(Apocalíptica) despedida y cierre.

Baladring evolucionó a trancas y barrancas desde el viejo blogspot abierto allá por 2012, que recogía artículos escritos para la radio local y alguna que otra presentación técnica. Tras un período de reflexión que anuncié en su momento, he decidido suspender por tiempo indefinido mi actividad en ese espejo virtual. De vez en cuando puede ser que alguna barrabasada de nuestros nunca suficientemente denostados próceres me empuje a escribir algún reniego, pero para todo lo demás lego a mi alter ego P.Baladring el control de mi viejo blog.

No hubiese sido cortés dejar aquél blog sin despedirme y librar una última pieza para quienes tienen a bien leerme, así que aquí estoy con aquello que más me complace, aunque no lo haya prodigado tanto como debiera: plantear temas para la reflexión y un cierto debate interior.

Antes de iniciar la lectura, recomiendo esta genialidad del Intermedio para poner las emociones en situación.

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Así somos: la banalidad del mal

En 1961, la filósofa y teórica política alemana de origen judío Hannah Arendt asistió al juicio al dirigente nacional-socialista  Adolf Eichmann como enviada del New Yorker, y escribió sobre la banalidad del mal: cómo un hombre vulgar, gris, un burócrata, pudo causar tanto dolor. Para entender la visión de Hannah Arendt, recomiendo este breve fragmento de película:

Pero no hace falta remontarse a la segunda guerra mundial, ni viajar a otros continentes, para buscar ejemplos. Quienes tenemos una cierta edad podemos recordar la masacre de Srebrenica de la que se cumple en estos días veinte años, o las violaciones masivas de mujeres en Bosnia bajo la mirada impertérrita de la Unión Europea.

En realidad ni siquiera es necesario que se aplique la violencia directa, ahí tenemos a los estilizados mandatarios financieros de la comunidad internacional desangrando países sin inmutarse: ahora el foco está en Grecia, como pocos años atrás estuvo en Argentina.

Citaré brevemente los trabajos de personas como la mencionada Hannah Arendt, Haritos-Fatouros, Milgram, y Bauman para explicar cómo puede el mal ser interiorizado por una sociedad en un momento dado de su historia, hasta formar parte de su moral (recordad el concepto de riesgo moral aplicado por la Eurozona).

Os advierto que este artículo no es divertido, porque obliga a replantear el concepto que tenemos de nosotros mismos. Sin embargo es de todo punto necesario conocer para entender y actuar.

Adelante pues con la lectura si queréis saber. Si en cambio preferís ignorar, cerrad los ojos y pasad a otra cosa más superficial, pero antes recordad que quien ignora la historia está condenado a repetirla.

Allá vamos.

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Cataluña y España: ¿son ellos, somos nosotros, o son los de siempre?

Tomando la definición de Jordi Pujol, que dijo que “es catalán quien vive y trabaja en Cataluña y quiere serlo”, yo he sido catalán durante un tercio largo de mi vida. Como por nacimiento y cultura soy manchego, creo ser competente para emitir mi opinión sobre el conflicto del engarce de Cataluña con una cierta ecuanimidad. Mi hipótesis, que intentaré demostrar en este artículo, es que no se trata realmente de que la mayoría de la ciudadanía catalana no quiera ser española, sino que les han llevado al convencimiento de que no merece la pena seguir esperando reconocimiento por parte de un Estado inmovilista y anticuado. Veremos si soy capaz.

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