Barcelona: sentimientos

He dudado sobre la conveniencia de escribir sobre el atentado de Barcelona, a sabiendas de que sería necesariamente un artículo desde las entrañas.

No es éste un artículo científico, ni ocurrente o ingenioso, ni lo pretende. Son sólo algunas reflexiones en torno a los sentimientos que han despertado los hechos y su resaca mediática.

Entre otras cosas, porque soy incapaz de guardar las distancias y mantener la postura de extrañamiento que se espera del científico social: Barcelona me es demasiado querida. Y la Rambla… Ese lugar dónde, si te quedas quieto el tiempo suficiente, el mundo desfila a tu alrededor. Ignorándote. Envolviéndote. Educándote. Hablando en todas las lenguas.

Aspecto habitual de las Ramblas de Barcelona, un día cualquiera de verano.

Aspecto habitual de las Ramblas de Barcelona, un día cualquiera de verano.

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Re-institucionalización del racismo y la xenofobia en occidente

Este es el segundo de los artículos académicos sobre el racismo y la xenofobia. Ahora se trata de averiguar si se está re-institucionalizando, y en ese caso qué exactamente se está fijando en la sociedad occidental, y hasta qué punto las raíces son profundas.

Contra el significado que le damos habitualmente a la palabra institución, no es una organización, sino la solución permanente que da la sociedad a problemas permanentes. Se han dado multitud de definiciones, una de las más sencillas que ha permanecido es la que emitió el antropólogo Malinowski en los años 40: “un grupo de gente unida u organizada para un propósito determinado”. Un ejemplo clásico es la familia.

No quiero sonar en este prefacio demasiado académico, que ya bastante formal es el texto, pero sí es importante recalcar que lo que está en discusión es hasta qué punto lo que está ocurriendo – Trump, Le Pen, etc. – es un fenómeno pasajero, o es algo que ha venido para – desgraciadamente y para nuestra gran vergüenza – quedarse.

segregación racial en Estados Unidos

Segregación racial en EEUU, años 50.

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La post-verdad en contexto

Este es el primero de una mini-serie de tres artículos académicos sobre la relación entre post-verdad, xenofobia y populismo. No se escribieron para ser publicados por lo que el estilo puede sonar más formal de lo habitual, pero por la vigencia de su temática he considerado interesante incluirlos en el blog.

Empezamos por el neologismo post-verdad, que en el fondo no es más que una falsedad que toma  apariencia de realidad cuando la interpretan las emociones. Cuando quien emite la post-verdad sabe cómo hacerlo, funciona, y generalmente convence. Que se lo digan a Trump, Marine Le Pen, y tantos otros. También en España, pero aquí se utiliza desprovisto de la faceta excluyente.

Tampoco es necesario que incluya palabras, puede emitirse una post-verdad en formato imagen, obteniendo el mismo resultado con menos polémica. Ved este ejemplo polaco:

Etnocentrismo y xenofobia en Polonia

La violación de Europa por el Islam. Publicado por la revista polaca wSieci. Fuente La Vanguardia.

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Concluyendo: la visión alienígena

Para cerrar la serie le hemos pedido a P.Baladring que incluya sus propias conclusiones, y esto es lo que nos ha enviado. Su teoría es que no hay gilipollas, sino idiotas, entendiendo como tales:

etimologia-idiota-cuadro

Preferimos no entrar en detalles con tan arriesgada hipótesis, así que lean el texto y decidan: Sigue leyendo

Minientrada

El pajarico y la nieve: un cuento y tres moralejas

Como estamos en época preelectoral – once again! – y estoy hasta la boina de propaganda, os contaré un cuento con moraleja(s).

Estaba un pajarico en su nido esperando a sus padres, que habían salido a buscar comida (o quién sabe si al mitin del Partido Pajaril, más conocido como PP), cuando empezó a nevar. Y cayó nieve, y siguió cayendo, hasta cubrir el suelo de un inmaculado color blanco.

El pajarico, que nunca había visto la nieve de cerca, se lanzó inconscientemente desde la rama y se puso a corretear muy contento. Al cabo de un ratico empezó a sentir frío y quiso volver a su nido, sin encontrarlo. Y empezó a notar el frío, mucho frío, muchísimo frío – tanto que hasta los manchegos, además de arrimarse a la estufa, la encendieron – hasta quedar encogido en el suelo sin ser capaz de moverse.

Acertó a pasar por allí una vaca que, compadecida del pobre pajarico, descargó una gran y caliente boñiga sobre el avecilla. El pajarico entró rápidamente en calor, sacó la cabeza fuera de la boñiga, y muy contento se puso a piar.

Atraído por los trinos se acercó un zorro que delicadamente cogió al pajarico por el cuello, lo sacó de la boñiga, lo sacudió hasta que quedó limpio, y lo engulló.

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Esta historia tiene, al menos, tres moralejas:

La primera es que no siempre quien te cubre de mierda te quiere mal.

La segunda, que no siempre quien te saca de la mierda te quiere bien.

Última y más importante, que cuando estés cubierto de mierda, mejor no digas ni pío.

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Y como soy un adicto a quedar mal con los amigos, no me resisto a dirigirme con estas moralejas a esos partidos con dirigentes carismáticos que, más que asambleas, círculos, o lo que se tercie, acaban teniendo clubs de fans:

Aceptadlo: no todo el que os critica os quiere mal, no pretendáis denigrar a los gruñones a la categoría de casta, ni fusilarlos (según sea el ideario del club).

Asumidlo: no siempre las brillantes estrategias de vuestros dirigentes, especialmente cuando se autodefinen como líderes, pretenden sacaros de la mierda con buen fin.

Y en lo que a mí respecta, no pienso decir ni pío hasta que pasen las elecciones y tengamos gobierno, sea éste el que fuera, o fuese. Total, ya estoy con la mierda al cuello, pero una vez te acostumbras al olor tampoco se está tan mal.