Vida y milagros de los empleados del SEPE.

Si han leído los capítulos anteriores, ya sabrá a estas alturas el respetable que ese supuesto aspecto del presunto estado del bienestar es un puzzle creado por un sociópata en un día particularmente espeso.

Por decirlo más formalmente, un sistema caro, insuficiente e injusto, dirigido sorprendentemente por gentes ampliamente preparadas, como se desprende del organigrama del ministerio:

  • La Ministra de Empleo y Seguridad Social Fátima Báñez, por ejemplo, no ha trabajado en una empresa en su vida (bueno, sí, con papi cuando acabó la carrera). Es, sin duda alguna, la persona mejor preparada para gestionar el desempleo.
  • El Subsecretario del Ministerio, Pedro Llorente Chamorro, siempre ha trabajado como directivo en la empresa pública. No tiene en su currículo ni una salpicadura que proceda de la empresa privada.
  • El Secretario de Empleo, Juan Pablo Riesgo Figuerola-Ferretti, empezó a trabajar nada más finalizar su brillante currículo estudiantil como asesor del Grupo Popular en el Congreso de los Diputados, y de ahí al Ministerio. Este hombre sí ha trabajado en empresas de riesgo (valga la redundancia): nada menos que en el Banco de Santander y Banesto. No se le conoce, sin embargo, experiencia en vendimiar o cambiar un fusible.
  • Para finalizar esta breve lista, el Director General de Empleo, Xavier Jean Braulio Thibault Aranda (juro que no me lo estoy inventando) es doctor en derecho, profesor en dos universidades, y letrado del Constitucional. Lo de vendimiar, tampoco consta.

Claro, que para ser justos habría que recordar que el fango ya se lo encontraron. Este desastre jurídico y social ha requerido el esfuerzo de unos cuantos gabinetes, aunque haya que reconocer el mérito de haber empeorado sensiblemente lo que parecía de antemano difícilmente susceptible de empeorar.

Sigue leyendo

Anuncios

La protección por desempleo: parches varios, PREPARA incluido

En la entrada anterior afirmé que la protección por desempleo se había reducido significativamente, y que dentro del sistema, PREPARA no era más que el chocolate del loro. Pero éste no es el único programa que ha sido recortado, hay más.

Sus nombres acostumbran a ser rimbombantes, sus resultados mucho menos, y su complejidad administrativa una carrera de obstáculos particularmente retorcida y siniestra. Y todo para hacer algo sin cambiar nada, lo justo para tranquilizar al precariado (¿o debiera decir lumpen-precariado? Esto del post-marxismo me supera).

Vayamos por estos programas, por orden de aparición de los tres que sobreviven a nivel estatal, que los autonómicos son infinitos y yo, limitado. Sigue leyendo

La protección por desempleo: un derecho… por ahora

El 15 de agosto dejó de prorrogarse automáticamente el Programa de Recualificación Profesional (Programa PREPARA para los amigos) por haber descendido la tasa de desempleo del 18%.  He leído muchas informaciones erróneas al respecto, y parecería que se han dejado de proteger grandes colectivos. En realidad, ha desaparecido el chocolate del loro, que ni siquiera era formalmente tal. Y digo que era una nimiedad porque dentro del mar de parches que constituyen esta área de bienestar (es un decir), el PRP no es más que un parche menor, una chapuza legislativa de principio a fin.

Para situaros en contexto, voy a tratar de vencer mi renuencia a escribir sobre un tema en el que, desgraciadamente, soy un experto: la cobertura por desempleo.

Sigue leyendo

Singularidad tecnológica

En la introducción a esta serie utilicé la definición de singularidad de la Mecánica en Wikipedia : “posición o configuración de un mecanismo en el cual el comportamiento subsiguiente no puede ser predicho, o las fuerzas u otras magnitudes se vuelven infinitas o indeterminadas”.  Es decir, un punto espaciotemporal en el que la secuencia de eventos no puede ser explicada mediante las reglas conocidas. Referida a la tecnología, Wikipedia define la singularidad como “un hipotético punto a partir del cual una civilización tecnológica sufriría una aceleración del progreso técnico que provocaría la incapacidad de predecir sus consecuencias”.

Sospecho que los hipotéticos lectores de letras no han entendido nada. Pues bien, de eso precisamente se trata. Hay una singularidad cuando no tenemos ni idea de qué está pasando, qué reglas siguen esos sucesos que están ocurriendo, y mucho menos qué ocurrirá después. ¿Queda claro ahora?

Puesto que no podemos saber qué ocurrirá, hay versiones para todos los gustos, incluida una que incluye uno de los Filtracos más ampliamente reconocidos y aceptados. De todas ellas hablaremos un poco, aunque sin pasarnos con eso de las matemáticas, como debe ser en un blog que no pretende ser de ciencias. Bueno, de ciencias sociales sí, al menos un poco.

Para situarnos en la materia, recomiendo visionar esta versión del cuento La Respuesta (he incluido el cuento original al final del texto) de Fredric Brown:

NB: dedicado con todo mi cariño a los tecno-escépticos(mi joven yo entre ellos) que no nos creímos demasiado aquello de que en el año 2000 los coches serían atómicos y volarían, se habría erradicado la pobreza, y todas esas maravillas que nos anunciaron. Sin nosotros, probablemente la singularidad tecnológica hubiese pillado por sorpresa al mundo. Sigue leyendo

Sin economía, no hay tecnología

Puesto que lo que estamos buscando son los posibles obstáculos a la consecución del tipo I de Kardashov, es obvio que nos fijemos en la tecnología. Ahora bien, no hay tecnología sin investigación y desarrollo, y no hay nada de todo eso sin una economía que pueda financiar lo importante, detrayéndolo de lo urgente. Es un fenómeno parecido al que ocurrió en la I Revolución Industrial y que fue el detonante para las reivindicaciones en educación: para gestionar el crecimiento tecnológico se requiere mano de obra formada, para obtenerla los hijos de los obreros deben educarse, para que puedan educarse sus padres deben tener unos ingresos regulares lo suficientemente altos para permitir su sustento, dejando un margen relevante para fomentar el consumo del que vive la economía.

Ya hemos visto en capítulos anteriores que se prevén Filtracos en materia energética, pero ¿hasta qué punto la economía globalizada puede resistir esos tropiezos? O sea, ¿qué le pasa a nuestro bolsillo si la economía capitalista en la que estamos inmersos deja de crecer? ¿Será capaz de mutar en un plazo lo suficientemente rápido?

Para meternos en ambiente me gustaría recordar esta entrevista al maestro José Luis Sampedro:

Sigue leyendo