Concluyendo: ni revolución ni tradición, ¡evolución!

Cuando existía el servicio militar obligatorio, ese año y pico (o dos si caías en la marina) se convertía en el segundo entorno de socialización para muchos jóvenes procedentes del entorno rural profundo. A sus 21 años aprendían a leer y escribir, por someramente que fuese, a conducir, y sobre todo a relacionarse mediante lo que Granovetter denominaba los vínculos débiles[1] de la socialización: relaciones casuales entre simples conocidos.

Estamos viviendo un momento de inflexión de la Historia en la que lo viejo ha dejado de ser eficaz, lo nuevo aún no está determinado, y quienes han venido heredando el poder se resisten a cederlo a las siguientes generaciones. Pero ya no hay un servicio militar que permita la socialización de quien quisiera abrise a ello, ni relaciones casuales allá donde tengamos cobertura en el móvil. Nos permitimos así acurrucarnos en nuestro confortable rinconcito tradicional y no permitimos la entrada a ideas que pudieran causarnos la menor disonancia.

En esta situación me temo que vamos a vivir tiempos interesantes, pero también tendremos la oportunidad de crear una nueva forma de civilización. Eso ocurrirá única y exclusivamente si queremos esforzarnos en comprender cómo se construye la identidad del individuo – de los otros individuos – y conseguimos cambiarla. Reducirlo todo a un insulto es la forma más segura de perpetuar la tradición separadora de las categorías sociales.

De todo eso ha ido esta serie, y de eso van mis conclusiones. 

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6 de 10 – Construyendo electores: los sesgos cognitivos.

En el capítulo anterior hice una lista resumida de los muchos errores en materia estadística a los que nos induce nuestro sistema de pensamiento, pero nos falta conciencia de los muchos sesgos cognitivos que intervienen en nuestras interacciones sociales. Y cuando finalmente queda claro que nos hemos equivocado intervienen mecanismos que justifican la decisión a posteriori para que no nos sintamos demasiado idiotas, o dicho de forma más académica, reducir lo que los psicólogos denominan disonancia cognitiva.

Para ello hablaré de la percepción y la formación de impresiones antes de entrar en las múltiples distorsiones de la realidad que crea nuestra mente para intentar que a) sobrevivamos como individuos, b) sobrevivamos como especie, y c) mientras tanto mantengamos razonablemente sana nuestra autoestima. Como ya dije anteriormente la percepción pura, objetiva, ni existe ni puede existir, así que retorcemos la realidad para que no nos haga demasiado daño.

Antes de empezar os recomiendo leer sobre el caso 4F, que ya relaté en dos partes: El caso 4F en Barcelona (I): los hechos y El caso 4F en Barcelona (II y final): posibles explicaciones. Ocurrió en Barcelona en 2006, y durante el juicio no se aceptaron los alegatos de tortura en un claro ejercicio de la aplicación de sesgos cognitivos. Fue una perfecta acumulación de amoralidad, espíritu de grupo, categorización social, sesgos y disonancias cognitivas.

El caso 4F: las torturas

El caso 4F: las torturas que una juez no admitió como tales

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5 de 10 – Construyendo electores: los sesgos heurísticos.

Yo siempre tomo mis decisiones de forma racional, habiéndome leído todos los programas electorales”. Vale, eso significa que conoces lo suficiente de Economía, Derecho, Politología, Contabilidad Presupuestaria y Gestión Empresarial como para entender los diversos programas políticos, las más de las veces escritos para que no los entiendas allá dónde no convenga. Por supuesto te los has leído todos, y cuando digo todos es todos: ¡VOX y UPyD incluidos!

Además te has estudiado, al menos, las biografías de quienes componen la lista de ministrables de cada partido y has evaluado su competencia para ejercer el Gobierno. También has analizado las probabilidades de que tu voto sea decisivo en tu provincia para que te pueda representar, si no la opción que has elegido, al menos la más cercana.

Y si hiciésemos una encuesta probablemente resultaría que la mayoría del electorado español también ha votado con total racionalidad. De ahí se deduce que la sociedad española ha realizado un hercúleo esfuerzo intelectual, que ha paralizado por completo toda actividad durante no menos de dos semanas, tiempo necesario para preparar racionalmente el voto y que se nos pase la resaca a tiempo para la jornada de reflexión. Ya, pues será gracias a eso que las decisiones económicas, jurídicas y políticas de este país las toma un Registrador de la Propiedad.

Abandonemos ahora la ficción y volvamos a la vida real: la mayoría de las elecciones de nuestra vida las tomamos sin utilizar un proceso racional de decisión, sino otros mecanismos favorecidos por la evolución para nuestra supervivencia. Son un cúmulo de simplificaciones e intuiciones que componen los atajos del pensamiento y que tienen la virtud de acortar el tiempo de toma de decisiones, pero el vicio de introducir sesgos que convierten nuestras decisiones en una lotería. Si lo pensáis tiene sentido: cuando nuestros antepasados veían venir hacia nosotros una tribu desconocida con armas, no había tiempo para irlos conociendo uno a uno antes de juzgar. Según factores como la distancia, las armas, el número y su nivel de musculación se decidía huir o enfrentarse. Y no debe funcionar tan mal cuando aquí seguimos.

¿No lo creéis? ¿Pensáis que exagero? Leed el artículo y luego hablamos.

NOTA: Aviso que esta vez no os incluyo ningún vídeo: si alguien quiere escuchar opiniones sesgadas, que se conecte a cualquier tertulia política. Aquí la realidad supera, con mucho, a la ficción.

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4 de 10 – Construyendo electores: todo por el grupo

Una de las características del ser humano es el arraigo de nuestra sociabilidad, hasta el punto de necesitar la comunicación para sentir que pertenecemos a un grupo. No es casualidad que el peor castigo en las prisiones sea la celda de aislamiento. Supongo que visteis la película Náufrago protagonizada por Tom Hanks, y recordaréis que el protagonista personifica una pelota para no volverse loco en soledad:

Cuando en la India el sistema social de castas estaba en todo su esplendor[1], una de las mayores desgracias posibles era ser expulsado del jati – la casta – , no pertenecer a ningún grupo, ser un paria. Intentad imaginar lo que significa quedarte sin familia, ni cercana ni extensa, sin amigos, sin trabajo, sin apoyos sociales de ningún tipo. Ser un individuo totalmente aislado en una de las mayores comunidades del mundo. Porque a diferencia del sentido peyorativo del término casta, tan de moda, se trata de estructuras sociales con su propia organización y estatus, que lo engloba absolutamente todo en sociedad. Quien pierde su casta, no tiene nada, es un cadáver social que a duras penas existe para los demás.

En este artículo hablaré de la pertenencia al grupo, de cómo nos afecta. Mientras pasamos a hablar de ello, os pongo un ejemplo: la despedida del maestro de La lengua de las mariposas cuando marcha para ser fusilado, de cómo aquellos a quienes más ha ayudado se distancian de él con todas sus fuerzas para seguir perteneciendo al grupo de los supervivientes. Tratad de imaginar lo que debe pasar por la cabeza del maestro en ese momento.

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3 de 10 – Construyendo electores: moral y ética.

Es de esperar que surjan casos de corrupción en aquellos grupos que ejercen o han ejercido el poder, sin embargo puede resultar sorprendente que no sean sancionados social y políticamente  quienes han hecho del fraude y la corrupción una estrategia de supervivencia, aún más cuando estos hechos son conocidos.

Existen varias explicaciones para este caso de aparente marginación de la moralidad a la hora de ejercer el voto, pero personalmente yo resaltaría dos:

  • La primera, es la percepción de que la corrupción no es algo que afecte al individuo puesto que el dinero desviado no pertenece a nadie. En una cultura profundamente individualista que fomenta el egoísmo y la competencia como valores sociales, este error cognitivo justifica que el votante en general no se sienta involucrado.
  • La segunda, de la que hablaré en este capítulo, es la coincidencia de la moral social con la moral política, que permite una identificación del elector respecto del elegido, por muy corrupto que sea éste.

Lo anterior requiere de fuertes sesgos cognitivos que permiten la autojustificación de un hecho aparentemente inmoral mediante mecanismos de resolución de disonancias, pero de esto ya hablaré más adelante. Por ahora me centraré en la construcción del entorno moral en el proceso socializador del individuo.

Para ilustrar este tema, ofrezco un episodio de timador protagonizada por los desaparecidos Tony Leblanc y Mariano Ozores. Un timo que sólo es posible cuando la moral del primo coincide con el sentido moral del timador.

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