El siglo XIX: y llegó la modernidad

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Niños mineros. Fuente: https://timeline.com/photos-what-working-life-looked-like-for-kids-on-the-first-labor-day-bbdf53b10a25

Es un siglo con mala reputación. Tildar a alguien o algo de decimonónico es peyorativo. Como si fuese un siglo perdido, en el que la humanidad se hubiese dedicado a esperar tranquilamente el siglo XX para ser civilizada.

No fue así, es el tiempo del progreso por prueba y error a gran escala. Es la época en la que Europa intentó digerir las revoluciones cimentadas por la Ilustración. Se consolidaron nuevas instituciones tras destruir las antiguas. Algunos centros de poder se transformaron para resistir, y aquí siguen en formas menos dañinas, como las monarquías. Se tomaron rumbos sin destino confesable como el colonialismo, pero el mundo se ensanchó. Algunas ideas humanistas y científicas se llevaron a la degeneración absoluta, como la teoría de la evolución llevó al darwinismo social, pero el hombre común trepó hasta la cumbre. La construcción de los estados-nación condujo al imperialismo y el etnocentrismo nacionalista, pero emergieron nuevas naciones. La revolución industrial rompió la barrera malthusiana y la población humana se puso a crecer en forma exponencial, pero en condiciones de dudosa humanidad.

Innumerables sucesos, incluidas sangrientas reformas y no menos sangrientas contrarreformas, lo recorrieron. Acabó como suelen acabar estas cosas entre humanos, con una guerra total y global, tan absurda como inevitable.

En fin, que de esos polvos centenarios venimos.

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La Ilustración, cuando los europeos de más al norte quisieron ser racionales

(Los españoles aún estamos en ello)

El final del siglo XVIII y principio del XIX fue una época de lucha entre el sistema absolutista, que no quería desaparecer, y un orden nuevo que nadie sabía muy bien en qué iba a consistir. Una revolución en la que el Ciudadano corriente, y la razón como meta humana y filosófica, trataron de imponerse sobre los derechos por nacimiento y credo. Se puso boca abajo al sistema político y económico. Un siglo más tarde, Weber hablaría de la época del desencanto, porque dejamos de creer en que las cosas ocurrían por encantamientos mágicos (o milagros varios) y que los poderosos lo fueron por decisión de un dios al que se retiraba de la esfera pública.

Pero que nadie se llame a engaño: fue sobre todo una revolución burguesa de hombres acomodados, y precisamente por ello, ilustrados, que se creyeron con derecho a elegir un modelo de sociedad basado en lo económico, en el capitalismo, y en lo político, en el liberalismo.

La Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano del 26 de agosto de 1789 es un texto fundamental para comprender el mundo contemporáneo, los valores por los que se rigen los Estados-Nación actuales y su organización. Iluminó la modernidad, que no es poco.

En el anexo de este artículo pretendo analizar la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano renglón a renglón. Aunque no estéis interesados en tanto detalle, no dejéis de leer la primera parte del escrito, porque es bueno recordar de dónde venimos, y sobre todo cómo hicimos el trayecto.

Facsímil DDHC

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El desequilibrio de género en la investigación científica

En un estudio de sociología se nos pidió analizar una política de equidad para mujeres investigadoras científicas de la Generalitat de Catalunya. En sí la política carecía de relevancia, pero al iniciar la recopilación documental empezaron a aparecer rasgos de discriminación por género que no desmerecen en absoluto de los que podemos encontrar en cualquier otra área. 

Por ejemplo, sólo dos mujeres han recibido el nobel de Física desde 1901, y ambas lo compartieron con un hombre. La medalla Fields, el equivalente al Nobel de matemáticas, sólo ha sido otorgado a una mujer desde su institución en 1936, y ocurrió en la última edición de 2014.

Pero no se trata tan solo de la actividad investigadora per se. Según el barómetro de la Obra Social de La Caixa, en 2013 sólo un 21% de las personas que alcanzan una cátedra universitaria o el estatus de profesor emérito, son mujeres. No parece una deficiencia que quepa limitar en el espacio, el tiempo o un ámbito del saber, sino en un paradigma patriarcal globalizado.

La igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres a examenDentro de la propia profesión científica se minimiza el problema: mayorías significativas opinan que la equidad se alcanzará con el tiempo, que el acceso a cargos de responsabilidad es una simple cuestión de esfuerzo, que la ciencia no discrimina… Incluso una mayoría de mujeres participa de este consenso, sin base objetiva. Existe un sesgo heurístico, invisible y marginado de la Historia, que favorece estas perspectivas dóxicas, ese sentido común del discurso hegemónico, compuesto de ideologías y consensos que ya nadie cuestiona.

Desde el atomizado sistema político de decisiones se ejercen acciones incentivadoras que, además de su condición de asistémicas, tienden a enfocar los síntomas sin profundizar en las raíces sociológicas del problema.

Si en uno de los estratos más altos del pensamiento humano se producen estos sesgos, ¿cómo esperar una solución en los más bajos?

El objetivo de este artículo es analizar críticamente la situación de las mujeres en la ciencia, y describir el contexto en el que se desarrolla la desigualdad. Enfocaré el tema del desequilibrio de género en la ciencia desde una perspectiva de relaciones de poder, dentro del actual modelo global de sociedad red. El objetivo final de este trabajo es, partiendo de la identificación del problema sociológico, localizar las potenciales opciones igualadoras al alcance del colectivo discriminado.

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Sois paganos, y lo sabéis. Io saturnalia!

Este escrito va dedicado a los niños y niñas, de entre dieciocho y ciento veinte años, que se sienten raros deseando una fiesta de obligatoria alegría y desenfreno consumista, por el nacimiento de alguien hace un par de milenios. Porque yo soy uno de esos, pero más bacín, y curioseando un poco por aquí y por allí, voy y me entero que Jesús de Nazaret nació antes de octubre, ni de coña en invierno que no hay ovejas triscando:

Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. (Lucas, 2:8)

 Y ni siquiera lo hizo en el año cero de nuestra era, sino entre dos y seis años antes, según a quién preguntes.

Sin embargo, si te vas al calendario romano, resulta – ¡oh, casualidad! – que a finales de diciembre celebraban las saturnales, una fiesta muy divertida que acababa con un banquete. Y el 25 se celebraba el renacimiento del sol en muchas religiones antiguas. Sólo desde el siglo III se habla de la Natividad, y creo yo que por aprovechar que la fiesta ya estaba, así para que volverla a inventar. Y ahora también parece que se mantenga su lado pagano, ya que estamos, que más parece un homenaje a Baco y a Pluto (el de Disney no, el griego).

No pasa nada, una fiesta familiar es básicamente una ocasión para pasarlo bien porque toca, y si es la única forma de que os reunáis con ese cuñado (o cuñada) insufrible, o esa tía-abuela más obstinada que matar un cerdo a besos, pues bien está. Eso sí, si creéis que eso os va ayudar a ganar el cielo, id quitando la idea de la cabeza y mejor dejad sitio para la resaca.

Para que sepáis exactamente qué estáis celebrando, os cuento cuatro cosillas. Los que no estén interesados, espero por vuestro bien que seáis ateos, que total de condenados al río. A los agnósticos no les digo nada, que esos te dicen amén a todo y se quedan tan frescos.

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Construyendo independentistas: el Prusés

En 2014 escribí un artículo titulado Cataluña y España: ¿son ellos, somos nosotros, o son los de siempre? Bueno, pues son los de siempre, nuestros inefables pirómanos españolísimos, a punto de chocar con la obcecación de los líderes cerriles de un Prusés descarrilado.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? La respuesta no es sencilla si no enfocamos el fenómeno independentista como lo que es, un proceso (en eso tienen razón) dinámico, que nace en 2006. Pero no se trata sólo de un fenómeno producido por intereses espurios (adjetivo que la RAE traduce por falsos y bastardos), que los hay, también hay un importante trasfondo irracional. Es necesario comprender el papel que juegan las ideologías, cargadas de creencias, y los sentimientos colectivos. Por esta razón incluyo dos relatos, uno es un mero repaso de hechos ocurridos en la década que empezó en 2005, el segundo un relato de emociones vividas desde la catalanidad. Es el otro punto de vista, ese que rara vez se escucha fuera de Cataluña.

Como decía, hay que retroceder a 2006, cuando el jefe de los pirómanos se jactaba de haber recogido 4.020.000 firmas en contra del Estatuto de Catalunya con una pregunta tramposa:

Recogida de firmas del PP contra el Estatut de 2006

Leed atentamente la pregunta. No se menciona el Estatuto catalán, y es difícil negarse al planteamiento de la pregunta. Así se entiende que más de 4 millones de españoles firmaran.  Recientemente el ex-ministro Margallo ha reconocido que tanto el recurso al Constitucional como la recogida de firmas fueron un error. No se espera que Rajoy reconozca nada.

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