final del siglo XVIII y principio del XIX fue una época de lucha entre el sistema absolutista, que no quería desaparecer, y un orden nuevo que nadie sabía muy bien en qué iba a consistir. Una revolución en la que el Ciudadano corriente, y la razón como meta humana y filosófica, trataron de imponerse sobre los derechos por nacimiento y credo. Se puso boca abajo al sistema político y económico. Un siglo más tarde, Weber hablaría de la época del desencanto, porque dejamos de creer en que las cosas ocurrían por encantamientos mágicos (o milagros varios) y que los poderosos lo fueron por decisión de un dios al que se retiraba de la esfera pública.

Pero que nadie se llame a engaño: fue sobre todo una revolución burguesa de hombres acomodados, y precisamente por ello, ilustrados, que se creyeron con derecho a elegir un modelo de sociedad basado en lo económico, en el capitalismo, y en lo político, en el liberalismo.

La Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano del 26 de agosto de 1789 es un texto fundamental para comprender el mundo contemporáneo, los valores por los que se rigen los Estados-Nación actuales y su organización. Iluminó la modernidad, que no es poco.

En el anexo de este artículo pretendo analizar la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano renglón a renglón. Aunque no estéis interesados en tanto detalle, no dejéis de leer la primera parte del escrito, porque es bueno recordar de dónde venimos, y sobre todo cómo hicimos el trayecto.

Facsímil DDHC

Sigue leyendo

El descrédito de la Europa ilustrada: el reparto del pastel colonial

En diciembre la universidad nos planteó un estudio del proceso colonizador del siglo XIX desde un punto de vista de necesidad. La pregunta a responder era: ¿tenía necesariamente que ocurrir el proceso imperialista y la colonización, o fue un proceso histórico por simple contagio?

No se plantean elementos anteriores como la esclavitud – el comercio de esclavos se abolió en la mayoría de Europa a principios de siglo – o el imperialismo monárquico que inició España en el siglo XVI. Lo interesante era ver hasta qué punto había influido la Ilustración y el proceso modernizador de Europa.

Es éste, por tanto, un trabajo académico, aunque entre la frialdad del redactado se trasluce la repugnancia de la mirada sobre un proceso que fue cualquier cosa menos humanista.

Sirva esta publicación para seguir recordando de dónde venimos, aunque sea con la nariz tapada.

Guerreros Herero

Varias tribus se rebelaron contra el II Reich hacia 1904. Viendo que no podía vencer en terreno abierto, el teniente general von Trotha bloqueó el agua y empujó los herero hacia el desierto con su artillería. Murieron de sed entre 12.000 y 14.000 personas. Cuando Berlín ordenó detener la matanza, una tercera parte del pueblo había muerto, más de 65.000 herero y unos 10.000 nama. Fue el primer gran genocidio del siglo XX. Fuente: http://www.lemonde.fr/afrique/article/2016/11/25/herero-et-nama-premier-genocide-du-xxe-siecle_5038156_3212.html

 

Sigue leyendo

El desequilibrio de género en la investigación científica

En un estudio de sociología se nos pidió analizar una política de equidad para mujeres investigadoras científicas de la Generalitat de Catalunya. En sí la política carecía de relevancia, pero al iniciar la recopilación documental empezaron a aparecer rasgos de discriminación por género que no desmerecen en absoluto de los que podemos encontrar en cualquier otra área. 

Por ejemplo, sólo dos mujeres han recibido el nobel de Física desde 1901, y ambas lo compartieron con un hombre. La medalla Fields, el equivalente al Nobel de matemáticas, sólo ha sido otorgado a una mujer desde su institución en 1936, y ocurrió en la última edición de 2014.

Pero no se trata tan solo de la actividad investigadora per se. Según el barómetro de la Obra Social de La Caixa, en 2013 sólo un 21% de las personas que alcanzan una cátedra universitaria o el estatus de profesor emérito, son mujeres. No parece una deficiencia que quepa limitar en el espacio, el tiempo o un ámbito del saber, sino en un paradigma patriarcal globalizado.

La igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres a examenDentro de la propia profesión científica se minimiza el problema: mayorías significativas opinan que la equidad se alcanzará con el tiempo, que el acceso a cargos de responsabilidad es una simple cuestión de esfuerzo, que la ciencia no discrimina… Incluso una mayoría de mujeres participa de este consenso, sin base objetiva. Existe un sesgo heurístico, invisible y marginado de la Historia, que favorece estas perspectivas dóxicas, ese sentido común del discurso hegemónico, compuesto de ideologías y consensos que ya nadie cuestiona.

Desde el atomizado sistema político de decisiones se ejercen acciones incentivadoras que, además de su condición de asistémicas, tienden a enfocar los síntomas sin profundizar en las raíces sociológicas del problema.

Si en uno de los estratos más altos del pensamiento humano se producen estos sesgos, ¿cómo esperar una solución en los más bajos?

El objetivo de este artículo es analizar críticamente la situación de las mujeres en la ciencia, y describir el contexto en el que se desarrolla la desigualdad. Enfocaré el tema del desequilibrio de género en la ciencia desde una perspectiva de relaciones de poder, dentro del actual modelo global de sociedad red. El objetivo final de este trabajo es, partiendo de la identificación del problema sociológico, localizar las potenciales opciones igualadoras al alcance del colectivo discriminado.

Sigue leyendo