Sin economía, no hay tecnología

Puesto que lo que estamos buscando son los posibles obstáculos a la consecución del tipo I de Kardashov, es obvio que nos fijemos en la tecnología. Ahora bien, no hay tecnología sin investigación y desarrollo, y no hay nada de todo eso sin una economía que pueda financiar lo importante, detrayéndolo de lo urgente. Es un fenómeno parecido al que ocurrió en la I Revolución Industrial y que fue el detonante para las reivindicaciones en educación: para gestionar el crecimiento tecnológico se requiere mano de obra formada, para obtenerla los hijos de los obreros deben educarse, para que puedan educarse sus padres deben tener unos ingresos regulares lo suficientemente altos para permitir su sustento, dejando un margen relevante para fomentar el consumo del que vive la economía.

Ya hemos visto en capítulos anteriores que se prevén Filtracos en materia energética, pero ¿hasta qué punto la economía globalizada puede resistir esos tropiezos? O sea, ¿qué le pasa a nuestro bolsillo si la economía capitalista en la que estamos inmersos deja de crecer? ¿Será capaz de mutar en un plazo lo suficientemente rápido?

Para meternos en ambiente me gustaría recordar esta entrevista al maestro José Luis Sampedro:

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8 de 10 – Construyendo electores: la Sociedad Red

Entretanto se han desarrollado y extendido las comunicaciones basadas en las conocidas  Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), que según muchos gurús están cambiando el mundo. Sería más exacto afirmar que están cambiando algunos aspectos de nuestras actitudes mientras sirven de contrapoder del contrapoder de los grandes medios. Sin embargo estas tecnologías no son universales. No llegan a una parte significativa de la sociedad que simplemente no sabe de su existencia, y tampoco son la panacea porque están deshaciendo como azucarillos piedras angulares de nuestra sociedad y sustituyéndolas por baratijas.

No obstante, desde el nivel político el 15M no sólo instauró una nueva forma de ver la política, sino que también revolucionó la gestión de la comunicación por medio de Internet, creando un canal de acción participativa que no existía. Ahí residen los pros de la tecnología.

Pero también ha actuado sobre los individuos en una forma que ha debilitado nuestra capacidad para comprender un entorno que se ha tornado incierto, degenerando conceptos como la socialización, la amistad, la relación con los extraños, sin hablar de ecología planetaria –  minerales de sangre y reciclaje sin ir más lejos. Son los contras.

La derivada de todos estos vectores de cambio es la aplicación sobre nuestra cultura de innovaciones tan repentinas que las adoptamos como vienen sin que hayamos tenido tiempo de reflexionar sobre los anteriores: lo que Castells (1998) denomina “la perplejidad informada”. El resultado es una avalancha de cambios acelerados que extrema la desigualdad, no sólo socioeconómica, sino sobre todo cultural. Es la marginación digital, la brecha del conocimiento que multiplica el abanico de desigualdades y causas de exclusión. Y sin embargo, pone en nuestras manos un potencial revolucionario que apenas si hemos empezado a explotar. Un nuevo mundo repleto de paradojas y contradicciones.

Antes de entrar en materia os dejo con un trailer de la película Her. Lo sorprendente de esta historia no es la historia en sí misma – chico-conoce-sistema-operativo, chico-se-enamora-de-sistema-operativo,… ¿a quién no le ha pasado?sino el mismo hecho de que la historia llegue a resultar creíble.

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La guerra del Yom-Kippur (1973) y sus consecuencias: el consenso de Washington

Algunas veces – en realidad, muchas – soy tachado de cenizo por los optimistas que me rodean. No niego que puedan tener algo de razón, pero sé que si el que tiene razón soy yo, espero no ser demasiado longevo.

Concretando, cuando se habla del precio del petróleo con frecuencia escucho a economistas afirmar que no hay problema, que tarde o temprano se reducirá la demanda cuando vayamos al uso de energías alternativas, y por lo tanto su precio no se disparará. El problema es que hay algunas razones que no tienen en cuenta estos pensadores en positivo:

  1. Que no hay energía alternativa para el transporte a corto plazo, y no parece que vaya a aparecer milagrosamente justo cuando lo necesitemos. ¿O alguien se imagina que vaya a surgir un avión eléctrico con alta capacidad de carga, capaz de volar sin escalas miles de kilómetros, cuando los coches en producción tienen una autonomía de unos 200 kms? Y los barcos, ¿los hacemos nucleares a todos, para que lo del Prestige parezca una broma?
  2. Que el desarrollo de nuevas tecnologías para otros usos requiere precisamente de componentes que se obtienen del petróleo. Como se encarezca el petróleo ya veremos sómo producimos energía renovable, y con qué coste de amortización.
  3. Que nuestro modelo de alimentación actual depende del transporte, porque cada producto que ponemos en la mesa ha cruzado por término medio algún que otro mar, probablemente algún océano también, y las pocas productoras alimenticias de cercanía que han sobrevivido a la deslocalización están con el agua al cuello .

Otro punto que se suele alegar es que un posible incremento de los precios del combustible no ocurrirá hasta dentro de muchos años, y por tanto hay tiempo para desarrollar una nueva tecnología milagrosa del transporte que no dependa de los derivados del petróleo (ni de los alimentos, porque viajemos o no, digo yo que habrá que comer y no todo puede ir a biocombustibles). Esta es la razón por la que publico este artículo escrito en 2015 sobre la guerra del Yom-Kippur, que podría haber titulado “Cómo triplicar los precios del petróleo en poco tiempo, y ya de paso hundir la economía mundial en sólo cinco meses“.

Mientras tanto os pongo un bonito vídeo sobre el consumo de energía en transporte perfectamente evitable. No tiene mucho que ver con la guerra del Yom-Kippur pero me ha gustado.

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La crisis de refugiados: la perspectiva histórica

En septiembre de 2015 escribí dos breves trabajos académicos sobre la crisis de los refugiados desde las perspectivas de la Política y de la Historia de la Economía. Por algún motivo me olvidé de publicarlas en el anterior blog baladring y por tanto tampoco viajaron a éste.

Rectifico porque creo que pueden aportar algún dato de interés a los lectores, sin embargo tengo que insistir en dos hechos: son trabajos breves y por tanto existen importantes lagunas, y se escribieron ya hace casi un año, por lo que sus datos estarán desfasados.

Sin embargo los conceptos e ideas vertidos siguen siendo ciertos porque la situación, si acaso, ha evolucionado a peor con el auto-golpe de Turquía, la mayor implicación de las fuerzas armadas occidentales tras las provocaciones de París, el Brexit, y la manifiesta incompetencia de Europa a la hora de dar solución al problema. Sigue leyendo

El teléfono móvil de los manchegos desempleados

Como empleado del SEPE en una pequeña oficina de Castilla-la Mancha (CLM) estoy en permanente contacto con el colectivo de desempleados de la región. En el terreno de la comunicación, muchas de estas personas, con bajo nivel de estudios, se encuentran tensionadas por dos procesos: el cada vez más necesario mantenimiento de redes de contactos para acceder a oportunidades de empleo, y el desarrollo administrativo de la sociedad de la información que reduce sus oficinas presenciales. El primero posibilita el aumento de ingresos, mientras que el acceso a las Administraciones Públicas (AAPP) permite aliviar los gastos mediante el acceso a beneficios sociales.

Son razones fáciles de entender las que llevan a este colectivo a invertir sus magros ingresos en telefonía móvil y transmisión de datos, aunque no parece que algunas figuras políticas lo hayan comprendido y ostenten su ignorancia acusando a quienes tienen teléfono móvil de gastar ostentosamente. No es así, y en este escrito pretendo explicarlo.

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