El cuello de botella de Gaia.

Ya he explicado la intrigante paradoja de Fermi, e introducido la teoría del Gran Filtro propuesta por el economista Robin Hanson en 1996: impediría que las civilizaciones inteligentes infecten las galaxias, lo que explicaría que no entren en contacto con especies como la del homo sapiens sapiens (Otra cosa es qué se les pueda haber perdido por aquí. ¿Os imaginéis que nos pidiesen que les llevásemos ante nuestro líder? ¿Estaría disponible Florentino?).

Stephen Hawking y algunos otros genios apuntan a la Inteligencia Artificial (AI)[1]que provocaría una singularidad tecnológica[2], pero de eso ya se hablará más adelante.

También se han publicado diversas teorías que explican qué detiene el crecimiento de las especies antes de que alcancen la posibilidad de explotar entornos mayores que su propio planeta. Muchas de ellas se relacionan con la tecnología, y algunas son obvias: que te tiro una bomba H, a que no hay huevos hijo de Putin, pues te tiro cien, pues vas a saber quién es Trump y te lanzo mil, pues… (y aquí es cuando se hace el silencio).

La mejor imagen para representar la situación de la Humanidad ante un hecho de este cariz es la que creó la poetisa polaca Szymborska, ganadora de un Nobel:

Árbol clavado en la tierra, al que se aproxima un incendio”.

Sin embargo, hay otra explicación menos conocida y mucho más interesante desde el punto de vista evolutivo: el cuello de botella de Gaia, que sería la forma en que el universo se defiende de las especies que no son capaces de cooperar para mantener un entorno habitable (y no miro a nadie). Sigue leyendo