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La guerra del Yom-Kippur (1973) y sus consecuencias: el consenso de Washington

Algunas veces – en realidad, muchas – soy tachado de cenizo por los optimistas que me rodean. No niego que puedan tener algo de razón, pero sé que si el que tiene razón soy yo, espero no ser demasiado longevo.

Concretando, cuando se habla del precio del petróleo con frecuencia escucho a economistas afirmar que no hay problema, que tarde o temprano se reducirá la demanda cuando vayamos al uso de energías alternativas, y por lo tanto su precio no se disparará. El problema es que hay algunas razones que no tienen en cuenta estos pensadores en positivo:

  1. Que no hay energía alternativa para el transporte a corto plazo, y no parece que vaya a aparecer milagrosamente justo cuando lo necesitemos. ¿O alguien se imagina que vaya a surgir un avión eléctrico con alta capacidad de carga, capaz de volar sin escalas miles de kilómetros, cuando los coches en producción tienen una autonomía de unos 200 kms? Y los barcos, ¿los hacemos nucleares a todos, para que lo del Prestige parezca una broma?
  2. Que el desarrollo de nuevas tecnologías para otros usos requiere precisamente de componentes que se obtienen del petróleo. Como se encarezca el petróleo ya veremos sómo producimos energía renovable, y con qué coste de amortización.
  3. Que nuestro modelo de alimentación actual depende del transporte, porque cada producto que ponemos en la mesa ha cruzado por término medio algún que otro mar, probablemente algún océano también, y las pocas productoras alimenticias de cercanía que han sobrevivido a la deslocalización están con el agua al cuello .

Otro punto que se suele alegar es que un posible incremento de los precios del combustible no ocurrirá hasta dentro de muchos años, y por tanto hay tiempo para desarrollar una nueva tecnología milagrosa del transporte que no dependa de los derivados del petróleo (ni de los alimentos, porque viajemos o no, digo yo que habrá que comer y no todo puede ir a biocombustibles). Esta es la razón por la que publico este artículo escrito en 2015 sobre la guerra del Yom-Kippur, que podría haber titulado “Cómo triplicar los precios del petróleo en poco tiempo, y ya de paso hundir la economía mundial en sólo cinco meses“.

Mientras tanto os pongo un bonito vídeo sobre el consumo de energía en transporte perfectamente evitable. No tiene mucho que ver con la guerra del Yom-Kippur pero me ha gustado.

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Acaparamiento de tierras: la deslocalización agrícola a gran escala

En diciembre de 2015 escribí este trabajo sobre la tendencia del capital internacional – léase grandes inversores financieros – a comprar grandes superficies de terreno en países pobres con grandes extensiones disponibles. Las consecuencias son muchas y malas para la población local, pero además suponen un paso más en la globalización de la producción de alimentos, energía, y en general productos básicos.

Lo publico ahora con fecha de entonces, que más vale tarde que nunca. Y como de costumbre, para hacer boca, un bonito y estimulante vídeo:

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Esas victorias que saben a poco (II): Castilla-la Mancha

Nota del autor: dudaba si continuar con el análisis empezado el domingo pasado porque probablemente la atención del personal esté más puesta en la abdicación del jefe del estado español (las minúsculas, hoy por hoy, son intencionadas) que en mirar hacia lo ocurrido el 25M. Luego he reflexionado y he llegado a la conclusión de que a) ninguno de mis conocidos está bien situado en la línea de sucesión, b) también lo tienen crudo para ser elegidos Presidentes de una futura III República, y c) a la que me descuide empieza el mundial y nos acordaremos del Rey y de las elecciones tan sólo los adictos. En conclusión, aquí voy.
 
Creo interesante analizar lo ocurrido en una comunidad tan peculiar como Castilla-la Mancha (CLM en lo sucesivo) por reunir muchos ingredientes para el fracaso que no se ha producido, aunque tampoco podamos hablar de éxito: escaso número de entidades territoriales locales consolidadas, Mesa Regional desguarnecida, comarca muy extensa y de tradición conservadora, enorme arraigo del bipartidismo…
 
Y un aviso a navegantes: quienes no gocen con el apasionante mundo de las relaciones numéricas, mejor pasen directamente al capítulo de conclusiones porque el análisis de provincias, ciudades y pueblos es bastante minucioso. Entre otras cosas, porque esta es mi comunidad y comprenderéis que tenga un especial interés en conocerla.
Dicho esto, entremos en materia.

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Esas victorias que saben a poco (I): EQUO/Primavera Europea

Es sabido que soy afiliado cotizante a EQUO, fui coordinador temático en mi región y candidato – ya sabéis: un relleno más o menos cualificado – en las listas europeas, pero a día de hoy un militante de base sin responsabilidad de partido. Esta situación me permite realizar análisis más objetivos: no represento a nada ni a nadie, ni tengo por qué poner cara sonriente para animar a las bases.
 
Quienes me conocéis podéis pensar que me estoy preparando para lanzar andanadas, o que voy a abandonar el barco de EQUO. Ni lo uno ni lo otro, tan sólo advierto que este es un post totalmente irresponsable, políticamente hablando.
 
Vamos al grano: EQUO ha conseguido el 53,8% de un eurodiputado, que era el objetivo que se había marcado la dirección del partido. Escaso objetivo era éste, ilusionante en una parecida proporción, o sea algo más de la mitad de una ilusión. Por esta razón renuncié a seguir en las listas, porque yo soy digital y necesito ilusiones enteras.

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¿Por qué Europa? (IV y última entrega) Las opciones ciudadanas

Tras situar en los artículos anteriores los contextos social e internacional, y analizar las opciones de las que dispone el gobierno para reforzar su pervivencia, sólo queda escudriñar las opciones de las que disponemos desde la ciudadanía para retomar el control de las instituciones.
No nos engañemos, ganamos algunas batallas pero vamos perdiendo la contienda, que nos aboca hacia un estado de subordinación comparable a los gobiernos absolutistas del pasado no tan reciente. Sin embargo, mientras España siga siendo una democracia formal aún podemos jugar algunas cartas. En mi opinión, estas son nuestras cada vez más escasas opciones.

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