Las conclusiones del autor

Han sido diez capítulos buscando el Gran Filtro de Fermi que impida a la humanidad colonizar el espacio exterior. Creo que ya va siendo hora de exponer mis conclusiones en forma de escenarios, aunque sólo sea porque vivo en un país en el que cada cual puede opinar, por muy incompetente e ignorante que sea. ¿Y yo, por qué no? Al fin y al cabo, al menos me lo he currado y cobro mucho menos que Eduardo Inda.

Si queréis conocer mi visión del Gran Filtro, y de cómo aplica a la Humanidad en el estadio actual, tendréis que leer el artículo.

Mientras tanto, aquí va una propuesta de qué hacer en el fin del mundo (por si acaso):

Así que ya sabéis, los mayorzotes a cuidarse que las reservas de pastillita azul son limitadas, y los jovenzuelos aprendan a ceder el paso a sus mayores. Sigue leyendo

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Escenarios de los que saben

Con este capítulo concluyo la parte descriptiva del tema que empezó con la paradoja de Fermi: si las probabilidades de vida en el universo son altas, ¿por qué no hemos conocido otras civilizaciones más avanzadas? ¿Existirá algún Gran Filtro (Filtraco en dual manchego-español) en el Universo que impida que se desarrollen las civilizaciones más allá de su planeta de origen?

Partiendo de esta paradoja, a lo largo de esta serie hemos revisado los Filtracos más probables – para el caso de nuestra civilización y especie – que los científicos han previsto en las últimas décadas. Pero como no podía ser de otra forma porque la ciencia implica curiosidad, también se han buscado las posibles alternativas en forma de escenarios. En este capítulo incluiré algunos de los que he encontrado publicados, por aquello de parecer objetivo, aunque muchos de ellos me parecen altamente improbables. Notad sin embargo que son escenarios creados siguiendo metodologías científicas y datos reales por expertos, no son en ningún caso opiniones de aficionados.

A partir de este artículo empezará la parte especulativa, y los autores de este blog dejaremos ir la imaginación (y una cierta mala baba, que supongo que P.Baladring también opinará) para crear nuestros propios escenarios. Estos ya más personales y de escaso rigor científico.

De momento y con ánimo de ir poniéndonos en lo casi peor os pongo el final de El Planeta de los Simios, cuando el tío cachas de la época se da cuenta de que la vida es un círculo en el que se regresa siempre al punto de partida.

Y digo que es poniéndonos en lo casi peor porque a estas alturas estamos a punto de cargarnos algunas de las especies de grandes simios, así que yo más bien apostaría por El planeta de las cucarachas, y a ver si Charlton Heston tiene estómago (por citar algún órgano decoroso) para besar a la prota. Sigue leyendo

Cuando las civilizaciones colapsan

Asumo que nadie discutirá que sin una sociedad compleja y estable no será posible la expansión a la explotación de otros entornos fuera de nuestro planeta, ya no hablemos de la galaxia. Por tanto, en esta búsqueda del Santo Grial de la tecnología y la energía, ya no se trata de individuos, sino de sociedades y culturas. De qué se componen las sociedades, cómo se estructuran, y qué requisitos deben cumplirse para su supervivencia. Y más en concreto de nuestra sociedad tecnológica capitalista, puesto que ninguna otra de las existentes actualmente parece capaz de avanzar en esa dirección.

Y las civilizaciones colapsan. Por muy optimistas que seamos no es posible negar que el Imperio Romano de occidente se fue al garete hacia el siglo V, tras una larga decadencia. Y muchas otras civilizaciones complejas de la antigüedad desaparecieron de la noche a la mañana en términos históricos.

Ya sé, ya sé, a nosotros no nos pasará, porque somos una civilización del Conocimiento, una civilización inteligente. Permitidme que insista sobre un punto que creo importante: en la serie  Construyendo Electores la palabra electores no tenía un significado únicamente político, que también, sino que se deriva de nuestra supuesta capacidad, como sociedad, de elegir en un determinado entorno de problemas del que somos conscientes.

definicion-de-inteligencia

En aquél contexto la inteligencia tenía el mismo significado que en esta otra serie: se supone que somos inteligentes y sabremos enfrentar a calzón quitado los problemas que plantean los Filtracos que vayamos identificando. ¿Estamos de guasa? ¿Creéis que está nuestra civilización preparada para ello? ¿A quién pondremos de chupa de dómine en primer lugar, a qué casta?

Claro que hay otro planteamiento posible, y es que simplemente seamos el reformatorio de las especies realmente inteligentes, que por eso se esconden y mal lo tendremos para cambiar.

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Quemando combustible como si no hubiese un mañana

Hasta aquí he hablado de las razones por las que nuestra civilización no puede prescindir de la energía barata sin perder la capacidad de mantener a una población de miles de millones de personas. Ahora me limitaré a exponer por qué hablar de crecimiento ilimitado en un planeta finito es un oxímoron, una contradicción en sí misma, que puede ocultar un Filtraco.

El ecologista que afirmaba que las energías renovables sí son ilimitadas, ya puede darse la vuelta porque lo que viene le interesa. Hablemos de esos magníficos caballeros en sus locos cacharros consumiendo combustible como si no hubiese un mañana.


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El cambio climático, ese caloret…

No deja de ser complicado explicar esto del cambio climático a quienes no tienen ni idea de física de sistemas (incluido yo). Al fin y al cabo, ¿qué problema hay en unos pocos grados más de calor? Voy a intentar visualizarlo con una imagen.

Imaginaos una de esas peceras redondas de cristal que acostumbran a salir en los dibujos animados. Poned arena en el fondo, unas piedrecitas blancas encima, y lo cubrís de agua. Vamos a calentar el agua mediante energía cinética, o dicho para los de letras, cada vez que pasemos cerca cogemos la pecera y le damos una sacudida. Luego la dejamos en su sitio hasta la próxima vez que pasemos a su lado, y así durante todo un día.

Como le hemos cedido energía a la pecera, el agua – que representa la atmósfera – se habrá ido calentando. ¿Cuánto? Inapreciable, apenas una pequeñísima fracción de grado. La arena obviamente sigue en el fondo, porque tras cada sacudida vuelve a posarse al alcanzar el equilibrio.

¿Y las piedrecitas blancas? Han quedado enterradas, algunas asoman, otras no. Pues bien, las piedrecitas blancas éramos nosotros.

Antes de entrar en materia os dejo aquí un pequeño vídeo que muestra cómo este tema no está al alcance de cualquiera, y menos de algunos políticos de esos que cobran una pasta del erario público y salen elegidos una y otra vez:

(Moraleja: procura hacerte pasar por imbécil fingiendo no comprender el mecanismo del botijo y podrás llegar a portavoz del Partido Popular). Sigue leyendo